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Obligadas ministras de economía
En la gran mayoría de los casos, además de limpiar y preparar la comida, las
señoras deben ir diariamente por los víveres para la subsistencia del grupo
familiar, porque los demás trabajan, estudian, o simplemente porque no pueden
hacerlo todo a la vez, como ingenuas y poderosas ellas.
Susana Andrade
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Agregada ahora la novedad de que el gobierno progresista nos está enseñando a
comer mejor, a fin de estar más sanos, y para que los gurises se hagan grandes
saludablemente y con todas sus facultades potencialmente hábiles para
desarrollar las aptitudes. La combinación de alimentos, sus cuotas de ingestión,
los hábitos que logremos a la hora de llevar el sustento a nuestro organismo,
determinarán qué vida llevaremos y por ende los ciudadanos que tendrá un país.
Casi nada.
Es claro que la realización de ese importantísimo discurso, que además las
mujeres tenemos la habilidad de aprender e implementar con pasmosa y sencilla
rapidez, casi por ósmosis, dependerá también de los pesitos que encontremos
cuando revisemos la situación interna de nuestras magras billeteras, carteras o
similares. Y entonces ahí, la ingeniería de diseño, la maquinaria sutil y férrea
de casi una maga administradora de bienes y servicios casera, artista más que
artesana, desplegará su sabiduría adquirida a la fuerza y llevará al nido
seguramente, lo más rico y sano que las entradas del hogar le permitan.
Y ojo que a veces no es cuestión de plata y destreza, sino de horarios.
Porque la misma mujer que también trabaja afuera debe hacer mandados, y es a
la que se echa las culpas (escatimados halagos) por la comida, o si hay o no hay
cuando se les antoja a todos comer. Si esa misma esclava, digo señora, debe
cumplir un horario de actividad equis para acrecentar las arcas familiares, en
ocasiones no es dinero lo que falta ni inventiva, sino ¡tiempo!
Aunque nos consta que el rol se encara esencialmente con mucho amor o no se
asume, hasta el modismo "ama de casa" suena arcaico y vasallesco. Su significado
es dual, ya que implica ser "dueña" y "criada" a la vez. La pura es que quienes
tienen ese título son sirvientes incondicionales de sus seres queridos. Viven
casi en función de los otros y no se les ocurra hacer un cursito de nada,
estudiar, militar en algo o tener un esparcimiento porque complica.
La palabra "ama" parece salida del Quijote de la Mancha...
¿Y si al menos pudiéramos inventar una denominación más ajustada a realidad?
¿O es un diploma que otorga la universidad? ¿Quién adiestra y legitima a dichas
autodidactas a las que se exige TODO sin seguro social que valide su tarea?
Yo las llamaría economistas hogareñas o un sinónimo breve y auténtico, ya que
deben administrar dineros y ocupaciones a fin de que todo esté listo cuando se
necesita.
Imaginemos que íbamos para el almacén, ahora casi siempre supermercado, y el
desconcierto, compañero en la noche, en el día y siempre tal parece que
nacimos siendo amas de casa nos persigue mientras elucubramos qué comprar
para cocinar barato, proteínico y urgente.
Muchos por comodidad- ni se preguntan cómo apareció ese desayuno pronto
a la hora exacta que permite llegar a tiempo y con ánimo adonde sea, o por
qué está limpio y en su lugar el vaso para tomar agua, o la cama tendida
invitándonos a descansar. Así como salió el sol o llueve, es algo que
simplemente pasa.
La "tarea de la casa", despiadada rutina que sucede inexorablemente, es esa
que nadie quiere hacer aunque sea imprescindible. No asalariada, sin
compensación jubilatoria, de tiempo completo, sin licencia médica,
plurifuncional, de extremo compromiso y dedicación, e invisible a menos que sea
para la interpelación. Ergo: insalubre.
Condenadas al anonimato profesional, las mujeres sufren las críticas de
maridos e hijos que nunca se ponen de acuerdo en si les gusta lo que hay sobre
la mesa.
Encima cuando los miramos comer sobre todo a los chicos sentimos
que de nosotras depende si estamos frente a un futuro Premio Nobel o a un
linyera, y cada cucharada de alimento nos reprocha que pudimos darle algo mejor
al país y por qué no ¡al planeta!
Cuando usted vea una de estas señoras rumbo al súper que aparenta sólo
aparenta ser sencilla y hasta en ese disimulo que sin dudas es modestia, se
entrega tiernamente a algún comentario de vereda con una vecina (otra iluminada
casi seguro) no le crea: es el natural recato de los grandes.
Debería detenerse el tránsito, la televisión filmarla y hacerle reportajes,
protagonizar conferencias aquí y en el exterior y aparecer en las portadas de
los diarios. Nada de eso acontece. Sin embargo...
¡Qué tamaño de responsabilidad lleva la mujer en el apunte dentro del
monedero cuando va a hacer los mandados!
Publicado en La República el 9 de julio de 2007