Ignacio Ramonet - rodelu.net |
3 de marzo de 2008
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Le
Monde Diplomatique en español - Marzo de 2008
Fidel Castro, del primer al cuarto poder
Mediante un mensaje publicado el martes 19 de febrero
en el diario de La Habana Granma , Fidel Castro anunció que pone
punto final a su larga y extraordinaria carrera política, renunciando a
ser candidato a su propia sucesión a la Presidencia de Cuba.
Ignacio
Ramonet
Permanecerá -por el momento al menos- como Primer Secretario del
Partido Comunista de Cuba (PCC), lo que está lejos de ser una función
menor en un sistema político de partido único. En principio deberá
anunciar la dimisión de este cargo en un congreso del PCC, pero no ha
habido congreso desde 1997. Hasta el momento, el cargo de Primer
Secretario no ha estado disociado del de jefe del Ejecutivo en ningún país
comunista. Es por lo tanto poco probable que Fidel Castro conserve su
cargo en el seno del Partido, pues ya ha renunciado también a ser
Presidente del Consejo de Ministros (primer ministro) y al grado de
Comandante en jefe.
De todos modos, su inmensa influencia sobre la
opinión pública cubana perdurará. Permanece en la lucha aunque cambie de
frente. Ha dicho en su mensaje que ahora se consagrará al "cuarto poder":
continuará escribiendo en el diario de mayor tirada de la isla, Granma
, "órgano central del Partido". En su actual cuartel general
clandestino, persiste como el combatiente que siempre ha sido, aunque sus
armas sean ahora exclusivamente las palabras y su batalla más que nunca la
de las ideas. El frente en el que lucha es, como diría Gramsci, el de la
hegemonía cultural por la cual siempre ha batallado.
Los
periodistas que, estos últimos días, se han alegrado con estruendo de su
"retirada definitiva", han simulado olvidar la influencia que ejercen los
medios de comunicación sobre la opinión pública. En el mundo de hoy, el
cuarto poder tiene a veces más poder que el primero. Y Fidel Castro ha
precisado que los artículos que no ha dejado de escribir durante su larga
convalecencia, van a continuar apareciendo. Sólo cambia el nombre de la
rúbrica: en lugar de "reflexiones del Comandante en jefe", se leerá a
partir de ahora simplemente "reflexiones del camarada Fidel" (por otra
parte ha solicitado que sus artículos no aparezcan más en la portada de
Granma sino más discretamente en la página 2). Podemos apostar a
que los cubanos, al igual que los observadores internacionales,
continuarán leyéndolo con la mayor atención, pues nadie reemplaza a Fidel
Castro como guía ideológico de la Revolución.
En la historia de su
país, su recorrido es único, no solamente en razón de sus cualidades de
líder sino también porque las circunstancias históricas que lo han
modelado no volverán a ser jamás las mismas. Fidel Castro ha pasado por
todo: la guerrilla en Sierra Maestra, la Revolución de 1959, las
agresiones armadas de Estados Unidos, la crisis de los misiles de octubre
de 1962, el apoyo a las guerrillas (entre ellas la de Che Guevara en
Bolivia), la desaparición de la URSS y decenios de enfrentamientos con
Estados Unidos.
El hecho de que abandone el Ejecutivo en vida
debería permitir, en Cuba, una evolución pacífica. En su mayoría, los
cubanos aceptan ver su país dirigido por un equipo diferente, pero de la
misma manera y por la misma vía socialista. Después de todo, Raúl Castro
tiene las riendas del gobierno desde hace más de un año y medio, y la vida
ha seguido su curso sin sobresaltos. Con pragmatismo, ha puesto en el
centro de la acción de su gobierno las cuestiones que preocupan a la
gente: la alimentación, el transporte, la vivienda, el coste de la vida.
