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31 de julio de 2006
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El Periódico
de Catalunya - 30 de julio de 2006
¿Por qué arde el Líbano?
• La inexperiencia del Gobierno
de Israel es un factor decisivo en el conflicto
actual
Ignacio Ramonet
Director de Le Monde Diplomatique
Como en
el viejo cuento del huevo y la gallina, en los enfrentamientos
entre Israel y los árabes nunca se sabe quién empezó primero.
Algunos se remontan a la Biblia. Otros dicen que hasta en ella
(léase el Libro de Josué) está escrito que al llegar
los hebreos a la Tierra prometida ya estaban allí los
filisteos, o sea, los palestinos... La teoría de las causas
no es la más adecuada para entender lo que está pasando en el
Líbano y por qué ha estallado este enésimo conflicto cuyas
consecuencias podrían poner en llamas todo Oriente Próximo. En
el origen de esta nueva guerra hay cuatro ingredientes que,
asociados, han producido la conflagración actual. Está,
primero, la aplastante victoria de Hamás (que no reconoce la
existencia de Israel) en las elecciones palestinas del 25 de
enero. Elecciones consideradas por los observadores
internacionales como "perfectamente democráticas" (cosa que no
se puede decir de las de Egipto, por ejemplo, o de Arabia
Saudí, o las de cualquiera de los países árabes moderados
aliados de Occidente). Por haber votado mal, los palestinos
han sido castigados por la comunidad internacional. Bajo
presión de Israel, muy pocos países han reconocido al nuevo
Gobierno palestino y, peor aún, le ha sido retirada la ayuda
internacional. Esta injusticia y el mantenimiento de los
asesinatos selectivos por parte de los israelís contra
dirigentes de Hamás exasperaron los ánimos. Y un grupo armado
llevó a cabo, el 25 de junio, una espectacular operación de
comando en la que hizo prisionero a un cabo israelí, Gilad
Shalit. Con esa acción dio comienzo el capítulo actual del
conflicto. El segundo ingrediente, que a primera vista no
tiene nada que ver, es la voluntad de Irán de dotarse de la
tecnología nuclear civil, a la que tiene derecho. Washington,
Jerusalén y otras capitales sospechan que Teherán quiere
obtener, con ese pretexto, la bomba atómica. Y, como los
iranís ya poseen misiles de largo alcance, podrían golpear
Israel. Sobre todo porque su nuevo presidente, Mahmud
Ahmadineyad, ha hecho reiteradas declaraciones poniendo en
duda no solo la realidad del Holocausto, sino la propia
existencia de Israel. Esto ha creado una atmósfera de crisis
internacional y se ha barajado la posibilidad de que EEUU, con
o sin la ayuda de Israel, ataque preventivamente Irán para
destruir sus infraestructuras nucleares. Para el Estado Mayor
israelí, Irán es, con mucho, el peor peligro. Y existen planes
concretos elaborados por sus expertos para suprimir ese riesgo
de forma radical, como Israel hizo ya en 1981 destruyendo la
central Osirak de Irak, donde se suponía que Sadam
Husein estaba fabricando su bomba nuclear.
EL
TERCER ingrediente es Hizbulá, aliado de Hamás. Ambas
organizaciones practican la lucha armada contra Israel y son
islamistas, aunque la primera es chií, y la otra, suní. Por
solidaridad con los palestinos, sometidos a crueles
represalias por los israelís tras el 25 de junio, y con la
intención de aliviar la presión creando una distracción en el
norte, Hizbulá atacó el 12 de julio e hizo prisioneros a dos
militares israelís. Esta organización se desarrolló y
fortaleció durante la ocupación del sur del Líbano por Israel,
entre 1982 y mayo del 2000. Ha puesto a punto técnicas de
guerrilla muy eficaces que causaron estragos entre las fuerzas
ocupantes, lo que provocó la retirada de Israel del sur del
Líbano. Esto ha proporcionado a Hizbulá la reputación de ser
la única fuerza que ha conseguido vencer al Ejército israelí,
lo que le ha granjeado una excepcional popularidad, no solo en
el seno de la comunidad chií, sino en todo el Líbano. Su jefe,
Hasán Nasralá, es más que un héroe nacional: un
auténtico mito venerado por las masas pobres chiís en todo
Oriente Próximo (incluido Irak). El cuarto y ultimo
ingrediente de la crisis actual es quizá el más determinante:
la inexperiencia del Gobierno israelí y, en particular, de los
dos dirigentes más implicados en este asunto: Ehud
Olmert, un exabogado hoy primer ministro, y Amir
Peretz, un exsindicalista recién nombrado ministro de
Defensa. Los dos son novatos desprovistos de peso político
frente a los militares. E ignoramos en qué medida el Estado
Mayor de las fuerzas armadas israelís está manipulando la
inexperiencia de ambos para convertir en realidad escenarios
de guerra con los que soñaba. Hay que recordar que los dos
primeros ministros que precedieron a Olmert, Ehud
Barak y Ariel Sharon, eran veteranos generales a
quienes los oficiales no podían influir fácilmente. Tanto
Olmert como Peretz (sobre todo este, que viene
de la izquierda) no quieren dar impresión de debilidad frente
a los adversarios de Israel. Por eso tienen tendencia a
compensar autorizando operaciones de brutalidad demencial, sin
relación, por su desproporción, con la retención de tres
militares israelís.
HAY QUE considerar Oriente Próximo
como un tablero de ajedrez donde se está jugando una trágica
partida. Y el problema consiste en saber si Israel ha
utilizado el secuestro de Gilad Shalit como pretexto
para destruir a Hizbulá y, más allá, atacar a Siria y, sobre
todo, a Irán; o si Hamás, previendo la reacción de Israel, le
tendió una trampa el 25 de junio sabiendo que luego atacarían
el sur del Líbano, donde las expertas milicias de Hizbulá
infligirían a los israelís una humillante derrota militar. Los
dos guiones son posibles. En los dos casos han sido elaborados
por aprendices de brujos, causantes de la tragedia
actual.
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