La
Jornada de México - 29 de diciembre
de 2004
Susan
Sontag, la conciencia de EEUU
Editorial
Este martes
28, la escritora y activista estadunidense Susan Sontag falleció
a la edad de 71 años en un hospital de Nueva York, víctima
de la leucemia. La intelectual, quien también cultivó la
fotografía, el cine y el ballet, entre otras artes, deja en legado
un acervo importante que abarca desde la novela hasta el ensayo, pasando
por su trabajo periodístico, obras de teatro y su quehacer como
crítica. Sontag era también reconocida como una férrea
defensora de los derechos humanos y una incansable opositora a la guerra.
La contundencia de sus escritos le ganó el mote de "conciencia de
Estados Unidos", lo que a su vez la valió la admiración de
algunos y el rechazo de otros. En años recientes dedicó gran
parte de su tiempo a fustigar al gobierno de Bush, señalando la
ilegalidad de la invasión a Irak y la pérdida de derechos
civiles a consecuencia de los atentados terroristas del 11 de septiembre.
La carrera y la vida de la escritora
fueron intensas: casada a los 17 años, divorciada un año
después, estudiante de filosofía, literatura y teología
en la universidad estadunidense de Harvard y en la inglesa de Oxford, Sontag
padeció de graves enfermedades que cambiaron su existencia. En 1976
le detectaron cáncer de mama, en 1997 le diagnosticaron cáncer
del útero y en marzo del año pasado le anunciaron que tenía
leucemia. Estas enfermedades no le impidieron escribir 17 libros, destacándose
su labor como ensayista desde los años 60, cuando se convirtió
en un referente de la época. Entre sus ensayos más conocidos
figura Notas sobre lo camp, un estudio sobre la estética homosexual,
y en el campo de la novela sobresale El amante del volcán,
que tardó más de 10 años en escribir. Los expertos
coinciden en que Sontag hizo de la expresión artística una
forma de crítica social para impulsar la tarea fundamental de la
literatura: "Luchar contra las simplificaciones y exponer la complejidad".
No es gratuito que ella se considerara una "moralista obsesiva". En vida,
Sontag fue galardonada con el National Book Award de Estados Unidos, el
Príncipe de Asturias 2003 de Letras y el premio de la Paz de los
Editores y Libreros alemanes.
La artista lo tenía muy claro:
"la política no es para escritores, pero como ciudadanos del mundo
y seres humanos se ven obligados a prestar su voz a los sin voz". Esa frase
demuestra la responsabilidad social que sentía para escribir y opinar
sobre temas de actualidad. Baste recordar su oposición a la guerra
de Vietnam, a la imposición de leyes represivas tras el 11 de septiembre
-Patriot Act I y II-, a la invasión estadunidense de Irak y, en
general, a la política exterior de la Casa Blanca, marcada por el
unilateralismo y el intervencionismo. Pero sus puntos de vista radicales
no sólo le valieron críticas de los sectores conservadores;
los liberales también se quejaban de sus posturas intransigentes.
De hecho, su capacidad de generar controversias no tenía límites,
como cuando escribió que los atentados terroristas en Nueva York
no fueron "ataques cobardes" contra la civilización, sino un "acto
asumido a consecuencia de alianzas y prácticas estadunidenses específicas".
Susan Sontag fue una figura genial
y polémica, una voz crítica que se hizo sentir en momentos
difíciles de la historia estadunidense. Su ausencia será
aún más notable si se considera que Estados Unidos se encamina
hacia otro Vietnam, por lo que su capacidad de reflexión y de generar
controversia es ahora más necesaria que nunca.