La
Jornada de México - 30 de diciembre
de 2004
Entrevista / Susan Sontag escritora
estadounidense
Quiero
ser más sabia,
por
eso me hago las cosas difíciles
Cómodo llegar hasta cierto
punto y quedarse con ciertas ideas
Hace 32 años la autora
de Viaje a Hanoi visitó México para participar en
un coloquio en la Facultad de las Ciencias Políticas de la UNAM.
La entrevistadora recuerda su primer encuentro con "la mujer más
inteligente de EU"
Elena
Poniatowska/I
Hace dos meses en Nueva York, Susan
Bergholz me dijo: "Susan Sontag está muy enferma con una leucemia
muy avanzada, la tienen totalmente aislada, nadie, salvo su hijo, la puede
ver. Hablo con frecuencia con David Reiff, su único hijo". Resulta
que Susan había sido baby sitter de David cuando niño,
se querían mucho y ambos estaban desolados.
Ahora los desolados somos nosotros
porque con Susan Sontag desaparece la conciencia crítica de Estados
Unidos, la combatiente del gobierno de Bush, la feminista y la preocupada
por el dolor de los demás.
En 1972, Susan Sontag vino a México
a dar una serie de conferencias. Primero la vi en la dirección de
la facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Allí estaban
Víctor Flores Olea y Meche, su mujer, Francisco López
Cámara, Carlos Fuentes y Margarita García Flores. Cada vez
entraba más gente al auditorio. Susan Sontag llegó a la UNAM
con Raúl Ortiz, su traductor. También hizo irrupción
el cineasta Louis Malle y los dos cayeron en brazos el uno del otro. Si
Susan venía a México a dar conferencias Louis Malle quería
hacer una película sobre los grupos paramilitares y fuimos a la
Cuchilla del Tesoro, cercana a San Juan de Aragón, a buscar el campamento
donde se entrenaban los halcones. Naturalmente la Secretaría
de Gobernación se opuso al proyecto y Louis Malle filmó en
Francia Lucien Lelong, sobre un mercenario.
En ésa época, Susan
venía a México atraída por Ivan Illich, entonces en
Cuernavaca. Se quedaba en el CIDOC de tres a cinco días. En Ivan
Illich encontraba a un interlocutor verdadero. Allá estaban, además
de Illich, Sergio Méndez Arceo y Lemmercier quien mandó sicoanalizar
a todos sus monjes a la sombra del autor de El miedo de amar, Erich
Fromm. Dos temas apasionaban a Susan: Illich (su idea de la "no escuela")
y el cine. Por eso se fue a cenar esa misma noche con el director de Los
amantes, El fuego fatuo, El soplo en el corazón,
Ascensor para el cadalso y Viva María, filmada en
México con Jeanne Moreau y Brigitte Bardot.
"Un momentito -decía Susan
Sontag a los que querían retratarla o hablarle- tengo que dar una
entrevistita de cinco minutos": yo era la de los cinco minutos. Nos sentamos
en un sofá entre conversaciones y flashes. Luego entró el
noticiero 24 Horas, con la parafernalia que arrastra tras de sí
la televisión y un cuerito (una muchachita bonita) entrevistó
a Susan sobre la liberación de la mujer. Carlos Fuentes, que durante
todo ese tiempo había tratado de contener los ímpetus de
mi hijo Felipe (entonces de 3 años y medio), lo soltó exhausto,
y Felipe cruzó frente a las cámaras pegando gritos como de
indio sioux en batalla, y aullando al final: "¡Mamá!". El
camarógrafo me echó una mirada asesina. Total, así
fue nuestro primer encuentro: el despiporre. Sin embargo conservo algunas
de las cosas que me dijo en medio del ajetreo, media hora antes de su conferencia
en el auditorio de la facultad de Ciencias:
-Yo sé mucho de Francia, (vivo
en París con Nicole Stéphane) sé mucho de Estados
Unidos, pero sé muy poco de México. Por eso estoy aquí,
para aprender, para que ustedes me enseñen. Sé algunas cosas
sobre México pero hay muchas más que desconozco. Creo que
es interesante que los mexicanos sepan cómo se les ve fuera de México.
Para los extranjeros, México es un país pintoresco con mucha
gente floja, envuelta en sarapes; un país de violencia en el que
permanece un gobierno curiosamente estable. Es un país de turismo,
es un país de folclor y de violencia Esto es lo que mucha gente
desde fuera piensa de México.
