Susana Andrade Susana Andrade - rodelu.net
19 de agosto de 2007

Es imperioso crear instrumentos jurídicos para
proteger a las niñas y niños uterinos, indefensos
y dependientes de sus madres para subsistir.

El aborto también es violencia doméstica

Nunca nos libraremos del uso de la fuerza bruta como argumentación definitiva, si no dejamos de maltratar al no nacido.

El Uruguay en extinción, debe preocuparse en legislar para que nazcan y vivan en salud más compatriotas, en lugar de buscar la manera de que mueran legalmente. El derecho a la vida humana es supremo y prevalece como esencia que posibilita el goce de todos los demás derechos.

Susana Andrade
Líder religiosa
Nuestra negativa a despenalizar el aborto se basa fundamentalmente en el amparo al derecho a la vida por nacer, tema en el que hay vacíos legales. Es imperioso crear instrumentos jurídicos para proteger a las niñas y niños uterinos, indefensos y dependientes de sus madres para subsistir.

Junto a los adelantos de la medicina genética, surge una nueva corriente llamada bioética donde la ciencia se expresa desde una dimensión moral, legislación de avanzada promueve proyectos sensibles a los no nacidos y hay leyes sobre protección y conservación de embriones congelados. ¡Cómo no sería sujeto de derecho el ser intrauterino!

Claro que somos dueñas de nuestro cuerpo, sólo que cuando hay gravidez impera otra individualidad (puede ser incluso una niña) que no puede decidir por sí misma. La libertad de la mujer consiste en ser educada debidamente para saber cómo evitar un embarazo, tener fácil acceso a distintos sistemas de control de la natalidad, ser ayudada por el hombre en la decisión de procrear o no, y contar con un sistema de salud pública que le permita asistencia eficaz y gratuita en sus necesidades sanitarias y ginecológicas. El Estado debe crear y garantizar la aplicación de políticas públicas al respecto, difundiendo por medios masivos de comunicación, la instrucción necesaria a los efectos de una maternidad responsable y una vida sexual sana.

Destruir a los hijos en el vientre que los concibió no erradicará la causa de los abortos en nuestro país, con todo lo que duele a la sociedad esta situación. Los derechos tienen como contrapartida la responsabilidad que es controlada por las normas en este y otros temas, y nuestro orden jurídico plantea excepciones, por ejemplo, ante riesgo de vida de la madre.

El Ministerio del Interior y el Poder Judicial deben combatir en serio las clínicas clandestinas, industrias abortivas millonarias que todos saben dónde están y siguen ahí. Es cívicamente irritante y maquiavélicamente injusto que una joven sea procesada por abortar, mientras algunos policías corruptos continúan recibiendo coimas por colaborar con tales empresas, y ciertos médicos hipócritas -no hipocráticos- siguen predicando salud y vendiendo muerte. Explotación fantástica a costillas de la adversidad femenina. Responsabilicemos legalmente a los hombres porque los embarazos no surgen por sola voluntad de la mujer, no olvidando que un estado de preñez supone relaciones sin condón con riesgo latente en cuanto a transmisión de enfermedades venéreas. Seguimos discutiendo sin educar, sin diseñar estrategias masivas de contención, sin cambiar estructuras. Si en horarios colmados de teleteatros de tercera categoría y con igual intensidad, se hablara de salud sexual y reproductiva, profilaxis ante enfermedades por contacto sexual, uso de preservativos, maternidad, métodos anticonceptivos, y asuntos relativos a la intimidad en pareja con lemas parecidos a: "disfrutar sin riesgos es disfrutar más". Flexibilizando métodos de adopción ampliados a uniones no tradicionales, premiando el engendrar con ayuda oficial efectiva, ya que muchas familias se privan de tener hijos porque temen no poder mantenerlos, mientras nos encaminamos a ser una población en vías de extinción. Entre los que emigran, las muertes por accidentes de tránsito, cáncer de pulmón, violencia doméstica, pasta base, niños abortados, nos estamos quedando sin gente. Es imprescindible brindar condiciones de vida confortable para estimular la decisión de procrear como opción, y no como privilegio reservado a determinado poder adquisitivo. En España el gobierno anunció que "...las familias con residencia legal recibirán 2.500 euros por cada nuevo hijo que nazca en nuestro país".

La mujer puede morir cuando se hace un aborto en condiciones de riesgo: en Uruguay no llegan a 5 por año. El niño abortado no nacido es eliminado indefectiblemente, siempre. Cifras no oficiales hablan de 33.000 por año en nuestro país. Casi una cultura del no engendrar.

Protegiendo la vida crecemos como sociedad, de lo contrario involucionamos. Sentimos que el aborto es una forma más de crimen doméstico hacia el indefenso total. Jamás resolveremos el gran problema de la violencia si no aprendemos a respetar a los seres humanos más inermes y vulnerables.

Publicado en La República el 16 de agosto de 2007


Susana Andrade
www.atabaque.com.uy
Federación IFÁ del Uruguay – Grupo ATABAQUE
maesusana@hotmail.com
 
SUSANA ANDRADE