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11 de setiembre de 2005
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La
Voz de Galicia - 7 de Septiembre de 2005
Se acaba el petróleo
Ignacio
Ramonet
EL CICLÓN Katrina no sólo ha causado una
excepcional tragedia humana en Luisiana, sino que, al destruir también una
serie de plataformas de extracción de hidrocarburos en alta mar, ha
acentuado más aún la crisis petrolera. El Gobierno de Estados Unidos ha
decidido recurrir a las reservas estratégicas. Y los países de la OPEP han
aumentado su producción diaria de hidrocarburos. Pero eso no impide a los
precios del barril, que no hace mucho rondaban apenas los 25 dólares,
estar alcanzando ya los 70 dólares.
El constante aumento del
precio de los carburantes, sobre todo desde los inicios del 2005, está
empezando a causar una inquietud profunda. Está ahora claro para todo el
mundo que semejante situación va a durar. Y se va a agravar. Algunos
expertos nos recuerdan que, aunque astronómicos, esos precios aún no están
al nivel alcanzado en 1979 después del triunfo de la revolución islámica
en Irán. En dólares de hoy, el barril se pagó entonces a 80 dólares.
Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), poco sospechoso de
querer envenenar estas cosas, la hipotésis de un barril a 100 dólares ha
dejado de ser descabellada. Por poco que el invierno próximo sea más frío,
que el caos iraquí se mantenga y que estalle una crisis sobre la cuestión
nuclear con Irán, la barra de los 100 dólares se podría alcanzar en
navidades. Lo que pondría el precio del litro de supercarburante para los
automovilistas europeos en unos dos euros.
Pero las cosas no se
detendrán ahí. En un informe publicado en Francia, dos economistas
demuestran que los precios del barril de crudo podrían alcanzar, dentro de
diez años, 380 dólares. Según ellos, en el 2015, la oferta de crudo en el
mercado será de 100 millones de barriles, mientras que la demanda
(estimulada por el continuo despilfarro de Estados Unidos y el crecimiento
constante de China, India, África del Sur...) sobrepasará los 108 millones
de barriles. Y cuando, en cualquier sector del mercado, la demanda excede
del 8% a la oferta, no hay equilibrio de precios. Éstos se disparan...
En las economías de los países occidentales, el choque petrolero
actual produce, por el momento, un impacto menor que el causado en el año
1970. Pero en otros países -Indonesia, Honduras, Costa Rica, Senegal,
etc.- el rápido aumento de la factura energética ya está provocando crisis
sociales de gran amplitud. Gobiernos de naciones en vías de desarrollo se
disponen a declarar el «estado de urgencia económica» con cortes de la
energía eléctrica y racionamiento de gasolina. Algunos estados pobres
reclaman un gesto de los países productores. De ahí, por ejemplo, la
importancia del acuerdo marco suscrito el pasado junio por el presidente
de Venezuela, Hugo Chávez, y jefes de Estado y de Gobierno de países del
Caribe para la creación de Petrocaribe, una iniciativa regional mediante
la cual Caracas vende petróleo a precio barato a los países de la región.
El mundo consume, desde hace un decenio, mucho más petróleo que el
que se descubre cada año. En los grandes países consumidores no hay
voluntad política para estimular de verdad las energías de sustitución
renovables. Algunos deberían inspirarse del ejemplo de Brasil que, a
partir de la caña de azúcar y de la soya, de las que es uno de los
primeros productores mundiales, ha creado biocombustibles ecológicos, como
el etanol, renovables al cien por cien. Un vehículo de cada tres usa una
mezcla de etanol y gasolina. En marzo pasado, Brasil empezó a producir, de
serie, un avión -el Ipanema- cuyo motor funciona con etanol, menos
contaminante y cinco veces menos caro que el queroseno. Hoy el etanol ya
representa el 25% del consumo de energía en este país. ¿A qué esperamos
para hacer como Brasil?
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