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19 de abril de 2006
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La
República de Uruguay - 18 de abril de 2006
Declaraciones de Fidel Castro a Ignacio Ramonet en su libro
"Fidel Castro, biografía a dos voces"
"A Chávez intentaron fusilarlo pero el pelotón se negó a
disparar"
En el libro "Fidel Castro, biografía a dos voces", publicado
por la editorial Debate, el mandatario cubano confió a Ignacio Ramonet
información no divulgada sobre los hechos de abril de 2002 en Venezuela. Castro
afirma que llamó a Miraflores antes de que Chávez se entregara y le dijo: "No te
inmoles, Hugo; no hagas como Allende, que era un hombre solo; tú tienes una gran
parte del Ejército, no dimitas, no renuncies".
Ignacio
Ramonet*
Luego decidiría comisionar al canciller Felipe Pérez Roque para que se
trasladara a Caracas, con dos aviones, y se llevara a Chávez consigo. Hizo
contacto con "un general que estaba con él" para insistir en que el mundo sabía
que el Presidente no había renunciado, y pedirle que enviara fuerzas a
rescatarlo.
Fidel Castro, que tantos discursos pronuncia, ha concedido muy pocas
entrevistas. Sólo se han publicado cuatro conversaciones largas con él a lo
largo de 50 años. La quinta, mantenida con el director de Le Monde Diplomatique,
Ignacio Ramonet, se ha convertido en el libro Fidel Castro, biografía a dos
voces , resumen de la vida y el pensamiento del jefe de Estado de Cuba a lo
largo de cien horas de conversación. La primera se inició a finales de enero de
2003, y la última, en diciembre de 2005. En estas páginas se publica un extracto
de la entrevista en la que el mandatario habla sobre el conflicto venezolano
sucedido el 11 de abril de 2002. Como dice el comandante, seguirá ahí "mientras
lo decida la Asamblea Nacional en nombre del pueblo cubano". El libro, de
próxima aparición, se edita en la editorial Debate.
-Usted ha dicho que siente también gran admiración por Hugo Chávez, el
presidente de Venezuela.
-Bueno, sí, ahí tenemos a otro indio, Hugo Chávez, un nuevo indio que es,
como él dice, "mezcla de indio", mestizo, él dice que con un poco de blanco.
Pero tú estás mirando a Chávez y estás mirando a un autóctono hijo de
Venezuela, el hijo de esa Venezuela que fue mezcla, pero tiene todos estos
nobles rasgos y un talento excepcional, pero excepcional.
Yo suelo escuchar sus discursos, y él se siente orgulloso de su origen
humilde, de su etnia mezclada, donde hay de todo un poco, principalmente de los
que eran autóctonos o esclavos traídos de África, con mezcla de origen indio.
Ésa es la impresión.
Puede ser que tenga algunos genes de blanco, y no es malo, la combinación
siempre es buena, enriquece a la humanidad, la combinación de las llamadas
etnias.
-¿Usted ha seguido de cerca la evolución de la situación en Venezuela, en
particular las tentativas de desestabilización contra el presidente
Chávez?
-Sí, hemos seguido con mucha atención los acontecimientos. Chávez nos visitó
cuando salió de prisión antes de las elecciones de 1998. Fue muy valiente porque
le reprocharon mucho que viajara a Cuba.Vino y conversamos. Descubrimos a un
hombre culto, inteligente, muy progresista, un auténtico bolivariano.
Luego ganó las elecciones. Varias veces. Cambió la Constitución. Con un
formidable apoyo del pueblo, de las gentes más humildes. Los adversarios han
tratado de asfixiarlo económicamente.
De Venezuela, en los cuarenta años famosos de la democracia que precedió a
Chávez, yo calculo que deben ser alrededor de 200 millardos de dólares los que
se han fugado. Venezuela podía estar más industrializada que Suecia y tener la
educación de Suecia, si de verdad hubiera habido una democracia distributiva, si
esos mecanismos hubieran funcionado, si hubiera algo de cierto y de creíble en
toda esa demagogia y en toda esa publicidad.
De Venezuela, desde que llegó el gobierno de Chávez al poder hasta que se
estableció el control de cambios en enero de 2003, se han fugado alrededor
-calculamos- de unos 30 millardos de dólares, fuga de capital. Entonces, todos
esos fenómenos hacen, como planteamos nosotros, insostenible este orden de cosas
existente en nuestro hemisferio.
-El 11 de abril de 2002 hubo un golpe de Estado en Caracas contra Chávez,
¿siguió usted aquellos acontecimientos?
-Cuando nos enteramos de que la manifestación aquella de la oposición había
sido desviada y se acercaba a Miraflores, que había las provocaciones, los
tiros, las víctimas, y que algunos altos oficiales se habían amotinado y
pronunciado públicamente contra el presidente, que la guarnición presidencial se
había retirado, y que ya el ejército iba a venir a arrestarlo, yo llamo a Chávez
porque sé que se encuentra indefenso y que es un hombre de principios y le digo:
"¡No te inmoles, Hugo! ¡No hagas como Allende! Allende era un hombre solo, no
tenía un soldado.Tú tienes una gran parte del ejército. ¡No dimitas! ¡No
renuncies!".
