Ignacio Ramonet - rodelu.net |
2 de abril de 2006
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El País
de España - 2 de abril de 2006
Encuentro con Fidel Castro:
"He disparado mucho en mi vida. He tenido puntería. En cualquier circunstancia no temo al enemigo"
Castro: "Este país puede autodestruirse"
Ignacio Ramonet
El director de 'Le Monde Diplomatique' publica en un libro sus cien horas largas
de conversación con el presidente de Cuba
Fidel Castro, que tantos discursos pronuncia, ha concedido pocas
entrevistas, y sólo se han publicado cuatro conversaciones largas con él a
lo largo de 50 años. La quinta, mantenida con el director de Le Monde
Diplomatique, Ignacio Ramonet, se ha convertido en el libro Fidel
Castro, biografía a dos voces, resumen de la vida y el pensamiento del
jefe de Estado de Cuba en cien horas de conversación. La primera se inició
a finales de enero de 2003, y la última, en diciembre de 2005. En estas
páginas se publica un extracto de la entrevista acerca de la sucesión de
Castro, de 79 años. Como dice el comandante, seguirá ahí "mientras lo
decida la Asamblea Nacional en nombre del pueblo cubano". El libro, de
próxima aparición, se edita en Debate.
Fidel
Castro no ha escrito sus memorias, pero las cien horas que el
periodista ha conversado con él son una suerte de "biografía a dos
voces".
Pregunta. ¿Cómo se encuentra de salud?
Respuesta. Bueno, me encuentro bien. Por lo general, sí me
siento bien, sobre todo me siento con energía, me siento con entusiasmo
por las cosas. Me siento muy bien física y mentalmente. En esto
seguramente ha contribuido el hábito del ejercicio; yo creo que el
ejercicio físico no sólo ayuda a los músculos, ayuda también a la mente.
(...)
P. El 23 de junio de 2001 sufrió usted un desmayo durante un
discurso público, y el 20 de octubre de 2004 tuvo usted una caída, también
en público, que le causó la fractura de una rodilla. ¿Cómo se ha repuesto
usted de esos dos percances físicos?
R. Mire, como siempre, se ha especulado mucho con eso. Es cierto
que, aquel 23 de junio de 2001, en un barrio de La Habana, en El Cotorro,
bajo un calor intenso y durante un discurso que duró más de tres horas,
transmitido en directo por televisión, conocí una ligera pérdida de
conciencia. Algo muy venial. Fue un desvanecimiento ligero de apenas unos
minutos, debido al calor y al sol excesivos. Unas horas después, los que
allá, en Miami, ya lo estaban celebrando, se llevaron la sorpresa de verme
reaparecer en un programa televisivo donde pude darle al pueblo,
directamente, la versión auténtica de lo sucedido. (...)
P. ¿Y su caída en Santa Clara?
R. Sobre lo del 20 de octubre de 2004 ya he tenido ocasión de
contarlo en una carta enviada el día siguiente al pueblo. Al finalizar un
discurso en Santa Clara, fui afectado por una caída accidental. Algunas
agencias y otros medios divulgaron varias versiones sobre las causas del
accidente. Como protagonista, le puedo explicar con toda precisión lo
ocurrido.
Yo había concluido mi discurso alrededor de las diez de la noche.
Varios compañeros subieron a la tribuna para saludarme. Estuvimos allí
varios minutos y bajamos a reunirnos de nuevo por una misma pequeña
escalerita de madera que usamos para acceder a la tribuna. Yo iba a
sentarme en la misma silla que me habían asignado antes de que llegara mi
turno en la tribuna, y caminaba sobre el pavimento de granito a la vez
que, de vez en cuando, saludaba a los invitados al acto.
Cuando llegué al área de concreto, a unos quince o veinte metros de la
primera hilera de sillas, no me percaté de que había una acera
relativamente alta entre el pavimento y la multitud. Mi pie izquierdo pisó
en el vacío, por la diferencia de altura. El impulso y la ley de gravedad,
descubierta hace tiempo por Newton, hicieron que, al dar el paso en falso,
me precipitara hacia adelante hasta caer, en fracción de segundos, sobre
el pavimento. Por puro instinto, mis brazos se adelantaron para amortiguar
el golpe; de lo contrario, mi rostro y mi cabeza habrían chocado contra el
piso. (...)