Los ciudadanos han tenido tiempo para habituarse a la idea de que
Fidel Castro no iba a pilotar más el ejecutivo. En sus artículos más
recientes ha tenido cuidado en destilar, con pedagogía, informaciones muy
claras anticipando la decisión que acaba de tomar. Así, en diciembre de
2007, había advertido: "Mi deber elemental no es aferrarme a cargos, ni
mucho menos obstruir el paso a personas más jovenes, sino aportar
experiencias e ideas cuyo modesto valor proviene de la época excepcional
que me tocó vivir".
Más tarde, tras haber sido reelegido diputado
del Parlamento constituido el domingo 24 de febrero, había agradecido a
sus electores y se había excusado ante ellos por no haber podido hacer
campaña sobre el terreno a causa, explicaba, de su condición física que no
le permite más que escribir. En fin, en su mensaje de 19 de febrero, ha
añadido: "Traicionaría por consiguiente mi conciencia si ocupara una
función que exige movilidad y entrega total, que no estoy en condiciones
fisicas de ofrecer".
Personalidad con principios éticos y morales
rigurosos, y cuyo modo de vida es de gran austeridad y frugalidad, es
también, y se ignora a menudo, un apasionado por las cuestiones ecológicas
y del medioambiente. No es ni el monstruo que describen ciertos medios de
comunicación occidentales, ni el Supermán que presentan a veces algunos
medios de comunicación cubanos. Con una increible capacidad de trabajo, es
sobre todo un estratega de excepcion, un dirigente que ha vivido, frente a
la potencia norteamericana hostil, una vida entera de resistencia. Sin
haber cedido, ni haber sido vencido. Esa es su gran victoria.
Fidel Castro es una curiosa mezcla de idealismo y pragmatismo.
Sueña con una sociedad perfecta aun sabiendo que las condiciones
materiales son extremadamente difíciles de transformar. Deja su función
presidencial convencido de la estabilidad del sistema político cubano. Su
preocupación principal hoy no es tanto el socialismo en su propio país
como la mejora de la vida en un mundo desigual en el que millones de niños
siguen analfabetos, hambrientos y con enfermedades que podrían fácilmente
curarse.
El ex Presidente está convencido de que Cuba debe
mantener buenas relaciones con todas las naciones, cualquiera que sea la
naturaleza de sus regímenes o sus orientaciones políticas. Pasa el testigo
a un equipo experimentado, en el que tiene toda la confianza y este relevo
no debería implicar reformas espectaculares. A pesar de Washington, la
mayoría de los cubanos, incluso los que critican algunos aspectos del
sistema (limitacion de libertades y de derechos politicos), no contemplan
ni desean un cambio de rumbo radical. No quieren perder algunas ventajas
que el socialismo les ha ofrecido: educación gratuita; cobertura médica
universal; pleno empleo; vivienda gratuita; agua, electricidad y teléfono
casi gratuitos; y una existencia tranquila, con seguridad, con poca
delincuencia en un país en paz.
No hay duda, porque todo cambio de
hombre implica cambio de método, de que el socialismo cubano evolucionará.
¿Lo hará a la manera de China o de Vietnam? Probablemente no. Cuba
proseguirá su propia vía. Las nuevas autoridades introducirán seguramente
cambios en el ámbito económico, pero es poco probable que asistamos a una
"Perestroika cubana", o a una "apertura política", o a elecciones
multipartidistas. Las autoridades están convencidas de que este tipo de
"transición" reabriría el camino a una intromisión norteamericana y a una
forma más o menos disimulada de anexión. Consideran que el socialismo es
la buena elección aunque puede -y debe- ser perfeccionado. A corto y medio
plazo, su preocupación principal será, verdaderamente, mantener la unidad.
En el momento en que Fidel Castro pasa a convertirse en
periodista-editorialista con plena dedicación, la tarea principal que sus
herederos deben resolver es sobre todo remontar el eterno desafío de las
relaciones con Estados Unidos. Es un asunto determinante. En varias
ocasiones, Raúl Castro ha anunciado públicamente que estaba dispuesto a
sentarse a una mesa de negociaciones para discutir con Washington el
conjunto de los contenciosos entre los dos países.
