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9 de Febrero de 2006

La Voz de Galicia - 8 de Febrero de 2006

¡Aló presidente!

Ignacio Ramonet
EN TIEMPOS de crisis, dirigirse en directo a la ciudadanía es una forma de comunicación que muchos mandatarios adoptan de modo natural. Sin que haya que calificar ese método de populista . Por ejemplo, en Estados Unidos, en 1932, cuando el derrumbe de la Bolsa causo una brutal depresión económica y había trece millones de desempleados, el presidente Franklin D. Roosevelt inventó las «charlas al calor del fuego» (fireside chats) utilizando cada semana la radio -entonces medio dominante- para hablar de los problemas del país a la gente, con un éxito tal que le permitió ser reelegido.

En Francia, uno de los dirigentes socialistas más apreciados, Pierre Mendès-France, presidente del Gobierno (1954-1955) en un momento muy difícil de la política colonial por la derrota militar en Dien Bien Phu (Vietnam) y el comienzo de la guerra de Argelia, se inspiró en Roosevelt para sus «charlas del sábado», también por radio, en las que explicaba a la población el sentido de su política de descolonización.

Muchos otros dirigentes democráticos han establecido en momentos históricos formas nuevas de comunicar en directo con las masas. A esa tradición pertenece la emisión televisiva ¡Aló presidente! que cada domingo dirige y anima el mandatario de Venezuela, Hugo Chávez. Es una emisión nómada, o sea, que cada semana se realiza en un lugar distinto, en función de alguna operación particular (reparto de tierras, inauguración de un hospital, construcción de una barriada de casas, etcétera).

Junto con Cindy Sheehan, la madre de un soldado estadounidense muerto en Irak y que ha iniciado un importante movimiento cívico en Estados Unidos para protestar contra la guerra, y Elma Beatriz Rosado, esposa de Filiberto Ojeda, dirigente independentista puertorriqueño asesinado por el FBI el 23 de septiembre del 2005, tuve la oportunidad de ser invitado con ocasión del Foro Social Mundial de Caracas a participar en la emisión del domingo 29 de enero y de observar una experiencia comunicacional sin par. Ese día, difundida en directo, la emisión duró cinco horas, de las once de la mañana a las cuatro de la tarde, y se hizo al aire libre, en un descampado del municipio popular de Antímano, situado en la periferia de Caracas, con motivo de la restauración de una casa de campo de Antonio Guzmán Blanco (un presidente del siglo XIX), que sirvió de decorado de fondo.

Sobre unos estrados recubiertos de moqueta roja, gris y azul se ha instalado un sobrio escritorio en el que unos asistentes colocan libros y documentos. El presidente Chávez entra sonriente en escena vestido con una camisa roja mientras un grupo musical interpreta canciones populares. Se sienta ante el escritorio como si estuviera en su despacho. Y comienza explicando el porqué de la necesidad de ¡Aló presidente! : los medios dominantes, hostiles al Gobierno, no informan de lo que están realizando las autoridades.

Pasando de un tema a otro, el presidente da informaciones, presenta estadísticas sobre las obras que se están realizando, evoca la historia de Venezuela, recuerda principios de moral («No robar, no mentir, no ser flojos»), cuenta anécdotas, entra en conexión con otros lugares del país donde se están inaugurando dispensarios médicos o escuelas, habla en directo con los responsables, y también con los agentes de base, enfermeras, profesoras. A veces, en la propia sala, el público interpela en directo a algún gobernador sentado en primera fila, le hace reproches. Chávez pide explicaciones. Toma decisiones en directo. El público corea: «Así, así, así es que se gobierna!».

Las cinco horas pasan volando. La emisión es muy vista en los hogares humildes del país, y explica en parte la increíble popularidad de Hugo Chávez.
 
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