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2 de febrero de 2008
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SinPermiso
- 27 de Enero de 2008
Entrevista a Ignacio Ramonet
La crisis política del Foro Social Mundial
Ignacio Ramonet es desde 1991 redactor jefe del mensual Le Monde Diplomatique. En
1997 dio pie con su artículo "Quitad el poder a los mercados" a la
fundación del movimiento internacional Attac. Fue uno de los
iniciadores en 2001 del primer Foro Social Mundial en Porto Alegre,
co-firmando en 2005 el Manifiesto de Porto Alegre. El pasado 12 de
enero participó en el Simposio Rosa Luxemburgo en Berlín con una
conferencia sobre el
fracaso del "cuarto poder", exigiendo mayores esfuerzos en la
construcción de medios de comunicación resistentes para el
movimiento anticapitalista. Marie
Dominique Vernhes y Peter Strotmann le entrevistaron para el
semanario alemán de izquierda Freitag.
Marie Dominique Vernhes y Peter Strotmann
En el Foro Social Mundial de 2006 dijo usted
que habría que hacer fracasar el proyecto militar estadounidense.
Era necesario, a fin de crear un margen de maniobra suficiente, sin
la existencia del cual todo progreso social y democrático resultaría
vulnerable. ¿Sigue opinando lo mismo, dos años después?
En principio, sí. Por otra parte, ahora
surgen procesos que ya eran importantes en 2006, y que ahora tienen
una más robusta presencia. Ahora vemos más claramente que entonces
el fin la era del petróleo. Tenemos petróleo para quizá todavía 40 o
60 años. Esta materia prima llegará en el futuro a alcanzar un
precio tal, que sólo unos pocos países podrán permitirse mantener un
suministro energético fundado en el petróleo. Eso se convertirá en
una cuestión estratégica, como se pudo ver en los pasados años.
Finalmente, el dominio militar del mundo por
parte de EEUU está determinado por el control del petróleo. Por eso
están los EEUU en Oriente Próximo y en África, por eso están en
pugnaz hostilidad con Venezuela y Rusia. Existe el peligro de nuevas
guerras futuras por el petróleo.
Un segundo tema del que ya éramos
conscientes es el de la crisis ecológica. Las consecuencias del
cambio climático son más drásticas de lo previsto. Eso obliga a
repensar radicalmente el suministro energético, obviamente en el
sentido de las energías renovables, pero en algunos países también
en el sentido de la energía nuclear, con todos los peligros
resultantes de ello para la humanidad.
¿Cómo
valora usted el espectacular auge de algunos países del
Sur?
India y China no sólo representan una buena
tercera parte de la población mundial. Si además añadimos Brasil,
Sudáfrica y Rusia, se ve entonces que el peso económico de ese grupo
de Estados como motor de la economía mundial ha llegado a ser mayor
que el de EEUU. Esos países están en vías de disponer de fondos
soberanos estatales que los pondrán en situación de actuar sobre el
núcleo mismo de la globalización. En mi opinión, entonces, se
planteará más temprano que tarde la cuestión de una vuelta al
proteccionismo. Si países como China o la India, pero también Corea
del Sur, Malaysia o Indonesia se convierten en la fábrica del mundo,
apenas podrá seguir exportándose algo allí, por mucho que esos
Estados representen las nuevas potencias económicas que podrían
comprar algo. ¿Qué pasará entonces con las industrias de los países
desarrollados de Occidente?
A fin de cuentas, se trata de un peligro que
conocemos de hace tiempo, pero que nunca valoramos con la urgencia
con que ahora se plantea con el crac de los mercados de valores en
EEUU. La crisis hipotecaria tiene consecuencias para los grandes
bancos norteamericanos, que ahora tienen que ser salvados con fondos
soberanos estatales, sobre todo de los países árabes. Puesto que
también los bancos en Alemania y en Suiza se ven afectados, se
plantea la cuestión de si lo que está en puertas es una recesión
económica mundial. ¿Podrían convertirse China, India y otros en el
motor de la economía mundial, si el motor de EEUU falla? Si tal no
ocurriera, tendríamos una crisis económica de alcance planetario.
¿Ve usted síntomas de decadencia también en
el potencial militar de EEUU?
En este aspecto los EEUU son todavía el
número uno. Pero Oriente Próximo revela que su poder militar no les
consiente ganar guerras asimétricas: los EEUU no han logrado ganar
la guerra de Irak. Tal vez consigan mantener en jaque a Irak, pero
estas cosas nunca se sabe cómo terminan. Los norteamericanos tampoco
pueden ganar la guerra en Afganistán. Israel no puede ganar la
guerra contra los palestinos, al menos no militarmente, aunque acaso
sí políticamente. Lo que se aprecia en esa región del mundo es que
la superioridad militar no lleva forzosamente a la victoria militar.