Y es probable
que sea de Estados Unidos de donde pueda venir el signo político más
importante para la evolución en Cuba. ¿No ha anunciado claramente el
candidato actualmente en cabeza para la investidura demócrata, Barack
Obama, -quien, en 2003, en calidad de candidato al Senado, había abogado
por levantar el bloqueo económico y había reclamado rebajar las
restricciones para viajar y enviar fondos a Cuba-, su intención de
discutir con todos los países considerados como "enemigos" o "adversarios"
de Estados Unidos? Entre otros con Cuba. Él mismo ha reclamado, el 22 de
febrero, una necesaria transición en Estados Unidos, al menos sobre esta
cuestión, declarando que si hay signos de cambio en la isla, "Estados
Unidos debe estar preparado para avanzar hacia la normalización de las
relaciones y atenuar el embargo". Esto significaría una revolución
copernicana en la política exterior de Estados Unidos desde 1961.
Si bien nadie debe esperar un cambio político radical e inmediato
en La Habana, hace falta saber que las elecciones de noviembre próximo en
Estados Unidos podrían modificar la atmósfera de las relaciones
cubano-americanas. Sobre todo si el nuevo presidente decidiera
efectivamente poner fin al injusto embargo comercial unilateral impuesto a
Cuba desde hace más de cuarenta años. Ello además correspondería a la
actual sensibilidad de los cubanos instalados en Estados Unidos puesto
que, según una encuesta de la Universidad Internacional de Florida, el 65%
de los cubano-estadounidenses apoyan un diálogo con el régimen cubano.
Según Fidel Castro, George W. Bush habrá sido, para Cuba, pero también
para el pueblo norteamericano y para el mundo, el más nocivo de los diez
presidentes estadounidenses con los que le ha tocado bregar. La salida de
Bush en un año debería conducir a Washington -escaldado por las
desastrosas lecciones de Irak y de Oriente Próximo- a una revisión de la
política exterior norteamericana y sin duda a reorientarse hacia América
Latina.
Estados Unidos va a descubrir una situación drásticamente
diferente a la que él mismo moldeó en los años 1960-1990. Cuba ya no está
sóla. En el campo de la política exterior, los cubanos han reforzado mucho
sus lazos con el conjunto de Estados latinoamericanos. Por primera vez, La
Habana tiene verdaderos amigos en el poder, principalmente en Venezuela,
pero también en Brasil, en Argentina, en Uruguay, en Nicaragua, en Panamá,
en Haití, en Ecuador y en Bolivia. Algunos de estos gobernantes no son
particularmente proestadounidenses. Será por lo tanto interés de
Washington redefinir sus relaciones con cada uno de ellos. Relaciones que
no pueden ser neocoloniales o basadas en la explotación, sino basadas en
el respeto mutuo. Cuba ha intensificado en particular sus intercambios con
los países de la organización política y económica ALBA (Alianza
Bolivariana para las Américas) y ha firmado acuerdos de partenariado
económico con los Estados del Mercosur.
Es importante recordar
que, en gran parte, la evolución interna en La Habana va a depender de la
actitud que adopte en lo relativo a la isla el próximo presidente de
Estados Unidos. Mientras que, en Cuba, la retirada, finalmente esperada,
de Fidel Castro no modifica en nada el rumbo de la revolución, una
eventual elección en Estados Unidos de Barack Obama podría quizá provocar,
en la evolución de Cuba, un pequeño seísmo.
Notas:
(1) El autor de este artículo ha escrito un libro de
conversaciones con el dirigente cubano titulado: Fidel Castro,
biografía a dos voces , Editorial Debate, Barcelona, 2007 (edición
ampliada y revisada).
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