Ignacio Ramonet - rodelu.net |
8 de Marzo de 2006
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La
Voz de Galicia - 8 de Marzo de 2006
Hollywood y política
Ignacio
Ramonet
LA
CEREMONIA de los Oscar en Los Ángeles el pasado domingo ha
venido a confirmar lo que ya algunos intuíamos: el reencuentro de Hollywood con
la politica. Pocas veces se había visto con ocasión de estos premios tal
competencia entre peliculas «de compromiso» como las de este año:
Brokeback Mountain, de Ang Lee; Syriana, de Stephen
Gaghan; Munich, de Steven Spielberg; Buenas noches y buena
suerte, de George Clooney; Crash , de Paul Haggis;
En tiera de hombres, de Niki Caro; Capote, de
Benneth Miller, y otras como el estupendo documental Enron, de
Alex Gibney.
El cine estadounidense había tenido ya ricos períodos de
militancia. No hay que olvidar que muchas de las personalidades que impulsaron
allá el séptimo arte en los años veinte provenían de Europa, y pertenecían con
frecuencia a minorías perseguidas (numerosos judíos de Europa central, armenios,
italianos antimussolinianos) o a comunidades marginadas (mujeres, homosexuales).
Por eso, aún dentro del marco de un cine-espectáculo para grandes masas,
siempre había espacio para películas de denuncia de abusos y en favor de la
justicia social. Ocurrió, por ejemplo, cuando la gran crisis de 1929, y luego
con el antifascismo en los años treinta y cuarenta. Hollywood era entonces
considerado como «un nido de izquierdistas», y fue atacado, en los años
cincuenta, por el senador neofascista Joseph McCarthy. Pero el sentimiento
crítico no desapareció, y en los años setenta muchas películas denunciaron la
guerra de Vietnam y los embustes y patrañas de Richard Nixon.
Pero
parecía que después de la era Reagan los protestones de Hollywood, por simpatía
sin duda hacia Bill Clinton, habían puesto un potente silenciador a sus
críticas. Que habían mantenido con George W. Bush por temor, después de los
atentados del 11 de septiembre del 2001, a ser tildados de antipatriotas.
Muy pocos realizadores, en esta atmósfera en la que parecía que sólo
podían triunfar películas de gran espectáculo como El Señor de los
anillos o Harry Potter , se atrevieron a hacer de nuevo
cine político. Oliver Stone lo hizo con su osado documental
Comandante, sobre Fidel Castro, y también Robert Redford,
produciendo el espléndido Diarios de motocicleta, realizado por
Walter Salles, sobre Ernesto Che Guevara.
Pero vino
Michael Moore con sus impactantes documentales de agitación, como Bowling
for Columbine, que ganó el Oscar al mejor documental en el 2003, y
Farenheit 9/11, que consiguio la Palma de Oro en Cannes en el
2004. Pareció despertar Hollywood de un largo sopor. Y nos llega ahora esta
excitante avalancha de cintas políticas.
Según George Clooney, el actor
más de izquierdas junto con Sean Penn y Susan Sarandon, la politización de los
cineastas empezó primero contra la globalización, y se ha acelerado ahora con la
guerra de Irak. Otra de las causas, según él, reside en el silencio de la
prensa, la cual después del 11-S se ha autocensurado. El cine ha venido a
sustituir a unos medios de información que dimitieron, olvidaron su misión y se
dejaron intimidar por la presión de los políticos más conservadores.
Por
eso, en especial, Buenas noches y buena suerte ha tenido tanto
impacto. El ejemplo de Edward R. Murrow contra el macartismo nos recuerda que no
hay prensa libre sin audacia crítica. Y sin una altisíma concepción de la ética
periodística.
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