-¿Usted lo estaba alentando a resistir con las armas en la mano?
-No, al contrario. Eso fue lo que hizo Allende y lo pagó heroicamente con su
vida. Chávez tenía tres soluciones: atrincherarse en Miraflores y resistir hasta
la muerte; hacer un llamado al pueblo, a la insurrección y desencadenar una
guerra civil; o rendirse, sin renunciar, ni dimitir.
Nosotros le aconsejamos la tercera.
Que fue lo que él también había decidido hacer. Porque, además, eso lo enseña
la historia, todo dirigente popular derrocado en esas circunstancias, si no lo
matan, el pueblo lo reclama y, más tarde o más temprano, regresa al poder.
-Ustedes, en ese momento, ¿trataron de ayudar de alguna manera a Chávez?
-Bueno, nosotros sólo podíamos actuar usando los recursos de la diplomacia.
Convocamos en plena noche a todos los embajadores acreditados en La Habana y les
propusimos que acompañaran a Felipe (Pérez Roque), nuestro ministro de
Relaciones Exteriores, a Caracas para rescatar a Chávez, presidente legítimo de
Venezuela.
Propusimos mandar dos aviones para traerlo en caso de que los golpistas
decidieran enviarlo al exilio.
Chávez había sido hecho prisionero por los militares golpistas y se había
perdido su rastro. La televisión difundía una y otra vez la noticia de su
"dimisión" para desmovilizar a sus partidarios, al pueblo.
Pero, en un momento, a Chávez le permiten hacer una llamada telefónica, y
puede hablar con su hija María Gabriela. Y le dice que él no ha dimitido, que no
ha renunciado. Que es un "presidente arrestado".
Y le pide que difunda esa noticia. La hija tiene entonces la idea audaz de
llamarme y me informa. Me confirma que su padre no ha dimitido. Nosotros
decidimos entonces asumir la defensa de la democracia venezolana, ya que
teníamos constancia de que países como Estados Unidos y España -el gobierno de
José María Aznar-, que tanto hablan de democracia y tanto critican a Cuba,
estaban apoyando el golpe de Estado.
Le pedimos a María Gabriela que lo repitiera y grabamos la conversación de
ella con Randy Alonso, el conductor del programa Mesa redonda de la televisión
cubana, que tuvo una gran repercusión internacional.
Además, convocamos a toda la prensa extranjera acreditada en Cuba -¡debían
ser las cuatro de la madrugada!-, les informamos y les hicimos oír el testimonio
de la hija de Chávez. Inmediatamente, la CNN lo transmitió, y en toda Venezuela
la noticia se difundió como reguero de pólvora.
-Y eso, ¿qué consecuencias tuvo?
-Bueno, eso lo oyeron los militares fieles a Chávez que habían sido engañados
con la mentira de la renuncia, y entonces se produce un contacto con un general
que está a favor de Chávez. Yo hablo con él por teléfono. Le confirmo
personalmente que lo que ha dicho la hija es cierto y que ya el mundo entero
sabe que Chávez no ha dimitido. Hablo largamente con él, me informa de la
situación militar, de qué oficiales superiores están con Chávez y quiénes no. Yo
entiendo que nada está perdido, porque las mejores unidades de las Fuerzas
Armadas, las más combativas, las mejor entrenadas, estaban a favor de Chávez.
Le digo a ese oficial que lo más urgente es saber dónde se encuentra detenido
Chávez y enviar allí fuerzas leales a rescatarlo.
Me pide entonces que hable con su superior jerárquico, y me lo pasa. Le
repito lo que ha afirmado la hija de Chávez, y que éste sigue siendo el
presidente constitucional. Le recuerdo la lealtad necesaria, le hablo de Bolívar
y de la historia de Venezuela... Y ese alto oficial, en un rasgo de patriotismo
y de fidelidad a la Constitución, me afirma que si es cierto que Chávez no ha
dimitido él sigue siendo fiel al presidente arrestado.
-Pero en aquel momento aún no se sabe dónde está Chávez, ¿verdad?
-Entretanto, Chávez ha sido conducido a la isla de La Orchila. Está
incomunicado.
El arzobispo de Caracas, lo viene a ver y le aconseja que dimita. "Para
evitar una guerra civil", le dice. Le hace un chantaje humanitario. Le pide que
escriba una carta diciendo que dimite.
Chávez no sabe lo que está pasando en Caracas ni en el país. Ya han intentado
fusilarlo, pero el pelotón de soldados encargado de disparar se ha negado y ha
amenazado con amotinarse. Muchos de los militares que custodian a Chávez están
dispuestos a defenderlo y a evitar que lo asesinen.
Chávez trata de ganar tiempo con el obispo. Hace borradores de una
declaración.
Teme que una vez la carta escrita, se las arreglen para eliminarlo. No piensa
renunciar. Declara que tendrán que matarlo antes. Y que no habrá entonces
solución constitucional.
