Susana Andrade Susana Andrade
11 de mayo de 2008

A nuestras madres queridas

Qué sino lugares comunes y frases hechas parecen atacar mi memoria cuando pienso en escribir algo para ellas, las madres santas de nuestro mundo entero. Y qué si lo común fuera amarlas hasta no encontrar sinónimos para expresar esa devoción imposible de medir y tan sagrada, que fuera inevitable no reiterar los "te amo" y los "te adoro" y gastar palabras y oraciones similares de tanto decirlas por ser una eterna y perpetua verdad millones de veces repetida, sólida como piedra en su realidad de amor puro y profundo.

Susana Andrade Líder religiosa
Nada destruirá jamás la grandeza del momento de parir, el misticismo de llevar en las entrañas la esencia del ser y no es poesía. Y si lo es, es que es poesía la vida.

Axé ­bendiciones­ para las Iyami Oxorongá, las madres del misterio según el mito africano que endilgaba hechicería al milagro de surgir una persona de adentro de otra, haciendo a las mujeres poseedoras del don de la perpetuidad de la especie y por eso semi diosas.

Bienvenida entonces la esperanza que renace en las panzas embarazadas de ilusiones. Porque este corrompido mundo se redime en cada vientre de mujer que se preña y acomete el sin par desafío de dar un hijo al mundo.

Todos, o casi todos, fuimos un sueño que no dejaba dormir, ensuciaba pañales y exigía cuidados sin dar más satisfacciones que la mera existencia. Todos, o casi todos, fuimos amados incondicionalmente por ella, la siempre presente, la tapadora de líos frente al padre exigente y menos propenso al ablandamiento permisivo. Ella mamá. La de las noches en vela, la compinche sin límites, canilla libre de cariño y cuidados, de alegría en la tristeza y de cobijo insustituible en los grandes dolores.

¿Lugar común ternura? ¿Lugar común dedicación sin horarios, tiempo para juegos y deberes y algún coscorrón fuera de la ley, y dentro de la dicha de tenerla con nosotros?

Común fuera adorarte mamita querida, y estés dónde estés, ser siempre dos en una.

Tu capacidad de comprensión, tu espíritu de paciente entendimiento y de infinito querernos, brinda paz y nos hace más hijos cuanto más crecemos, pues crece con nosotros la necesidad de protección y abrigo. Porque asumimos las responsabilidades y los que vienen se respaldan en nosotros y nosotros ¿en quién? Y ansiamos... ¡Ay cuánto ansiamos, lo confesemos o no, volver a tu vientre y arrolladitos de calmada espera, sentir que pasa el tiempo sin necesidad nada más que de ti, fuente sin límites de generosidad y amparo!

Volver a ser chicos siendo padres, que nos guíen cuando otros dependen de nosotros, son deseos tal vez irrealizables. Sin embargo, tu semillita del amar sembrado, siempre florecerá con raíces fuertes y reconfortantes sombras que darán sosiego al sol quemante de la vida no siempre apacible, con la certeza de lo bueno que vendrá si nos levantamos y luchamos como nos enseñaste mientras mamábamos miel y coraje de tus pechos benditos.

Feliz Día Mamá y que todos sean tuyos para disfrutar de lo que te has ganado: nuestro corazón.

Montevideo, 11 de mayo de 2008


Susana Andrade
www.atabaque.com.uy
Federación IFÁ del Uruguay – Grupo ATABAQUE
maesusana@hotmail.com
 
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