¿Lo que significa...?
Significa que EEUU no marchará contra Irán.
Tal vez lo bombardeen, pero no lo invadirán, como a Irak, con tropas
terrestres. Significa también que los norteamericanos quedarán tan
agotados con todos esos conflictos, que no podrán permitirse por un
cierto tiempo aventuras militares importantes. Por lo demás, Rusia
está otra vez en vías de convertirse en una potencia militar de
rango mundial relevante. Vemos, pues, que, desde el punto de vista
del balance militar, y tras un orden unipolar, está apareciendo de
nuevo una relación de fuerzas multipolar.
En esas circunstancias, ¿cómo pueden seguir
desarrollándose los movimientos sociales, y en particular, qué
futuro aguarda a los Foros Sociales Mundiales?
Desgraciadamente, los movimientos sociales
internacionales son por ahora incapaces de encontrar una forma de
conexión reticular que les permita actuar más a la una. No se está
en condiciones de fijarse objetivos que vayan en una misma
línea.
¿Y eso les impide a los movimientos sociales
responder adecuadamente a la situación actual?
En efecto. Porque hemos atravesado distintas
fases. La primera consistió en definir la globalización. A mediados
de los 90 todavía no existía el movimiento, porque no sabía contra
qué luchar. Fue preciso que muchos intelectuales y muchas fuerzas
políticas definieran conjuntamente al enemigo; el enemigo era la
globalización.
En la segunda fase se juntaron todos
quienes, sin acaso saberlo, luchaban contra la globalización, en el
Sur y en el Norte. Se consiguió eso. Se tiene evidentemente la
impresión de que esos éxitos –señaladamente, la fundación del Foro
Social Mundial— han acabado por paralizar al movimiento. El
movimiento es hoy –potencialmente— fuerte, como nunca antes. Es, a
escala planetaria, la única fuerza en alguna medida organizada que
resiste a la globalización, pero no sabe qué hacer con esa fuerza.
Se desperdician oportunidades, al menos yo lo veo así. Hoy
estaríamos en condiciones de llevar a cabo luchas a escala mundial.
Recuerde sólo las grandes manifestaciones contra la guerra de Irak.
Ha llegado la hora de que movimientos como
el del Foro Social Mundial dejen de ser sólo movimientos exitosos de
resistencia y entren en una nueva etapa, con otras formas de lucha.
¿Por qué lo dice con tanto énfasis?
La
ofensiva ideológica de la globalización prosigue. Podemos constatar
que el movimiento ya no amedrenta a los dominadores. Apenas hablan
ya de él. Desde que Attac entró en crisis en Francia, la prensa
francesa apenas habla ya de Attac. Tampoco se habla ya del Foro
Social Mundial. A nosotros nos preocupa ese silencio, porque
demuestra que los otros han ganado la batalla, y desde luego, a
causa de la dispersión. Por eso creo yo que las organizaciones
principales que constituyen el Foro Social Mundial están obligadas a
plantearse la pregunta: ¿Qué será de nosotros? ¿Qué
debemos hacer?
A
todo eso, la cuestión de la toma del poder resulta esencial. Todo el
movimiento se ha formado en la idea básica de que no puede tratarse
de tomar el poder. Yo
me pregunto, si eso sigue siendo hoy valedero. La
experiencia en América Latina muestra que, con el poder en la mano,
algo se puede lograr. Desde luego eso es en Europa más difícil,
debido a la camisa de fuerza que es la Unión Europea.
Con la palabra América Latina va hoy, quieras que
no, el concepto del "Socialismo del siglo XXI". ¿Es una
alternativa?
Es, por lo pronto, una obra en construcción.
El propio Hugo Chávez, que lanzó ese concepto, no podría dar una
definición de socialismo del siglo XXI, si se le preguntara. El
mismo Fidel Castro dice que el socialismo se halla hoy en una
crisis, lo que hace que haya distintas nociones del mismo. Él es muy
consciente de eso, como pudo comprobar en mis conversaciones con él.
Chávez está en claro respecto del hecho de
que, en un proceso de transformaciones políticas, llega un momento
en que hay que pasar de la práctica a la teoría. Es exactamete lo
que hizo Marx: el capitalismo existía ya, cuando Marx definió lo que
es capitalismo. Ya había movimientos revolucionarios, cuando Lenin
elaboró teóricamente las obsrbaciones sobre sus luchas, lo mismo que
hiciera Marx con la Comuna de París.
