Ignacio Ramonet - rodelu.net |
20 de febrero de 2008
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La
Nación de Chile - 20 de febrero de 2008
El futuro de Cuba depende de Estados Unidos
Nadie puede reemplazar cabalmente a Castro, pero el rumbo
de Cuba ahora está claro. Su futuro depende de quién llegue a
la Casa Blanca en las próximas elecciones presidenciales de
noviembre.
Ignacio
Ramonet*
La larga y extraordinaria carrera política de Fidel Castro ha
terminado, al menos en lo que concierne a la Presidencia de Cuba.
Pero su enorme influencia sobrevivirá.
Sus habituales columnas en el diario estatal Granma (las que ha
continuado escribiendo durante su enfermedad) persistirán. Sólo
variarán de título: en vez de ser las reflexiones del comandante en
jefe, ahora serán, simplemente, las del viejo camarada Fidel Castro.
Sin embargo, para los cubanos, como para los observadores
extranjeros, seguirán mereciendo ser leídas con atención. No puede
haber reemplazo para Fidel. No sólo debido a sus cualidades como
líder, sino porque las circunstancias históricas nunca volverán a
ser las mismas.
Castro lo ha vivido todo, desde la revolución cubana a la caída
de la Unión Soviética, además de décadas de enfrentamiento con
Estados Unidos. El hecho de que se vaya mientras está vivo
contribuirá a asegurar una transición pacífica.
El pueblo cubano acepta ahora que el país aún puede ser gobernado
de la misma manera por un equipo diferente. Durante un año y medio
se han venido acostumbrando a la idea, mientras Castro seguía en
teoría en la Presidencia del país pero era su hermano Raúl quien
sostenía las riendas. Como siempre, el mentor era Fidel.
La cosa más sorprendente que descubrí sobre este hombre, durante
las horas que pasamos juntos compilando sus memorias, fue lo
modesto, humano, discreto y respetuoso que era.
Tiene un tremendo sentido moral y ético. Es un hombre de
rigurosos principios y de vida sobria. También descubrí que es un
apasionado del medio ambiente.
No es el hombre al que describen los diarios occidentales, ni
tampoco el súper-hombre que los medios cubanos a veces presentan.
Es, además, un estratego ejemplar, que ha llevado una vida de
resistencia constante. Se da en él una curiosa mezcla de idealismo y
pragmatismo: sueña con la sociedad perfecta pero sabe que las
condiciones materiales son muy difíciles de transformar.
Deja el cargo confiado en que el sistema político de Cuba es
estable. Su preocupación actual no es tanto el socialismo en su
propio país como la calidad de la vida alrededor del mundo, donde
demasiados niños son analfabetos, sufren hambre y padecen
enfermedades que podrían sanarse.
Por eso piensa que su país debe tener buenas relaciones con todas
las naciones, cualesquiera sean sus regímenes u orientaciones
políticas. Ahora entrega el poder a un equipo al que ha probado y en
el que confía.
Esto no conducirá a cambios espectaculares. La mayoría de los
propios cubanos (incluso los que critican aspectos del régimen) no
visualizan ni desean ciertos cambios: no quieren perder las ventajas
que les han brindado la educación gratuita hasta la universidad, la
atención de salud universal gratuita o el hecho de una existencia
segura y pacífica en un país donde la vida se desarrolla en
calma.
Y mientras Castro se convierte en columnista a tiempo completo,
la principal tarea para sus herederos políticos será cómo enfrentar
el desafío perpetuo de la vida cubana: las relaciones con Estados
Unidos.
Debemos esperar para ver si se producen cambios. Raúl Castro ha
anunciado públicamente dos veces que está preparado para sentarse a
conversar con Washington sobre los problemas entre los dos
países.
Pero es en el mismo Estados Unidos donde puede producirse un giro
más notorio: el hasta ahora ganador candidato demócrata Barack Obama
ha señalado su disposición a tratar con los enemigos o adversarios
percibidos de EEUU, sean estos Irán, Venezuela o Cuba.
Sería improbable un cambio inmediato y radical, pero existen
razones para esperar que la elección de noviembre por lo menos
altere la atmósfera después de los años de Bush, una Presidencia que
Castro ve como la más dañina para todo el planeta, de las 10 que ha
conocido.
La partida de Bush conducirá posiblemente a EEUU a una
reevaluación de su política exterior: aprender de las desastrosas
lecciones de Irak y el Medio Oriente y volver el foco a América
Latina. EEUU encontrará una situación cambiada: por primera vez,
Cuba tiene amigos genuinos en el poder en América Latina, en
particular en Venezuela, pero también en Brasil, Argentina,
Nicaragua y Bolivia, un conjunto de gobiernos que no son
especialmente pro estadounidenses.
Está en el interés de EEUU redefinir sus relaciones con todos
ellos: no colonialistas, no explotadoras y basadas en el respeto.
Cuba, mientras tanto, ha desarrollado relaciones más estrechas con
los países socios en el marco de la organización económica y
política ALBA y mediante acuerdos con el área comercial del
Mercosur.
En el cuadro internacional mayor, ya no es un caso único. Es en
este plano internacional donde probablemente se producirán los
cambios más visibles en la política cubana. Su socialismo sin duda
se verá alterado, pero no a la manera de China o Vietnam. Cuba
seguirá transitando por su propia vía.
El nuevo régimen iniciará cambios en el nivel económico, pero sin
perestroika cubana, apertura política ni elecciones
multipartidarias. Sus autoridades están convencidas de que el
socialismo es la opción correcta, pero que debe ser mejorada para
siempre.
Y su preocupación ahora, más que nunca tras el retiro de Castro,
será la unidad. Pero en Cuba todo está relacionado con EEUU: ése es
el aspecto fundamental de la vida política que los extranjeros deben
comprender. El retiro de Castro, anticipado desde hace tiempo,
significa continuidad. Pero en la evolución histórica de esta
pequeña nación, la elección de Obama podría ser sísmica.
*Coautor con Fidel de “Fidel Castro: mi vida” y
editor de Le Monde
Diplomatique
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