Susana Andrade
- rodelu.net |
21 de octubre de 2007
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¡Ojo! Con el aborto no te sacás el SIDA
Por fuera y tal vez por encima de nuestra conocida negativa a despenalizar el aborto, aceptando las situaciones eximentes ya existentes en el derecho positivo uruguayo y la necesidad de proteger la vida en gestación, subrayamos la urgencia en implementar por ley, decreto o el instrumento legal que sea la educación en la prevención de enfermedades sexuales y embarazos no deseados, la debida asistencia sanitaria pública a las madres embarazadas carentes de recursos y mil sistemas reales y efectivos de informar masivamente a la población sobre el disfrute responsable y sano de la sexualidad como parte de nuestras vidas. Además de asistir debidamente a las mujeres que quieran conservar a sus bebés en las panzas y verlos nacer y criarlos sin apremios económicos que hagan su existencia un calvario.
Susana Andrade Líder religiosa
Siendo imperioso lograr una ofensiva verdadera e implacable contra las clínicas clandestinas: industria multimillonaria de la muerte y el dolor ajenos. Me pregunto cuándo se actuará con todo el peso de la ley en este aspecto, siendo que su existencia y ubicación son un secreto a voces e implican una mafia fomentada fundamentalmente por agentes de “la salud!” -médicos, parteras, personal de enfermería, etc- y algunos policías que por dinero miran para otro lado. ¿Quién se hace responsable de combatir esto como se debe?
Sabiendo que no son tantas las mujeres que mueren por abortos en condiciones riesgosas -cinco o seis al año- en cambio hoy se habla de casi 40000 niños en gestación que son abortados por año en nuestro país.
Con tristeza al pensar que las prácticas abortistas clandestinas subsistirán aunque se legalice el hecho, ya que la mayor censura es de índole moral así como las secuelas que son íntimas y afectan la personalidad irremediablemente.
Creyendo siempre en la voluntad popular excepto cuando esta vulnera derechos fundamentales e inalienables, ya que a nadie le es dado decidir sobre la vida de otros. No se puede votar sobre si matamos o no a otro ser humano y por eso plebiscitar sobre la despenalización del aborto es como votar para decidir si liquidamos legalmente a los x de la sociedad. Podría ser cualquiera de nosotros: a las que nacen mujeres como en otras sociedades. Es decir, sobre si se permite o no vivir a alguien no debería haber discusión, a menos que estemos involucionando hacia la ley del más fuerte, de la selva o similar. Porque entonces mañana se matará a los chicos de la pasta base porque son un tumor social casi imposible de sanar, o a los presos peligrosos y reincidentes, o a los homosexuales si permitiéramos que cunda la homofobia, por poner algunos ejemplos de arbitraria deshumanidad.
Digo yo para concluir dos preguntas con ganas verdaderas de saber las respuestas porque las desconozco.
Una: El proyecto de ley que se está discutiendo en la actualidad en el Poder Legislativo tiene un capítulo uno que deja muchas dudas. Una de ellas la más simple es que es mucho tejido. Es demasiada letra. Pareciera que se hace un entramado para acunar el verdadero fin pro despenalización que está en el otro capítulo. No se hace hincapié en medidas claras, realmente efectivas y concretamente diagramadas para combatir las causas de abortos que por cierto no cesarán por ley ni por decreto a menos que cambiemos la actitud social frente al tema.
Otra: Temo que al despenalizar, indirectamente se esté alentando a la realización del acto sexual sin precauciones pues subyace el “ después me lo saco y tá”. Si el hombre no usa preservativo al tener relaciones, la mujer puede quedar embarazada y cualquiera de los involucrados puede morir de SIDA. Aborto, entre otras serias cuestiones, significa que hubo sexo sin condón. En estas épocas... ¿Quién se arriesgaría?
Y por favor que se legisle de una vez y eficazmente sobre la educación, la prevención de los embarazos y la salud sexual y reproductiva, y que el Estado inicie ya una campaña por medios masivos de comunicación, sobre sexualidad responsable y otras cuestiones similares y urgentes de ser internalizadas en el cotidiano de la gente para saber cómo actuar en la prevención, en la profilaxis, en el antes para no tener que lamentar consecuencias.
Por último, a priori no creo que el fracaso de querer legalizar el aborto en el Senado sea un logro papal como se ha sugerido. Más allá de eso; es preocupante el tonillo de sornilla con que se oye o lee a ciertas personas referirse públicamente a los que defienden posiciones anti abortistas con postulados religiosos. Que yo sepa este país democrático nos cobija en las diferencias y por igual en nuestros derechos y deberes, y tampoco es de recibo pensar que quienes creemos en lo trascendente somos todos ignorantes o sufrimos alguna especie de tara.
¿O Uruguay ahora es sólo para ateos? ¿Dónde se vio que alguien deba disculparse por tener una convicción filosófica o espiritual? Igual des respeto y necedad navegan al tildar de incoherentes a los que cambian su decisión, olvidando que el ser humano es eternamente pensante y como tal, fluctúa y acciona en cada caso según su leal saber y entender, evidentemente alimentado culturalmente en forma constante. Si así no fuera, nadie gastaría tiempo y energía en seminarios o cursos de convencimiento. Prueba de que también es un derecho humano el dudar y reflexionar para después decidir.
21 de octubre de 2007
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Susana Andrade
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