Susana Andrade Susana Andrade - rodelu.net
18 de febrero de 2008

El límite de la vida

Las situaciones extremas nos ponen a prueba.
Ante el sufrimiento superlativo, aún las personas más criteriosas podrán claudicar razones de las que seguramente no desafiliarían en contextos catalogados como “normales”. Me estoy refiriendo con todo respeto a los dichos de la princesa Laetitia D,Aremberg reclamando leyes y límites en las rutas a raíz del accidente que protagonizara el pasado siete de febrero uno de sus hijos -Guntram Rodrigo- cerca de José Ignacio, del que resultara gravemente herido al chocar la moto que piloteaba contra la parte trasera de un Peugeot.
Susana Andrade Líder religiosa
Laetitia habría hablado contra quienes considera responsables de la cantidad y periodicidad permanente de los accidentes de tránsito en Uruguay, señalando responsabilidades. "Reclamo leyes. Los seres humanos, si no tenemos límites, no llegamos a nada en la vida. …todo esto porque no hay nada que sea una ley, reglamento claro, concreto…. Acá en la misma ruta usted tiene cuatro velocidades distintas... Si uno va por una ruta, o está manejando o está mirando carteles, no puede hacer las dos cosas a la vez.”

Sin temor a equivocarme digo que quien no pueda hacer esas dos cosas a la vez no debería conducir vehículos en público por su propia seguridad y la de los demás. La señora pide legislación… ¿Qué norma podría hacer que un hombre de casi cuarenta años que conducía a alrededor de 170 km por hora una motocicleta, no se comportara con tal aparente desprecio por su integridad física y la de su prójimo? ¿Qué límite podría aceptar quien con esa actitud de riesgo casi suicida pareciera no valorar la propia vida ni la ajena? Ninguna de las señalizaciones de tránsito locales habilita una velocidad ni por lejos cercana a la que se dice iba la mencionada moto. Ciento setenta kilómetros por hora en una carretera departamental uruguaya, es como jugar con una granada sin interruptor y solo es cuestión de tiempo que algo irreparable y grave suceda.

Desde niña viajo en auto aunque no conduzco y hemos recorrido miles de kilómetros por distintas carreteras. Puedo decir con propiedad que circular en las rutas es más peligroso que en las ciudades, y se requieren mayores condiciones que solo la libreta “de manejar” para hacerlo con precisión, destreza, y responsabilidad, y aún no estaremos libres de la impericia o negligencia de los demás o el azar.

No digo otros casos pero el del empresario agropecuario y su birodado nada tuvo que ver con ausencia de reglas.

Reclamo al cielo por la salud del infortunado ya que el sufrimiento de una madre duele a todos y porque he mantenido en alguna oportunidad una casual conversación con la señora DÁrenberg, la cual bastó para conocer a una mujer sensible más allá de su título nobiliario a quien seguramente nada de lo humano le es ajeno por sobre todas sus otras virtudes incluidas las empresariales por las que es conocida.

Sin dudas habrá que hacer esfuerzos sociales y políticos para evitar o disminuir los accidentes de tránsito.

Ciertos otros límites o los ponemos cada uno de nosotros o difícilmente haya otra oportunidad.

18 de febrero de 2008


Susana Andrade
www.atabaque.com.uy
Federación IFÁ del Uruguay – Grupo ATABAQUE
maesusana@hotmail.com
 
SUSANA ANDRADE