Periodista
Digital de España - 31 de diciembre
de 2004
Rematar
a Susan Sontag
Eduardo
Mendicutti - El Mundo
Ninguna
de las grandes cadenas informativas de Estados Unidos dio el martes la
noticia de la muerte de la escritora norteamericana Susan Sontag. La Sontag
era -sigue siéndolo gracias a sus escritos- una de las intelectuales
más comprometidas, críticas, progresistas, indomables e influyentes
de este tiempo. Se opuso de forma contundente, lúcida y arriesgada
a la Guerra de Irak -y a toda la política imperialista de su país,
y a la arrogancia genocida de Occidente- y por eso la remataron.
Con ese brutal apagón informativo,
las cadenas de televisión estadounidenses quisieron asfixiar el
eco de sus ideas, de sus palabras, de su testimonio: otro modo de matarla.
Claro que no ha sido ésa la
única muerte acumulada por Susan Sontag tras morir de cáncer.
Porque Susan Sontag era lesbiana.Pues bien: en los periódicos españoles
he leído larguísimos, bien documentados y fervorosos artículos
sobre esa imponente, admirable mujer, pero sólo Cristina Peri Rossi
en EL MUNDO se refería -con claridad, con naturalidad, con las palabras
justas y necesarias- a ese importante dato de la biografía de la
Sontag.Hace poco -contaba Cristina-, el hijo de Susan, David Reiff, cedió
su semen para que la celebérrima fotógrafa Annie Lebovitz,
la compañera sentimental de la autora de El sida y sus metáforas,
quedase embarazada, y nació una niña (a los nueve meses,
claro).¿Por qué nadie más, ni siquiera Juan Goytisolo,
ha hablado de eso?
Ya me imagino la respuesta: «Es
que eso pertenecía a su vida privada». Pues sí, ¿y
qué? También pertenecía a su vida privada el hecho
de que se casara en Chicago, donde estudió, con un sociólogo
al que había conocido nueve días antes y con quien tuvo un
hijo, David. Y eso, incluido el divorcio al cabo de 10 años, sí
se ha recordado estos días; incluso Juan Goytisolo habla del hijo
de Susan. ¿Y no era una cuestión privada el cáncer
que padecía? ¿Es que la vida privada sólo hay que
respetarla -o sea, despreciarla, silenciarla, matarla- cuando quien la
vive es homosexual? Cuánto camino queda por recorrer...
Naturalmente, yo no pretendo que
la sexualidad de Susan Sontag se convierta en el centro de todos sus obituarios,
en el dato clave de cuanto se diga sobre ella. Sería absurdo. Sólo
reclamo que no se oculte como si su lesbianismo pudiera dañarla,
devaluarla, ensuciarla. Susan Sontag era una radical de izquierdas y era
lesbiana. Por desdicha, parece que siguen siendo dos buenos motivos para
rematar a alguien.