Ignacio Ramonet - rodelu.net |
19 de octubre de 2005
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La
Voz de Galicia - 19 de octubre de 2005
Diversidad cultural
Ignacio
Ramonet
DESDE el lunes pasado y hasta mañana, 20 de octubre, en el marco de la 33.ª conferencia general de la Unesco, en París, se está llevando a cabo una batalla decisiva para el porvenir de las identidades culturales. En efecto, este organismo de las Naciones Unidas se dispone a adoptar una convención sobre la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales.
El objetivo es prolongar la Declaración universal sobre la diversidad cultural que se había adoptado en 2001 y convertirla por fin en un instrumento jurídico que tenga fuerza de ley internacional.
¿Qué importancia tiene todo esto? Capital, ya que se trata de dar a las pequeñas naciones la posibilidad de proteger sus industrias culturales (literatura, cine, teatro, música, canción, televisión, edición, poesía, folclore, etcétera) y de excluirlas de las leyes generales neoliberales que rigen el comercio internacional. Y esto hay que hacerlo ahora, pues dentro de dos meses se celebrará en Hong Kong la cumbre de la OMC (Organización Mundial del Comercio), donde se va a adoptar el muy importante Acuerdo General sobre el Comercio de los Servicios (AGCS).
En el concepto de servicios , la OMC y todos los neoliberales incluyen la salud, la educación y la cultura. Por eso, las grandes batallas cívicas que se avecinan verán la movilización de los ciudadanos y de los trabajadores de esos sectores contra las tentativas de privatización integral de los servicios de salud y de enseñanza.
En el sector de la cultura, la batalla empezó hace tiempo y se ha mediatizado bastante por la implicación pública de celebridades y estrellas del cine, de la televisión y de las artes. En Europa, desde 1993, cuando terminó lo que se llamó la Ronda Uruguay -en el marco de lo que aún era el GATT (sustituido en 1994 por la OMC)-, algunos Estados, y en primer lugar Francia, consiguieron introducir, en beneficio de la cultura, cláusulas de excepción en los acuerdos de librecambio. Y exigieron poder conservar la posibilidad de rechazar toda obligación de liberalizar los servicios audiovisuales y culturales.
En principio, mañana se adoptará por mayoría esa convención que protege y garantiza la diversidad cultural, puesto que ya en septiembre pasado 51 países de los 58 que tiene el Consejo Ejecutivo de la Unesco recomendaron su adopción. ¿Quedará entonces resuelto el problema? En absoluto, porque algunos de los pesos pesados del organismo internacional, como Japón, el Reino Unido y sobre todo Estados Unidos, están en total desacuerdo con esa convención.
Y la polémica lleva cariz de convertirse en una crisis internacional. La propia secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, que no dudó en desplazarse a París estos días, ha puesto en guardia contra la adopción de la convención sobre la diversidad cultural. Su país es el primer exportador mundial de productos y de servicios culturales, y por consiguiente el que más se vería afectado por una medida proteccionista en este sector.
En un mensaje enviado el 4 de octubre pasado a los países miembros de la Unesco, Condoleezza Rice expresa su «profunda inquietud» por lo que según ella «podría llevar al fracaso los progresos hacia una liberalización mundial del comercio en el seno de la OMC». Insiste en que, bajo el pretexto de excepción cultural, algunos países autoritarios podrían violar la libertad de expresión y los derechos de las minorías. Y termina su mensaje con una amenaza, recordando que su país había abandonado la Unesco en los años ochenta a causa ya de un desacuerdo de este mismo tipo, y que podría volver a hacerlo...
La batalla por la defensa de la diversidad cultural está lejos de haber terminado. Y cada ciudadano debe ser consciente de que lo que está en juego es nada menos que su propia identidad cultural.
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