-¿Y por qué vives en
París, Susan?
-Porque estoy volviendo a pensar
en todo aquello en lo que siempre pensé y es un lugar muy tranquilo
para pensar.
-¿Nada sucede en París?
-Sí, muy poco pasa allí;
por eso vivo en París.
-¿Y en Estados Unidos no podrías
vivir?
-Sí, ¡cómo no!
Podría vivir muy bien, pero quiero hacer las cosas difíciles
para mí misma.
-¿Y por qué quieres
hacerte la vida difícil?
-Porque quiero seguir creciendo,
quiero desarrollarme, quiero volverme más sabia. (Todo esto lo dice
con la cabeza gacha y una media sonrisa en su hermoso rostro.) Creo que
es demasiado fácil instalarse en una serie de ideas después
de una cierta edad, y pasarse el resto de la vida con las mismas ideas.
No quiero hacer eso.
-Pero, ¿por qué dices
"después de una cierta edad"?
-Porque eso es lo que le sucede a
la mayoría de la gente, dejan de crecer después de una cierta
edad. Cuando son jóvenes están abiertos y cuando llegan a
una cierta edad se detienen y no hacen esfuerzos ni se ponen reto alguno.
La mujer más inteligente
de Estados Unidos
-Eres muy abierta, pareces ser muy
receptiva sobre todo con los jóvenes...
-Pues trabajo en ello, pero me cuesta
mucho. Es mucho más fácil llegar hasta un cierto punto y
conformarse con un velicito lleno de ideas.
-Y, ¿qué piensas, Susan,
de lo que dijo Sartre: que tú eres la mujer más inteligente
de Estados Unidos?
-¿Sartre?
-Sartre lo dijo, sí, y se
publicó no sé cuántas veces.
-Es la primera vez que oigo esto.
No lo sabía. Nunca lo leí. Yo sabía que alguna otra
gente había dicho eso, pero no pensé que era Sartre; en realidad
no sé ni quién lo dijo, alguien lo dijo, no sé. No
lo recuerdo. Sabes, Elena, cada vez que a uno lo entrevistan, corre uno
el riesgo, en el sentido de que uno se pone en las manos de alguien, porque
incluso si después se corrige algún concepto, el impacto
de lo dicho primero ya hizo efecto y la corrección hecha o la carta
rectificadora ya no causan la impresión que hizo la entrevista original.
Claro, hay algunas personas a quienes no les importa y dan entrevistas
con tal de figurar, digan lo que digan, se distorsionen o no sus palabras,
no importa cómo suenen las campanas con tal de que suenen, pero
considero que en mi caso dar una entrevista es un acto de confianza en
el entrevistador. Yo quiero que tú justifiques mi confianza. Hace
dos o tres meses di en París una entrevista acerca de mi trabajo
como cineasta y el periodista puso en mi boca una crítica que jamás
hice sobre cierto director. Por eso casi nunca doy entrevistas. En ese
caso particular me molestó mucho que me atribuyeran esa declaración
porque incluso me gusta el trabajo de ese director.
En la conferencia de la UNAM, Susan
Sontag iba a hablar de la liberación de la mujer. La recuerdo muy
alta, las uñas muy cortas -porque se las comía-, los dientes
levemente manchados -de allí su boquilla en la que encaja cigarro
tras cigarro porque no deja de fumar un solo instante-, muy delgada, muy
fina. Susan Sontag se veía tan guapa como en los retratos de la
contraportada de sus libros, los únicos dos en español: Estuche
de muerte y Viaje a Hanoi. Incluso se veía más
joven, más frágil, dispuestísima a aprender, a escuchar
a los jóvenes, a buscarlos, a crecer, como ella decía. Preguntaba,
inquiría, quería ver. El ambiente universitario estaba que
ni mandado hacer para ella y en él se movía como pez en el
agua. En cambio, en las recepciones o conferencias de prensa su rostro
se endurecía y trataba a los preguntones con cierta altanería.
Al día siguiente de su primera conferencia regresó a la universidad
a las 10 de la mañana como lo había ofrecido, se sentó
en el pasto frente a la Facultad de Ciencias Políticas como con
cien personas y respondió a cuanta pregunta se le hizo. El diálogo
duró hasta las tres de la tarde. Rió a carcajadas cuando
un estudiante más atrevido que los demás le dijo: "Nosotros
queremos que las mujeres se liberen, pero mírelas, son ellas las
que no quieren".
