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15 de Marzo de 2006
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La
Voz de Galicia - 15 de Marzo de 2006
Ideas ricas contra la pobreza
Ignacio
Ramonet
CONVERSO
con él en un típico local del Barrio Latino. Se llama
David Choquehuanca y es el primer canciller de origen indígena de Bolivia. Es un
quechua que habla aimara y que también sabe el guaraní y otras lenguas
vernáculas. Nació junto al lago Titicaca y no aprendió el español hasta la edad
de siete años. Veterano activista vinculado a las luchas de los campesinos
cocaleros, es un hombre del círculo de confianza del presidente Evo Morales.
No habla como un diplomático, sino con la profundidad de un filósofo un
poco new age . Expone de la política una visión étnico-cultural,
plagada de referencias al retorno a los orígenes, a la importancia de la
naturaleza y al recuerdo de los antepasados. Nos confirma que el Gobierno de Evo
Morales se opone a la erradicación del cultivo de la coca: «La hoja de coca no
es la cocaína. No es una droga. Necesitamos hacer conocer al mundo las bondades
de la hoja de coca, que tiene cualidades alimenticias reconocidas. Por ejemplo,
tiene calcio y en una economía pobre como la nuestra, donde muchos niños no
disponen de leche, sí pueden tener acceso a la coca. Tiene más fósforo que el
pescado. La coca forma parte de nuestras raíces culturales, y un pueblo sin
cultura está destinado a perecer. Para nosotros la hoja de coca es sagrada. Por
eso vamos a iniciar una campaña para conseguir su despenalización
internacional».
Pero el canciller Choquehuanca no ha venido a París con
esa intención, sino a participar en una conferencia mundial sobre nuevos
financiamientos para el desarrollo. Se trata de encontrar recursos para alcanzar
el gran objetivo del milenio: reducir a la mitad la pobreza en el mundo, de aquí
al 2015, para lo cual se necesitan 50.000 millones de euros al año. ¿Dónde
hallar semejante cantidad de dinero? Desde hace tiempo, algunos hemos propuesto
la creación de una tasa internacional, una especie de IVA planetario, como única
solución al problema del subdesarrollo.
La idea es admitida hoy por una
mayoría de países (con la notable excepción de Estados Unidos). Pero no hay
acuerdo sobre qué tipo de tasa. Unos proponen que sea sobre la venta de armas.
Otros sobre el transporte marítimo, o los desechos nucleares, o los productos de
lujo, o el consumo de Internet, o los gastos de agua potable, o las
disposiciones de dinero en los cajeros automáticos, o los beneficios de las
grandes firmas transnacionales. Otros proponen la creación de una gran lotería
mundial. O un sobreimpuesto a las grandes fortunas partiendo de que el 1% de la
población mundial concentra en sus manos un patrimonio equivalente al del 57% de
los habitantes de la Tierra.
El presidente francés, Jacques Chirac, ha
decidido crear una tasa -de 1 a 40 euros- sobre todos los billetes de avión, que
entrará en vigor el próximo 1 de julio. Y servirá para costear lo gastos de la
lucha mundial contra el sida. Chile ya la está aplicando.
El canciller
boliviano también se declara en favor de la tasa internacional. Aunque su país
no tiene preferencia, nos dice Choquehuanca que le ha parecido excelente la idea
de reducir los costos de transferencia (10%) de las remesas que envían los
emigrantes y verter la diferencia a un fondo de ayuda a los países del Sur.
Reducirlo en sólo un 2% permitiría a un país como España, por ejemplo, consagrar
cada año más de 160 millones de euros a la lucha contra la pobreza. Una prueba
más de que una buena idea vale un Potosí.
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