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22 de setiembre de 2005
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La
Voz de Galicia - 21 de Septiembre de 2005
Comercio injusto
Ignacio
Ramonet
EN EL SENO de la ONU, uno de los organismos más empeñados en
mejorar la vida en los países pobres es el PNUD, Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo (http://hdr.undp.org) . Posee una red de expertos
presentes en 166 de los 191 Estados del mundo y ayuda a los gobiernos y a las
poblaciones a identificar sus propias soluciones frente a los desafíos en
materia de desarrollo. En los países menos avanzados, el PNUD estimula el
gobierno democrático, la lucha contra la pobreza, la prevención de los
conflictos, la reconstrucción después de las guerras, el desarrollo de los
recursos energéticos, la protección del medio ambiente y el combate contra la
propagación del sida.
Cada año publica un importante Informe
mundial sobre el desarrollo humano (versión española editada por
Mundi-Prensa Libros, Madrid), que todas las ONG y asociaciones enfrascadas en
acciones de solidaridad y de ayuda humanitaria en favor del Tercer Mundo
consultan con enorme interés. El informe de este año acaba de salir y lleva por
título La cooperación internacional ante una encrucijada . Subraya
en particular que políticas comerciales injustas comprometen las perspectivas de
crecimiento de los países en vías de desarrollo.
«El comercio -declara
Kevin Watkins, autor principal del informe- podría ser un motor del desarrollo
humano mucho más poderoso que la ayuda a los países pobres». Pero las políticas
actuales, muy desiguales, impiden a millones de ciudadanos de países pobres el
acceso a las oportunidades comerciales. Poblaciones enteras se quedan al margen
de la prosperidad.
A modo de ejemplo, el informe señala el África
subsahariana, cada vez más marginada en el mercado mundial. Con una población de
700 millones de personas, esta región representa una parte de las exportaciones
mundiales inferior a la de Bélgica, país de apenas 10 millones de habitantes...
Si África hubiera conservado la misma parte de las exportaciones mundiales que
tenía en 1980, el volumen de sus ventas sería hoy 119.000 millones de dólares
superior. Una suma cinco veces más importante que toda la ayuda dada por los
países ricos desde el 2002.
Los autores del informe se guardan bien de
afirmar, como lo hacen en general los neoliberales, que el comercio sólo tiene
ventajas. Citan, por ejemplo, dos casos contradictorios: el de Vietnam, donde el
aumento de las exportaciones se ha traducido, en efecto, en una reducción
espectacular de la pobreza; y el de México, donde la liberalización rápida de
las importaciones agrícolas ha empobrecido más aún a los campesinos.
Aunque los Estados ricos no cesan de prometer la disminución de sus
tarifas aduaneras para favorecer las importaciones provenientes de los países en
vías de desarrollo, y la reducción de las subvenciones a sus agricultores, la
verdad es que esas medidas no se toman. Al respecto, el PNUD señala que las
ayudas concedidas por los gobiernos de los países ricos (donde hay
sobreproducción agrícola permanente) a sus campesinos alcanzan la suma de mil
millones de dólares ¡al día! Mientras, la ayuda dada por esos mismos países a
los agricultores del Tercer Mundo apenas asciende a mil millones de dólares al
año...
Los contribuyentes y los consumidores de los Estados
desarrollados financian así un sistema que, por lo esencial, favorece
sobremanera a los agricultores ricos de Europa, Estados Unidos y Japón, y causa
un daño tremendo a los campesinos más pobres del mundo.
«Detrás de la
retórica del mercado libre y de su mano invisible que pretende
armonizarlo todo -dice Kevin Watkins-, se esconde una dura realidad: los
agricultores más pobres del planeta no compiten con los campesinos del Norte,
sino con los ministerios de finanzas de los países industrializados que
sobreprotegen su mundo rural. Y falsean las reglas del juego».
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