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3 de diciembre de 2005
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La
Voz de Galicia - 30 de noviembre de 2005
Retirar la escalera
Ignacio
Ramonet
CONOCÍ a Ha-Joon Chang hace unos años en un coloquio sobre la
Globalización liberal organizado por la Unesco en París. Joven y
brillante, este profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de
Cambridge (Reino Unido) nació en Corea del Sur. Sus ideas, ya entonces, me
habían parecido, por su atrevimiento, originalidad y heterodoxia, muy
apasionantes. Nutrieron mi propia reflexión sobre los desvaríos y excesos del
neoliberalismo y de la mundialización.
Ahora que estamos en vísperas de
la cumbre de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que comienza en Hong
Kong el próximo 13 de diciembre, he vuelto a conversar con Ha-Joon Chang y de
nuevo me han impactado sus análisis a contracorriente.
Las tesis
principales de la OMC, defendidas a machamartillo por Washington y Londres, son
que el libre comercio constituye un remedio universal para cualquier economía,
mientras que el proteccionismo comercial es lo peor que les puede ocurrir a los
países y a sus habitantes.
El amigo Ha-Joon Chang manifiesta lo
contrario. En su obra Retirar la escalera (editado por Los Libros de la
Catarata, Madrid, 2004), muestra que, contra la pretensión de los ingleses y de
los estadounidenses de haber sido más o menos los inventores del libre comercio,
Gran Bretaña y Estados Unidos han sido los países más proteccionistas del mundo
en los siglos XVIII y XIX. Ha-Joon Chang nos recuerda que el principal argumento
proteccionista -el «argumento infantil industrial»- fue desarrollado nada menos
que por el primer ministro de Finanzas (secretario del Tesoro) de los EE.?UU.,
Alexander Hamilton, en su informe al Congreso de 1791.
Hamilton afirmaba
que del mismo modo que debemos proteger y alimentar a nuestros hijos hasta que
puedan entrar en el mundo a competir con los adultos, los países en desarrollo
necesitan proteger y sostener sus industrias hasta que sean sólidas y puedan
competir en los mercados mundiales.
Si un país en vías de desarrollo
ingresa en el libre comercio antes de haber consolidado sus capacidades
tecnológicas, podrá ser un buen productor de café o de ropa barata, pero su
posibilidad de transformarse en un productor de automóviles de calidad o de
electrónica rondarán el cero. El Reino Unido y EE.?UU. usaron durante decenios
una amplia gama de medidas proteccionistas tales como los subsidios directos e
indirectos, aranceles aduaneros, regulación de los precios, propiedad estatal de
bancos y de industrias, etcétera.
Por eso, cuando los países ricos
aconsejan hoy a los más pobres diciéndoles que el libre comercio y
el libre mercado son las rutas ideales hacia la prosperidad demostradas por la
historia, les «están retirando la escalera» con la que ellos ascendieron hacia
la prosperidad.
Ha-Joon Chang toma prestada esa metáfora del economista
alemán del siglo XIX, Friedrich List, quien afirmaba que los países ricos, una
vez alcanzada la prosperidad gracias a la escalera del proteccionismo, se
apresuran a darle una buena patada a la escalera para que nadie más pueda
alcanzarlos.
Añade Ha-Joon Chang que los países ricos han reescrito la
historia de la misma manera evocadora que Stalin cuando suprimía de las
fotografías a Trotski y a otros enemigos politicos, para que nadie supiera nunca
cómo llegaron en realidad a enriquecerse.
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