Chávez procede del mismo modo: en América
Latina lo que impera hoy es sobre todo la vitalidad de los
movimientos de base, no la de los partidos políticos. Chávez no fue
elegido por un partido político (la socialdemocracia estaba y sigue
estando contra él). Son las organizaciones de base con su proteica
multiplicidad en los barrios o en las regiones, son mujeres,
hombres, los indígenas con sus correspondientes reivindicaciones.
Son ellos quienes han ayudado a triunfar a personalidades como
Chávez o el nuevo presidente ecuatoriano Rafael Correa. Este tipo de
políticos se vinculan con los movimientos sociales, dándoles así la
posibilidad de tener audiencia y de introducir reformas, por
ejemplo, en materia educativa y sanitaria. Pero llega un momento en
que eso no puede ya seguir siendo un instrumento estable. Hay que
pasar a la teoría y preguntarse: ¿qué conservamos de todas esas
experiencias? El resultado es el Socialismo del siglo XXI.
Sobre el cual, empero, todavía no se sabe
gran cosa...
... no necesariamente. Tendríamos
que contemplar los diez años hasta ahora transcurridos de Revolución
Bolivariana, así como la situación mundial antes descrita, con sus
aspectos ecológicos y energéticos. ¿Cómo podemos elaborar
conjuntamente todos esos elementos en un esquema teórico que no sólo
tenga validez para Venezuela, sino para la entera humanidad? El
resultado es, de nuevo, el Socialismo del siglo XXI.
El proceso en el que ahora nos hallamos va
más allá de la situación que teníamos con el Subcomandante Marcos y
los zapatistas en México. Marcos jugó un papel extremadamente
importante en punto a convencer a muchos resistentes del mundo de la
necesidad de unirse. Dio un impulso muy importante en esa dirección,
lo mismo que Pierre Bourdieu en Francia, o Noam Chomsky, o el
movimiento sindical, o Le
Monde Diplomatique, o Attac. Pero llega un momento en que hay
que pasar a una nueva fase. Cuando se fetichiza la idea de que los
movimientos sociales son lo único que puede actuar efectivamente,
entonces el movimiento se paraliza.
Usted ha conversado mucho con Fidel Castro,
y ha escrito un libro resultado de esas conversaciones. En su
opinión, ¿que experiencias cubanas habría que admitir, y cuáles
evitar?
Habría que evitar, por lo pronto, la
confrontación con la primera potencia de la Tierra. Eso es, claro
está, dificilísimo, pero cuando uno está expuesto a un bloqueo de
los EEUU, las restricciones consiguientes hacen la vida muy difícil.
También habría que evitar el que sólo estuviera permitido un único
partido. Digna de imitación me parece, en cambio, toda la política
social. Pero no sólo ella: hay una política de constante consulta a
los trabajadores. En Cuba hay pleno empleo. Las cooperativas surgen
con toda libertad, especialmente en el campo.
Cuba
es un país muy pequeño que no está en condiciones de vivir
autárquicamente, y ha padecido a lo largo de su historia tres
dependencias: de España, primero, luego de EEUU y luego, y aun
siendo harto distinta, la de la URSS. Yo creo que los cubanos lo que
quieren es dejar de ser dependientes. Quienes hablan ahora de una
dependencia respecto de Venezuela pasan por alto que se trata ahora
de una relación de muy otra naturaleza. Porque lo que los cubanos
pueden ofrecer a cambio es muy importante. Aunque no se puede
cuantificar en términos petrolíferos, es acaso de mayor importancia.
Gracias a los maestros cubanos, el analfabetismo ha sido erradicado
en Venezuela. Vea usted en cambio lo que ha ocurrido en Nicaragua,
en donde hubo, bajo los sandinistas, una importante campaña de
alfabetización: el analfabetismo ha reaparecido y ahora el 35% de
las personas son analfabetas. ¡Esto es dramático!
De modo, pues, que una buena cantidad de
experiencias cubanas merecen ser conservadas, y yo creo que los
mismos cubanos quieren mantener mucho de lo que les hace únicos. Mas
en ese país hay una sociedad compleja, no monolítica. Un partido
único no está en condiciones de representar la muchedumbre de
aspiraciones de los cubanos.
Castro dice que esa multiplicidad puede hallar cabida en el partido
único.
Es verdad, pero lo que dice sobre todo es
que en un país amenazado por la primera potencia mundial, la unidad
es lo más importante que hay que conservar. Por eso es tan
palmariamente elemental que esa amenaza debe cesar. El día que cese,
habrá progresos en el reconocimiento de la múltiple pluralidad de la
sociedad cubana. A menudo se habla del modelo chino, pero los
cubanos se miran también en el espejo de lo que ocurre en Vietnam.
Ignacio Ramonet es el redactor jefe de Le Monde Diplomatique.
Freitag, 25 enero 2008
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