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22 de abril de 2006
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El Periódico
de Catalunya - 22 de abril de 2006
La megapotencia
• Si China sigue con su crecimiento,
en el 2041 puede superar a EEUU y ser la primera economía mundial
Ignacio Ramonet
Director de Le Monde Diplomatique
El día en que
China despierte..." solíamos decir hasta hace poco, dejando
planear la idea de la amenaza gigante que un día podía
cernirse sobre el planeta. Hoy sabemos que este inmenso país
ya ha despertado, y de qué manera. Y ahora se trata de
preguntarse sobre las consecuencias que su impresionante
recuperación puede tener sobre la marcha del mundo. Este
coloso demográfico (1.350 millones de habitantes) no inició su
gran reforma económica hasta después de la muerte de Mao
Zedong en 1976, y más concretamente a partir de 1978,
cuando Deng Xiaoping asumió el poder. Basado en la
abundancia de una mano de obra dócil y mal pagada, en la
acogida masiva de plantas de ensamblaje de piezas instaladas
por firmas extranjeras, en la exportación a gran escala de
productos muy baratos y en la llegada de inversiones en
divisas, su modelo de desarrollo fue, durante bastante tiempo,
considerado como "bastante arcaico". A lo largo de los años
80, y aun a pesar de seguir siendo comunista, China no tan
sólo dejó de dar miedo, sino que, con la euforia de la
globalización liberal naciente, fue presentada por inversores
siempre atentos como una verdadera ganga ante centenares de
firmas occidentales que deslocalizaban sus fábricas (después
de despedir, en Europa o Estados Unidos, a millones de
asalariados). En muy poco tiempo y gracias a su red de "zonas
económicas especiales" instaladas a lo largo de su franja
marítima, China se convirtió en una fenomenal potencia
exportadora y dejó al mundo estupefacto, poniéndose a la
cabeza en los sectores textil, del calzado, de los productos
electrónicos y de los juguetes. Los productos made in
China invadían el planeta (¡el excedente comercial de
Pekín alcanzó una vez más, en 2005, casi los 100.000 millones
de dólares! ), penetrando especialmente el mercado
estadounidense, y generando entonces un desequilibrio
gigantesco con respecto a aquel país-
ESTE FUROR
exportador provoca un espectacular despegue del crecimiento
que, desde hace ya dos décadas, cada año sobrepasa el 9%. Para
millones de hogares, este "comunismo democrático de mercado"
ha generado también un verdadero aumento del poder adquisitivo
y del nivel de vida. Aunque los salarios resulten poco
elevados comparados a los de los países ricos, han aumentado
un 12% cada año durante la última década. Todo lo cual ha
favorecido la ascensión de un verdadero capitalismo
chino. Con idéntico impulso se lanzó el Estado a una
frenética modernización del país a marchas forzadas,
multiplicando la construcción de infraestructuras: puertos,
aeropuertos, autovías, ferrocarriles, puentes, embalses,
rascacielos, estadios para los Juegos de Pekín del 2008,
instalaciones para la Exposición Universal de Shanghai del
2010, etcétera. Este tremendo volumen de obras y la nueva
fiebre consumista de los nuevos ricos chinos añadió una
nueva dimensión a la economía: en muy poco tiempo, China, que
sembraba el terror como potencia exportadora invasora, se
convertía en un gigante importador cuya insaciable voracidad
preocupa seriamente. Se ha convertido en la primera
importadora de cemento (55% de la producción mundial), de
carbón (40%), de acero (25%), de níquel (25%) y de aluminio
(14%). Y en la segunda importadora de petróleo, después de
Estados Unidos. En los mercados, estas compras masivas han
desencadenado una auténtica subida de precios, en particular,
del petróleo. Admitida en el 2001 en el seno de la
Organización Mundial del Comercio (OMC), de la que formará
parte a partir del 2007, China es desde ahora una de las
mayores economías del mundo, más exactamente, la sexta. China
tira como una locomotora de la actividad económica del
planeta. Durante estos últimos años su expansión ha
contribuido a una tercera parte del crecimiento económico
mundial. Cualquier sobresalto suyo tiene un impacto inmediato
en la totalidad de la economía mundial. Y su margen de
expansión sigue siendo gigantesco, ya que en conjunto, el país
sigue subdesarrollado. La desigualdad entre las regiones
costeras ricas y el interior pobre del país constituye una
gran preocupación para el Gobierno, ya que esto genera
constantes reivindicaciones. Las autoridades admiten que en el
2004 hubo más de 74.000 manifestaciones de protesta por todo
el país, que a menudo fueron violentamente reprimidas. Si
China sigue con ese crecimiento, a partir de 2041 podría
superar a Estados Unidos y convertirse en la primera potencia
económica mundial. Lo que implicaría mayores consecuencias
geopolíticas. Y también significaría que, a partir de 2030, su
consumo de energía equivaldría a la suma del consumo actual de
Estados Unidos y Japón, y que, al no haber suficiente petróleo
para satisfacer sus necesidades, de aquí hasta el 2020 se
vería obligada a doblar su capacidad nuclear y construir dos
centrales atómicas al año durante 16 años.
CHINA ES HOY
la segunda contaminadora del planeta, con lo que para entonces
se habrá convertido en la primera contaminadora, a pesar de
haber ratificado el Protocolo de Kioto en el 2002, y
desprenderá masas colosales de gases de efecto invernadero que
empeorarán los efectos del cambio climático en curso. A
este respecto, China constituye un caso de estudio y un
anticipo de la cuestión que se planteará el día de mañana
sobre los demás gigantes del Sur: la India, Brasil,
México, Egipto, Nigeria, África del Sur, etcétera: ¿cómo sacar
a miles de millones de personas de la trampa del subdesarrollo
sin hundirles en un modelo productivista y de consumo a la
occidental, nefasto para el planeta y para el conjunto de la
humanidad?
Traducción Toni Tobella y Caroline
Bouquet.
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