Opositora y crítica
Susan Sontag siempre estuvo en contra
de la guerra de Vietnam; participó en manifestaciones y marchas,
firmó manifiesto tras manifiesto, hizo discursos, y escribió
su espléndido libro Viaje a Hanoi. En mayo de 1968, Susan
Sontag fue invitada a Hanoi y el relato de su viaje no es un tratado político
o un simple reportaje, sino la respuesta que puede dar un observador crítico
e inteligente a un mundo por completo extraño a las concepciones
occidentales. Pero este mundo está también hecho a la medida
del hombre y Susan Sontag, dueña de una gran cultura, dijo entre
otras cosas algo que me llamó poderosamente la atención:
"Los vietnamitas operan con una idea de la educación diferente a
la que nosotros estamos acostumbrados, y ello implica un cambio en el significado
de la honradez y la sinceridad. La honradez entendida como tal por los
vietnamitas se parece muy poco al sentido de honradez sublimado por la
cultura secular occidental virtualmente por encima de todos los demás
valores. En Vietnam la honradez y la sinceridad son funciones de la dignidad
del individuo".
Voluntad de comunicarse
Después nos dirigimos al auditorio
de la Facultad de Ciencias. No cabía ya un alfiler. En el presidium
se sentaron Susan Sontag, Raúl Ortiz, Ernest Mandel (el marxista
heredero de Isaac Deutscher que había dado conferencias días
antes), Victor Flores Olea, Francisco López Cámara, Carlos
Fuentes, Louis Malle, y Antonio Gonzalez de León. A otros nos tocó
en el suelo entre estudiantes que hablaban de los 30 detenidos en Sinaloa,
de la toma de la universidad por la policía, de la protesta que
iban a hacer. Como Mandel se dirigió a los estudiantes en español,
Susan Sontag comenzó su conferencia diciendo: "No tengo las dotes
linguísticas maravillosas de Mandel, sólo puedo leer y entender
un poco el español. Fui profesora universitaria, enseñé
filosofía, después escribí y ahora me dedico a hacer
películas. Empecé a enseñar en 1964 cuando los estudiantes
eran buenos, pasivos, no discutían ni hacían preguntas. Durante
esos años quise establecer un diálogo e intercambio de ideas
con ellos pero me di cuenta de que los demás profesores no venían
a discutir sino a asentar sus premisas. La situación académica
era de dominio y sobre ella tengo reservas. Ayer, sentada entre ustedes
en la sala, escuché a Mandel y debo decirles que lo admiro y creo
que es uno de los pensadores más interesantes que puedan encontrarse,
comparto sus ideas, pero me di cuenta de que su lenguaje está destinado
más a la imprenta que a la alocución. Su ensayo seguramente
se imprimirá pero podría decirlo en Japón o en Singapur,
en donde fuera, él lo dijo en México. Estoy en contra de
este tipo de enseñanza porque es abstracta. Por eso me sentí
incómoda y hoy me siento incómoda ante ustedes porque me
parece que éste es un ejemplo, un símbolo de la actitud autoritaria.
Quisiera que me entendieran, no estoy en contra de la teoría o del
pensamiento abstracto, despersonalizado. Insisto, me opongo al pensamiento
abstracto cuando se sustrae del contexto humano".
Susan respalda sus ideas con actitudes
ya que anoche no le importó acostarse a las tres de la mañana
con tal de quedarse a hablar con dos jovenes cineastas y levantarse a las
seis para ver sus películas. Luis Terán consigna que discutió
con Víctor Sanen, Francisco Taibo, (¿será nuestro
Paco Ignacio) Carlos de Hoyos, Ramón Vilar, Eduardo Carrasco Zanini,
José Carlos Mendez, Tomás Pérez Turrent, crítico
de cine. El día que voló a Nueva York de regreso no tuvo
empacho en salir de su hotel a las 6:30 de la mañana para presenciar
el rodaje de El Mago, en el callejón de Dolores, dirigida
por Carlos Castañón. Si esto no es buena voluntad y deseos
de comunicarse con los demás, no sé cómo pueda llamarse.