Alrededor de las once de la noche, tendido sobre una camilla, me
trasladaron en ambulancia hacia la capital. Algunos analgésicos, en cierto
modo, aliviaron mis dolores. (...)
La operación duró tres horas quince minutos. Los ortopédicos se
dedicaron a reunir y ubicar cada uno de los fragmentos en los sitios que
les correspondían a cada uno de ellos y, como tejedores, proceder a
unirlos, cosiéndolos con fino hilo de acero inoxidable. Un trabajo de
orfebrería.
Solicité a los médicos que no me aplicaran ningún sedante, y utilizaron
anestesia por vía raquídea, que adormece la parte inferior del cuerpo y
mantiene intacto el resto del organismo. Dadas las circunstancias, era
necesario evitar la anestesia general para estar en condiciones de atender
asuntos importantes. (...)
P. Yo quisiera, a este respecto, abordar el tema del porvenir.
¿Ha pensado usted en algún momento en retirarse?
R. Mire, sabemos que el tiempo pasa y que las energías humanas
se agotan. Pero le voy a decir lo que les dije a los compañeros de la
Asamblea Nacional el 6 de marzo de 2003, cuando me reeligieron presidente
del Consejo de Estado. Les dije: "Ahora comprendo que mi destino no era
venir al mundo para descansar al final de mi vida". Y les prometí estar
con ellos, si así lo deseaban, todo el tiempo que fuera necesario mientras
tuviera conciencia de poder ser útil. Ni un minuto menos, ni un segundo
más. (...)
P. La CIA ha anunciado, en noviembre de 2005, que usted padece
la enfermedad de Parkinson. ¿Qué comentario le inspira esa
"información"?
R. Ellos están esperando un fenómeno natural y absolutamente
lógico, que es el fallecimiento de alguien. En este caso, me han hecho el
considerable honor de pensar en mí. Será una confesión de lo que no han
podido hacer durante mucho tiempo: asesinarme. Si yo fuera un vanidoso,
podría estar incluso orgulloso de que esos tipejos digan que tienen que
esperar a que yo muera. Todos los días inventan algo, que si Castro tiene
esto, que si tiene lo otro, si tal o más cual enfermedad. Lo último que
inventaron es que tengo Parkinson. Dice la CIA que descubrió que yo tenía
Parkinson. Bueno, no importa si me da Parkinson. El papa Juan Pablo II
tenía Parkinson y estuvo un montón de años recorriendo el mundo. (...)
P. Usted va casi siempre armado, y como consecuencia de esa
caída perdería, me imagino, el uso de su brazo derecho y la posibilidad de
usar su arma. ¿Le preocupó eso?
R. (...) Dispongo de una Browning de 15 tiros. He disparado
mucho en mi vida. Siempre he tenido buena puntería, fue una suerte, y la
he conservado. En cualquier circunstancia, no temo al enemigo. Lo primero
que quise ver fue si mi brazo tenía fuerza para manejar esa arma que yo
siempre usé. Ésa está al lado de uno. Moví el peine, la cargué, le puse el
seguro, se lo quité, le saqué el peine, le saqué la bala, y dije:
"Tranquilo". Eso fue al día siguiente. Me sentía con fuerza para
disparar.
P. Usted, en varios de sus discursos y de sus entrevistas, ha
evocado la cuestión de su eventual sucesión, de lo que ocurrirá en Cuba el
día que usted no dirija este país. ¿Cómo ve usted el porvenir de Cuba sin
Fidel Castro?
R. Bien, voy a tratar de ser breve sobre eso. Ya le conté los
planes de eliminación física. Al principio, mi papel era más decisivo
porque había que librar una batalla de ideas muy importante, había que
persuadir mucho. Le dije que había prejuicios y que las leyes
revolucionarias los fueron transformando. Había prejuicios raciales,
prejuicios antisocialistas, todo el veneno sembrado durante mucho
tiempo.
P. ¿Quiere decir que desde hace mucho tiempo ha pensado en una
eventualidad de que pudiesen asesinarlo y ha tenido que pensar en lo que
podría pasar?
