Laetitia habría hablado contra
quienes considera responsables de la cantidad y periodicidad permanente de los
accidentes de tránsito en Uruguay, señalando responsabilidades. "Reclamo leyes.
Los seres humanos, si
no tenemos límites, no llegamos a nada en la vida. …todo esto porque no hay
nada que sea una ley, reglamento claro, concreto…. Acá en la misma ruta usted
tiene cuatro velocidades distintas... Si uno va por una ruta, o está manejando
o está mirando carteles, no puede hacer las dos cosas a la vez.”
Sin temor a equivocarme digo que
quien no pueda hacer esas dos cosas a la vez no debería conducir vehículos en
público por su propia seguridad y la de los demás. La señora pide legislación… ¿Qué
norma podría hacer que un hombre de casi cuarenta años que conducía a alrededor
de 170 km
por hora una motocicleta, no se comportara con tal aparente desprecio por su
integridad física y la de su prójimo? ¿Qué límite podría aceptar quien con esa
actitud de riesgo casi suicida pareciera no valorar la propia vida ni la ajena?
Ninguna de las señalizaciones de tránsito locales habilita una velocidad ni por
lejos cercana a la que se dice iba la mencionada moto. Ciento setenta
kilómetros por hora en una carretera departamental uruguaya, es como jugar con una
granada sin interruptor y solo es cuestión de tiempo que algo irreparable y
grave suceda.
Desde niña viajo en auto aunque
no conduzco y hemos recorrido miles de kilómetros por distintas carreteras. Puedo
decir con propiedad que circular en las rutas es más peligroso que en las ciudades,
y se requieren mayores condiciones que solo la libreta “de manejar” para hacerlo con precisión, destreza, y
responsabilidad, y aún no estaremos libres de la impericia o negligencia de los
demás o el azar.
No digo otros casos pero el del
empresario agropecuario y su birodado nada tuvo que ver con ausencia de reglas.
Reclamo al cielo por la salud del
infortunado ya que el sufrimiento de una madre duele a todos y porque he mantenido
en alguna oportunidad una casual conversación con la señora DÁrenberg, la cual bastó
para conocer a una mujer sensible más allá de su título nobiliario a quien seguramente
nada de lo humano le es ajeno por sobre todas sus otras virtudes incluidas las empresariales
por las que es conocida.
Sin dudas habrá que hacer esfuerzos
sociales y políticos para evitar o disminuir los accidentes de tránsito.
Ciertos otros límites o los ponemos
cada uno de nosotros o difícilmente haya otra oportunidad.
18 de febrero de 2008