Susana Andrade
- rodelu.net |
23 de septiembre de 2007
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La enfermedad militar no parece sanar
La actitud del comandante de la Fuerza Aérea, Enrique Bonelli, en relación al
robo de armas dentro de una dependencia de su competencia, resulta patética y
absurda, propia del sketch más ridículo de un programa cómico.
Susana Andrade Líder religiosa
Salir a la prensa actuando encolerizado como si los militares nunca hubieran
protagonizado hechos degradantes contra el pueblo, realmente es gracioso. Que en
las Fuerzas Armadas hay ladrones, homicidas y torturadores ya es histórico,
público y notorio, mal que nos pese. ¿O acaso los están juzgando y condenando
por buena gente? Lo realmente irritante es que a ellos mismos no se les
revuelvan las tripas para entregar a los culpables de una vez a la Justicia, ya
que de otro modo se mira a todos iguales. Los que hicieron y los que cubren. Esa
es la única deslealtad y no el robo de un simple fusil, o de diez o de mil.
Insisto en la inconveniencia cívica de mantener las enfermas y desprestigiadas
Fuerzas Armadas del Uruguay. Mientras muchos de ellos hacen loables esfuerzos
por integrarse a la comunidad, los hay allí con viejas mañas y costumbres
malsanas, cobijo de espantosos e impunes crímenes derivados de la dictadura.
Nuestro país es un gran cementerio de almas que no descansan en paz por la
brutalidad asesina y sádica de estos vende patria, que ni siquiera se conduelen
de los compatriotas que sufren por sus familiares muertos o desaparecidos
políticos, diciendo dónde están sus restos.
Y este individuo sale haciendo un pamento bárbaro por unos fusiles. Uno lo
miraba y no sabía si reír o llorar. Crudamente observado y desde todo punto de
vista, es peligroso pensar en manos de qué especie están las armas de esta
nación, pues su postura en realidad refleja el grado de enajenación que sufren
todos ellos. Hasta podría ser más "normal" la actitud de quien roba fusiles de
guerra para obtener provecho económico, si es que así fue, que la de los que al
momento de juzgar institucionalmente lo que pasó, usan criterios radicalmente
desmarcados de valores esenciales que deben primar, en una sociedad que apuesta
a restaurar su sistema republicano e inclusivo solidificando pilares
democráticos.
Es seria la enfermedad de los mandos y de los comandos, no sabemos cómo
andará la tropa pero para muestra basta un botón.
El problemilla éste de los fusiles sirvió de algo. No es necesario hacer un
ateneo ciudadano para inferir la intensa patología castrense que convive entre
nosotros.
¿Para qué dejarles seguir adelante en ese enorme psiquiátrico que es la
cuartelería hoy en nuestro territorio? La alienación que aún detentan, secuela
del estrés fatal e irreversible del gobierno de facto por ellos sustentado, no
sólo es de riesgo, sino que genera altísimas probabilidades de contagio entre
sus pares. Es una pena que pudran a las nuevas generaciones, pero sucederá
fatalmente.
Más allá de lo que haya detrás del asunto de los enseres bélicos sustraídos,
realmente era más "digno" callarse o al menos no mencionar emblemas sagrados que
en ciertas bocas ya suenan a afrenta.
¿Cree realmente el general aviador que los uruguayos somos estúpidos?
No hay paliativos para esta situación y prueba es la crónica bipolaridad que
aflora insistentemente.
Tal vez sea chabacano lo que voy a repetir, pero ante tanta incoherencia
uniformada, me viene a la mente un dicho vulgar y no por eso menos cierto y
aplicable... ¿Traición a la patria el robo de las armas? ¡Dejate de joder!
Publicado en La República,
el 18 de septiembre de 2007
Susana Andrade
www.atabaque.com.uy
Federación IFÁ del Uruguay – Grupo ATABAQUE
maesusana@hotmail.com
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