R. Ya casi me está preguntando por la sucesión.
P. Sí, sí, por la sucesión.
R. Bueno, mire, al principio, con todos esos planes de
atentados, yo tenía un papel decisivo, papel decisivo que no tengo hoy.
Hoy tengo, tal vez, más autoridad y más confianza de la población que
nunca.
Nosotros, ya se lo dije, estudiamos todos los estados de la opinión
pública. Seguimos con un microscopio los estados de opinión. Y le podemos
decir los estados de opinión en la capital, por ejemplo, y en el resto del
país, y le puedo presentar todas las opiniones. Aunque sean adversas. La
inmensa mayoría nos son favorables.
El nivel de autoridad, después de cuarenta y seis años de lucha y
experiencia, es más alto de lo que era. Es muy alta la autoridad de
aquellos que luchamos y que hicimos la guerra, condujimos al derrocamiento
de la tiranía y a la independencia de este país. (...)
P. Si usted, por cualquier circunstancia, desapareciera,
¿Raúl
sería su sustituto indiscutible?
R. Si a mí me pasa algo mañana, con toda seguridad que se reúne
la Asamblea Nacional y lo eligen a él, no le quepa la menor duda. Se reúne
el buró político y lo eligen.
Pero ya él me va alcanzando en años, van llegando, ya es problema más
bien generacional. Ha sido una suerte que los que hicieron la revolución
hayan tenido tres generaciones. También los que nos precedieron, los
antiguos militantes y dirigentes del Partido Socialista Popular, que era
el partido marxista-leninista, y con nosotros vino una nueva generación.
Ya después, la que viene detrás de nosotros, e inmediatamente después, las
de la campaña de alfabetización, la lucha contra bandidos, la lucha contra
el bloqueo, la lucha contra el terrorismo, la lucha en Girón, los que
vivieron la crisis de octubre, las misiones internacionalistas... Mucha
gente con muchos méritos. (...)
P. Es decir, usted piensa que su verdadero sustituto, más allá
de una persona, más allá de Raúl, sería más bien una generación, la
generación actual...
R. Sí, ya son unas generaciones las que van a sustituir a otras.
Tengo confianza, y lo he dicho siempre, pero estamos conscientes de que
son muchos los riesgos que pueden amenazar un proceso revolucionario.
Están los errores de carácter subjetivo... Existieron errores, y tenemos
la responsabilidad de no haber descubierto determinadas tendencias y
errores. Hoy, simplemente, se han superado algunas y se están combatiendo
otras.
Ya le dije lo que pasaría mañana; pero ya son nuevas generaciones,
porque ya la nuestra va pasando. Ya el más joven, digamos, le he
mencionado el caso de Raúl, es apenas cuatro años y tantos más joven que
yo.
Esta primera generación todavía coopera con las nuevas que acatan la
autoridad de los pocos que vamos quedando... Está la segunda; ahora, la
tercera y la cuarta... Yo tengo una idea clara de lo que va a ser la
cuarta generación, porque tú ves a los muchachos de sexto grado haciendo
su discurso. ¡Qué talento hemos descubierto!
Hemos descubierto miles de talentos, esos niños impresionan, impactan.
No se sabe cuánto genio y cuánto talento hay en el pueblo. Yo albergo la
teoría de que el genio es común, si no para una cosa es para otra, es para
la computadora o es para la música, es para la mecánica; el genio es común
y unos lo tienen para una cosa y otros para otra. Ahora, desarrolla y
educa a una sociedad completa -eso es lo que estamos haciendo- y veremos
entonces lo que da. Ésos son los ocho millones que después del primer año
de "periodo especial" suscribieron: "Soy socialista".
Yo tengo mucha esperanza, porque veo con claridad que estos que yo
llamo de la cuarta generación van a tener tres, cuatro veces más
conocimientos que nosotros los de la primera y, más o menos, más de tres
veces los conocimientos de la segunda. Y la cuarta debe saber, con todo lo
que se está haciendo ahora, por lo menos, dos veces y media lo de la
tercera. (...)
P. ¿Usted está diciendo que esta revolución no está agotada?
R. No hemos terminado ni mucho menos. Vivimos en la mejor época
de nuestra historia y la de más esperanza de todo, y usted lo ve en todas
partes.
