Nosotros, los uruguayos que creemos en el cambio iniciado en este primer período, no solo podemos lograrlo sino que lo merecemos. Necesitamos seguir dirigiendo la nación desde las fuerzas frenteamplistas porque aún para decir si nos equivocamos y en qué es demasiado pronto.
Volver a los blancos o a los colorados sería masoquismo.
Todavía hay enormes y diversos muros para derribar y las estructuras antipueblo son duras de caer. Los trabajadores del equipo del Presidente Tabaré para implementar su programa político de gobierno a favor de la gente, se ven forzados a usar herramientas burocráticas injustas legado de la democradura. Es como que nos quieran dar de comer un manjar con cubiertos herrumbrados. Se hace difícil esperar otros utensilios porque alimento existe, también hambre prolongada y voluntad de distribuir equitativamente, pero los que hasta ayer ordenaban el reparto se encargaron de impedir los accesos al disfrute colectivo, a pesar de que las leyes siempre dijeron que tenemos derecho. En medio de esta maquinaria infernal de “Estado a imagen y semejanza de los rosados”, surge en el 2004 una esperanza llamada Frente Amplio, cuyos protagonistas sufren sucios vapuleos políticos de la oposición mientras intentan recomponer el país.
No es sencillo transformar antiguas armazones de desigualdad para que primen intereses populares. Nunca esto fue prioritario en anteriores administraciones aunque era un buen discurso a la hora de pedir votos.
Los tiempos de injusticia social y exclusión fueron demasiado extensos y traumáticos como para pedirles soluciones mágicas de inmediato a quienes recién comienzan a confiscar arraigados privilegios. Hay que ser gobierno otra vez para poder consolidar las verdaderas reformas y que éstas se perciban en la gente. Sin experiencia en la responsabilidad de administrar, más todas las chicanas y trabas desleales a que nos someten en forma contumaz, mucho hemos alcanzado.
El 25 de agosto Día de la Independencia Nacional, se celebra desde 1993 el Día del Comité de Base. Reivindico el papel fundamental de estas asambleas populares permanentes en la nueva etapa a desarrollar con miras al próximo mandato. La dicotomía esencial no es entre Gobierno y fuerza política sino entre Gobierno y pueblo. Es allí donde no debe haber trombosis, porque si los canales de comunicación se cortan perdemos todos. Los comités son imprescindibles usinas generadoras de energía de cambios, de impulso renovador, de realidad que debe alimentar el proceder de los que están en puestos de decisión.
La responsabilidad es plural pues desde cada perfil, lo social nos involucra inevitablemente. Es mentira que el bienestar propio alcanza, sea bueno o malo, lo que nos rodea nos interpela y determina. Mientras se acrecienta la participación como estrategia de profundización de la democracia a través de mecanismos vecinales instaurados por el progresismo, en su doble rol de intercambio desde arriba y hacia la gente y viceversa, el Comité de Base es lugar natural donde expresar dudas partidarias, aspiraciones, y a la vez nutrirse de ideas para resolver una inquietud, o informar a quien se dejó llenar la cabeza por los que no se resignaron a perder. Opine, incida, y contágiese de entusiasmo compañera y compañero. Uruguay vale la pena.