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14 de diciembre de 2005
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La
Voz de Galicia - 14 de diciembre de 2005
Hong Kong
Ignacio
Ramonet
AYER EMPEZÓ en Hong Kong la conferencia ministerial de la
Organización Mundial del Comercio (OMC), que reúne a los representantes de 148
países y que se integra en lo que se llama el ciclo de Doha sobre
el desarrollo y la liberalización de los intercambios, iniciado en el 2001.
La OMC es el motor de la globalización liberal y, junto con el Fondo
Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, completa el triunvirato que
pilota de hecho, en nombre del dogma del neoliberalismo, la economía del mundo
actual. Asoman al recuerdo los fiascos precedentes de Seattle, en 1999, y de
Cancún, en 2003. El espectro del fracaso también planea sobre Hong Kong.
Los tres principales temas en discusión son los servicios, los bienes
industriales y la agricultura. Este último tema cristaliza los enfrentamientos
entre los diferentes bloques. La agricultura apenas representa el 3% del PIB
mundial y sólo el 10% de los intercambios comerciales, pero de ella vive el 50%
de la población mundial. Los grandes países exportadores, reunidos en el seno
del llamado Grupo de los 20 -y entre los cuales se encuentran naciones como
Brasil, Argentina, Cuba, África del Sur, Pakistán, Egipto, Nigeria, Australia y
China- están en guerra contra las subvenciones y las ayudas que la Unión Europea
y Estados Unidos conceden a sus agricultores. Los 20 cuentan con el apoyo del
Grupo de los 90 que reúne a los Estados ACP (África, Caribe y Pacífico) y PMA
(países menos avanzados). Entre los dos constituyen un frente mayoritario de 110
naciones dispuestas a todo para defender su derecho a exportar sus productos
agrícolas hacia las zonas ricas de la Unión Europea y Estados Unidos. Y también
hacia los países aún más proteccionistas, como Taiwán, Japón, Corea del Sur,
Israel, Noruega, Islandia y Bulgaria.
Frente a semejante oposición, los
europeos han propuesto una reducción del 70% de sus ayudas a la exportación, y
los estadounidenses, del 60%. Pero los grandes exportadores agrícolas exigen
más. Y sobre todo desconfían de la exigencia de los Estados ricos de
liberalizar, a cambio, los servicios en los países del Sur.
Este tema da
lugar a otra gran batalla en Hong Kong, no menos importante, que se desarrolla
en el marco de lo que se llama el Acuerdo General sobre el Comercio de los
Servicios (AGCS). Por servicio , la OMC entiende toda actividad
del ser humano en cualquier sector. Lo cual, por consiguiente, no excluye de las
reglas del librecambio, por ejemplo, la educación, la salud, la cultura y el
arte.
En este frente, los neoliberales tienen dos objetivos. Primero,
reducir lo más posible el papel del Estado en los sectores de la enseñanza y de
la salud, recortando al máximo el servicio público en beneficio del sector
privado. Segundo, en materia de cultura y de producción artística, anular la
Convención sobre la protección de la diversidad de los contenidos
culturales y de las expresiones artísticas , aprobada por la Unesco el
17 de octubre pasado a pesar de la dura oposición de Washington.
Como se
recordará, esta convención, que autoriza a los gobiernos a proteger la
diversidad cultural, constituyó una gran victoria contra el neoliberalismo
desenfrenado y una garantía de supervivencia para las culturas minoritarias. Es
de temer que Estados Unidos trate ahora de obtener, en el marco de la OMC, lo
que se vio obligado a ceder en el de la Unesco. Sería dramático. Por eso hay que
seguir con la mayor atención, hasta el próximo domingo, las decisivas batallas
de Hong Kong.
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