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7 de diciembre de 2005
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La
Voz de Galicia - 7 de diciembre de 2005
Suplicios
Ignacio
Ramonet
LA FUNDACIÓN internacional Lelio Basso que preside Linda Bimbi
organizó el fin de semana pasado en Florencia un seminario sobre La
tortura hoy en el mundo, en el contexto del retorno de la guerra .
Participaban, entre otros, juristas (como Antonio Cassese, Franco Ippolito y
Salvatore Senese), militares (como el general Fabio Mini), responsables de
asociaciones de defensa de los derechos humanos (como la americana Joanne
Mariner, de la ONG Human Rights Watch), y periodistas (como Fredrick Laurin, del
canal sueco TV4 , y Roberto Montoya autor de un libro
indispensable, La impunidad imperial , editado por La Esfera de
los libros, Madrid, 2005).
El seminario se inició con la proyección de
un impactante documental. La investigación magistral producida por el canal
Rai News 24 , realizada por Sigfrido Ranucci y Mauricio Torrealta,
y titulada Faluya. La strage nascosta (La masacre ocultada). En
este documento -difundido el pasado 8 de noviembre- se demuestra que, en Irak,
el Ejército estadounidense utiliza fósforo blanco no sólo para iluminar de noche
las posiciones de los insurgentes, como lo ha admitido el Pentágono, sino como
arma química para atacar tanto a los resistentes como a la población civil. En
la jerga militar, a esta arma no covencional los soldados la llaman Willy
Pete . «El fósforo quema los cuerpos, los disuelve hasta los huesos. He
visto cuerpos de mujeres y de niños quemados. El fósforo explosiona y forma un
espesa nube que se abate sobre toda persona que se encuentre en un radio de 150
metros. Y la corroe viva como un ácido de fuego», declara un ex-combatiente
norteamericano.
En el documental, Mohamed Tarek al Deraji, biólogo de
Faluya, relata: «Una lluvia de fuego cayó sobre la ciudad, y las personas
alcanzadas por esas sustancias de colores diversos empezaron a arder. Luego
hallamos gente muerta con extrañas heridas, los cuerpos quemados hasta los
huesos pero las ropas intactas...».
Los autores demuestran que el
Ejército estadounidense usa ese agente químico de modo indiscriminado y masivo
contra los civiles iraquíes en los barrios donde se sospecha que hay
insurgentes. También revelan que se esté utilizando una nueva variedad de napal,
el MK77, sustancia incendiaria cuyo uso está prohibido por una convención
internacional que Washington firmó en 1997.
Apoyadas en pruebas
fehacientes, estas acusaciones de uso de armas químicas de destrucción masiva
son molestas para la Administración Bush, que son muy semejantes a las que se le
reprochan al presidente Sadam Huseín, juzgado en este momento por haber
permitido que su Ejército usara gases mortales contra los kurdos.
Otros
participantes en el seminario insistieron sobre el hecho que, en nombre de la
guerra contra el terrorismo internacional, la tortura se practique de nuevo en
los países democráticos. En muchos de ellos, por ejemplo en los Estados Unidos,
se ha establecido, como consecuencia de monstruosos atentados terroristas, una
especie de estado de excepción, y ese marco acaba por legitimar la tortura.
El general del Ejército italiano Fabio Mini, que participó en el seno
del Estado Mayor de la OTAN, en las guerras de los Balcanes, dejó muy claro que
«está demostrado que la tortura no es eficaz. Es un gesto inhumano, inútil».
Aseguró que ningún oficial con un mínimo de cordura se basaría en una revelación
hecha bajo tortura por un prisionero para lanzar una operación donde expondría
la vida de sus soldados. «La tortura no sirve», afirmó.
Y aunque, por
razones de diplomacia obvias, el general Mini no lo dijo en voz alta, todos
oímos que discrepaba del modo más radical con la restauración de los suplicios a
los prisioneros de guerra que ahora están practicando en Irak, en Afganistán y
en otras partes, las fuerzas estadounidenses.
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