-¿Mientras tanto, ustedes seguían con la intención de enviar aviones a
rescatarlo para llevarlo al exilio?
-No, después de esa conversación con los generales venezolanos, nosotros
cambiamos de plan. Suspendimos la proposición de Felipe de viajar con los
embajadores a Caracas. Es más, en un momento nos llega el rumor de que los
golpistas están proponiendo expulsar a Chávez hacia Cuba. Y nosotros
inmediatamente anunciamos que si mandan a Chávez para aquí, lo reenviamos para
Venezuela por el primer avión.
-¿Cómo regresa Chávez al poder?
-Bueno, en un momento, se produce de nuevo un contacto con el primer general
con el que yo había hablado y me informa que ya han localizado a Chávez, que
está en la isla de La Orchila. Conversamos sobre la mejor manera de rescatarlo;
con mucho respeto le aconsejo tres cosas fundamentales: discreción, eficacia y
fuerza muy superior. Los paracaidistas de la base de Maracay, la mejor unidad de
las Fuerzas Armadas venezolanas, fiel a Chávez, se encargan del rescate.
Entretanto, en Caracas, el pueblo está movilizado pidiendo que vuelva Chávez,
la guardia presidencial ha vuelto a reocupar Miraflores y también exige el
regreso del presidente. Procede a la expulsión de los golpistas del palacio. El
propio Pedro Carmona, presidente de la patronal y brevísimo presidente usurpador
de Venezuela, casi es arrestado allí mismo en el palacio.
Por fin, ya de madrugada, el 14 de abril de 2002, rescatado por los militares
fieles, Chávez llega a Miraflores en medio de una apoteosis popular. Yo casi no
dormí en esos dos días que duró el golpe de Caracas, pero valió la pena ver cómo
un pueblo y también unos militares patriotas defendieron la legalidad. No se
repitió la tragedia de Chile en 1973.
-Chávez es un representante de los militares progresistas, pero en Europa
y también en América Latina, muchos progresistas le reprochan precisamente que
sea un militar. ¿Qué opinión tiene usted sobre esa aparente contradicción entre
el progresismo y lo militar?
-Mire, ahí tenemos, en Venezuela, un ejército jugando un importante papel con
esa revolución bolivariana. Y Omar Torrijos, en Panamá, fue ejemplo de un
militar con conciencia. Juan Velasco Alvarado, en Perú, también llevó a cabo
algunas acciones de progreso notables. No hay que olvidar, por ejemplo, que
entre los propios brasileños, Luis Carlos Prestes fue un oficial que realizó una
marcha en 1924-1926 casi como la que hizo Mao Zedong en 1934-1935.
Jorge Amado escribió de la marcha aquella de Luis Carlos Prestes, una bella
historia, El caballero de la esperanza, entre sus magníficas novelas -yo tuve
oportunidad de leerlas todas-, y la marcha aquella fue algo impresionante, duró
más de dos años y medio, recorriendo inmensos territorios de su país sin sufrir
jamás una derrota. Es decir, que hubo proezas que salieron de los militares.
Digamos, voy a citar a un militar de México: Lázaro Cárdenas, un general de
la revolución mexicana, que es el que nacionaliza el petróleo.
Tiene un valor muy grande, hace reformas agrarias y conquista el apoyo del
pueblo. Cuando se habla de las cuestiones de México no hay que olvidarse de
papeles jugados por personalidades como Lázaro Cárdenas, y Lázaro Cárdenas era
de origen militar.
No habría que olvidar que los primeros que, en el siglo XX, se sublevaron en
América Latina, en los años cincuenta, un grupo de jóvenes que se sublevaron,
eran jóvenes oficiales guatemaltecos, en torno a Jacobo Arbenz, que participaron
en actividades revolucionarias.
Bien, no se puede decir que sea un fenómeno general, pero hay unos cuantos
casos de militares progresistas.
Perón, en Argentina, era también de origen militar, hay que ver en el momento
en que surge, en 1943 lo nombran ministro del Trabajo y hace tales leyes que
cuando lo llevan a las prisiones el pueblo lo rescata, y era un jefe militar.
También hay un civil que tuvo influencia en los militares, estudió en Italia,
donde también había estado Perón, que fue Jorge Eliécer Gaitán, y eran líderes
populares.
Perón era agregado de embajada, estuvo allá en Roma en los años treinta en la
era mussoliniana, y algunas de las formas y métodos de movilizaciones de masas
que vio le impresionaron. Hubo influencia, incluso en algunos procesos; pero en
estos casos que he mencionado esa influencia, Gaitán y Perón la utilizaron en un
sentido positivo, porque hay que ver que Perón hizo reformas sociales. Perón
comete, digamos, un error: ofende a la oligarquía argentina, la humilla, le
quita el teatro simbólico y algunas instituciones simbólicas; trabajó con las
reservas y los recursos que tenía el país y mejoró las condiciones de vida de
los trabajadores, y los obreros son muy agradecidos y Perón se convirtió en un
ídolo de los trabajadores.
(*) Director de Le Monde
Diplomatique.
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