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vuelco. La nueva actitud de Estados Unidos
respecto de Irán a propósito del contencioso nuclear constituye un vuelco
espectacular. Es preciso recordar que, hace apenas dos meses, altos
responsables estadounidenses consideraban todavía como "opción posible"
(1) el lanzamiento de ataques selectivos para obligar a Teherán -"uno de
los motores del terrorismo mundial", según el secretario de Defensa Donald
Rumsfeld- a que abandonara su programa nuclear. Estos ataques implicaban
el uso de bombas antibúnker de ojiva atómica, de B61-11, y amenazaban
especialmente el complejo de Natanz, situado a 250 kilómetros de Teherán,
donde se encuentra una central de enriquecimiento de uranio. De acuerdo
con un alto responsable del Pentágono, la Casa Blanca estimaba que "el
único modo de resolver el problema es cambiar la estructura del poder en
Irán, y eso significa una guerra" (2). En eso estaban cuando
de pronto las cosas cambiaron radicalmente. Reunidos en Viena el 1 de
junio, los ministros de asuntos exteriores de los cinco países miembros
permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (Estados
Unidos, China, Francia, Reino Unido, Rusia) y de Alemania han elaborado un
documento que formula, en un tono esta vez conciliador y desprovisto de
amenazas, nuevas propuestas para poner fin al contencioso. Propuestas que
el alto representante de la Unión Europea para la política exterior,
Javier Solana, entregó el 6 de junio en Teherán a Ali Larijani, secretario
del Consejo Supremo de la Seguridad Nacional y principal negociador iraní
en la cuestión.
Aunque el contenido del documento no es de dominio
público, se sabe que en él los seis reconocen el derecho de Irán,
signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) a acceder a la
energía nuclear civil, y se comprometen a ayudarlo a comprar reactores de
agua ligera. Además proponen poner fin al embargo económico,
proporcionarle piezas de repuesto que necesita su aviación civil, y
prometen apoyar su candidatura ante la Organización Mundial del Comercio
(OMC) a la que Washington ya ha opuesto su veto en dieciocho ocasiones...
La verdadera concesión está en otra parte: el Gobierno de Estados
Unidos, que hasta el momento se negaba de modo absoluto a hacerlo, acepta
sentarse a la mesa de negociaciones al lado de las otras cinco grandes
potencias para discutir directamente con los iraníes. Con la única
condición de que suspendan el programa de enriquecimiento de uranio.
También Teherán parece apostar por el apaciguamiento, y se da tiempo
para reflexionar antes de responder. Las primeras señales son alentadoras.
Ali Larijani admitía que "en estas propuestas hay pasos positivos". Y el
ministro iraní de Asuntos Exteriores Manucher Mottari, aun reconociendo
que su país tiene que esforzarse por disipar las inquietudes
internacionales, se ha declarado optimista: "Es un paso adelante. El año
pasado los europeos nos habían dicho: ‘Este es nuestro plan, lo toman o lo
dejan'. En cambio ahora nos dicen: ‘Aquí tienen una propuesta, podemos
discutirla, estudiarla y negociarla por canales diplomáticos'. Es
positivo. Admiten que es negociable una vez que la hayamos estudiado.
Estados Unidos ha aceptado participar en la negociación, y recibimos con
placer esta decisión" (3).
¿Cómo explicar el cambio de Estados Unidos?
Ante todo está el derecho indiscutible de Irán -potencia regional de 76
millones de habitantes y gran proveedor de hidrocarburos, que no ignora
que la disminución de la producción de petróleo es inevitable- a
preocuparse por su futuro energético. Y a apostar por tecnologías
nucleares civiles. A pesar de más de dos mil inspecciones desde 2003, la
Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) nunca ha podido ofrecer
la menor prueba de que la República islámica desarrollara un programa
nuclear militar, el único que prohíbe el TNP.
Rusia y China reconocen
que los iraníes tienen que hacer un esfuerzo por crear un clima de
confianza, pero defienden el derecho de Teherán a disponer de energía
nuclear civil. Estos dos Estados se opondrían a toda sanción contra Irán
si esa cuestión se dirimiera en la ONU. Acaban de reiterar su solidaridad
con ocasión de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái
(OCS) que se celebró en esa ciudad china a mediados de junio.
Sin duda
pesaron también otras consideraciones. Por ejemplo, el fracaso de la
ocupación de Irak, donde los chiítas proiraníes son paradójicamente los
mejores aliados de Washington; la amenaza iraní de hacer volar en caso de
ataque el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% de la producción
mundial de crudo; la intención de Irán de exigir el pago de las
exportaciones de petróleo y gas en moneda europea, después de haber
convertido ya a euros la mayor parte de las reservas de divisas, dado que
Teherán sabe que en este momento el dólar es el talón de Aquiles de
Estados Unidos...
Sea como fuere, en vísperas de la Cumbre del G8 en
San Petersburgo del 15 al 17 de julio, los dos bandos tienen interés en
buscar un compromiso.
Notas:
(1) The Washington
Post, 9 de abril de 2006.
(2) Seymour M. Hersh, "The Iran plans", The
New Yorker, 17 de abril de 2006.
(3) El País, Madrid, 15 de junio de
2006.