Es cierto, es correcto, yo estaría dispuesto a aceptar la crítica de
que cometimos algunos errores de idealismo, quizá quisimos ir demasiado
rápido, quizá subestimamos fuerzas, el peso de los hábitos y eso. Pero
ningún país se ha enfrentado a ningún adversario tan poderoso, tan rico, a
su maquinaria de publicidad, a su bloqueo, a una desintegración del punto
de apoyo. Desapareció la URSS y nos quedamos solos, y no vacilamos. Sí,
nos acompañó la mayor parte del pueblo, no le digo que todo, porque
algunos se desalientan, pero nosotros hemos sido testigos de las cosas que
ha hecho este país, cómo resistió, cómo avanza, cómo se reduce el
desempleo, cómo crece la conciencia. (...)
P. ¿Usted cree que el relevo se puede pasar sin problema ya?
R. De inmediato no habría ningún tipo de problema; y después
tampoco. Porque la revolución no se basa en ideas caudillistas, ni en
culto a la personalidad. No se concibe en el socialismo un caudillo, no se
concibe tampoco un caudillo en una sociedad moderna, donde la gente haga
las cosas únicamente porque tiene confianza ciega en el jefe o porque el
jefe se lo pide. La revolución se basa en principios. Y las ideas que
nosotros defendemos son, hace ya tiempo, las ideas de todo el pueblo.
P. Veo que no está usted preocupado por el porvenir de la
Revolución Cubana; sin embargo, ha sido usted testigo en estos últimos
años del derrumbe de la Unión Soviética, del derrumbe de Yugoslavia, del
derrumbe de la revolución albanesa, Corea del Norte en esa situación tan
triste, Camboya, que se hundió también en el horror, o la propia China,
donde la revolución ha tomado un cariz muy diferente. ¿No le angustia a
usted todo eso?
R. Pienso que la experiencia del primer Estado socialista, la
URSS, Estado que debió arreglarse y nunca destruirse, ha sido muy amarga.
No crea que no hemos pensado muchas veces en ese fenómeno increíble
mediante el cual una de las más poderosas potencias del mundo, que había
logrado equiparar su fuerza con la otra superpotencia, un país que aplastó
al fascismo, se derrumbara como se derrumbó. Hubo quienes creyeron que con
métodos capitalistas iban a construir el socialismo. Es uno de los grandes
errores históricos. No quiero hablar de eso, no quiero teorizar; pero
tengo infinidad de ejemplos de que no se dio pie con bola en muchas cosas
que hicieron quienes se suponían teóricos, que se habían empanfletado
hasta el tuétano de los huesos en los libros de Marx, Engels, Lenin y
todos los demás. (...)
En cuanto a China, es otra cosa, una gran potencia que emerge y una
gran potencia que no destruyó la historia, una gran potencia que mantuvo
determinados principios fundamentales, que buscó la unidad, que no
fragmentó sus fuerzas. (...)
P. Pero la pregunta que algunos se hacen es: ¿el proceso
revolucionario, socialista, en Cuba, puede también derrumbarse?
R. ¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es
que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o
no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las
revoluciones se derrumben? Yo me he hecho a menudo estas preguntas. Y mire
lo que le digo: los yanquis no pueden destruir este proceso
revolucionario, porque tenemos todo un pueblo que ha aprendido a manejar
las armas; todo un pueblo que, a pesar de nuestros errores, posee tal
nivel de cultura, conocimiento y conciencia que jamás permitiría que este
país vuelva a ser una colonia de ellos.
Pero este país puede autodestruirse por sí mismo. Esta revolución puede
destruirse. Nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa
nuestra. Si no somos capaces de corregir nuestros errores. Si no
conseguimos poner fin a muchos vicios: mucho robo, muchos desvíos y muchas
fuentes de suministro de dinero de los nuevos ricos.
Por eso estamos actuando, estamos marchando hacia un cambio total de
nuestra sociedad. Hay que volver a cambiar, porque tuvimos tiempos muy
difíciles, se crearon desigualdades, injusticias. Y lo vamos a cambiar sin
cometer el más mínimo abuso.
Habrá una participación cada vez mayor y seremos el pueblo que tendrá
una cultura general integral. Martí dijo: "Ser cultos es el único modo de
ser libres", y sin cultura no hay libertad posible, Ramonet.
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