José Antonio Vera |
29 de abril de 2008
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Paraguay
Historia de camaleones travestidos
De nuevo Paraguay es noticia agradable para la gente con sentimientos nobles, como lo fue a mediados del siglo XIX, cuando un pequeño grupo de patriotas lúcidos había construído un país que ocupaba el primer lugar en latinomérica en desarrollo y justicia social, sin analfabetos y con la economía nacional y el cultivo de sus rojas tierras al servicio de todos, en clara antípoda de la situación actual de corrupción, prebendarismo e ignorancia generalizada.
José Antonio Vera
La gran paliza electoral que ha recibido el implosionado Partido Colorado, obligado por las urnas a entregar el gobierno nacional el 15 de agosto próximo, después de 60 años de privilegios y abusos, está generando la aparición de un ejército de desvergonzados camaleones y travestís de la politiquería paraguaya.
Quienes, nomás ayer, calificaban de guerrillero, terrorista y narcotraficante a Fernando Lugo, en pocas horas pretenden cambiar su camiseta de demagogos y ladrones, por una de honrados demócratas amigos e impulsores del progreso y de la unión nacional en torno al presidente electo. Entre esos conversos, hay muchos empresarios, juristas, militares, religiosos y otros santurrones.
En primera fila de los bufones aparece el exGeneral Lino Oviedo, para quien el lider de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), era una aberración, porque seguirá la política de Chavez, Evo Morales y “el de Ecuador” y, además, se alejará de “nuestro padre” Estados Unidos. Ahora resulta que Lugo es buena persona y le ofrece su colaboración, desde el parlamento y otros sitios del poder.
Otro, camaleón hasta hace ocho meses, y travestis político actual, es Luis Castiglioni, Vicepresidente renunciante en agosto pasado y frustrado precandidato a la presidencia de la República en las internas coloradas de diciembre último, “quien amasó una fortuna con el Partido, que no puede explicar”, según su adversaria Blanca Ovelar, quien perdió ante Lugo por diez puntos.
Amnésicos y adulones
Castiglioni, envalentonado por la derrota oficialista, sin el más mínimo pudor ni
alusión a su gran responsabilidad en el caos nacional, al mejor estilo de Pilatos, culpa de la derrota oficialista al Presidente Nicanor Duarte Frutos y a la candidata Ovelar, y se arroga un papel de salvador de la patria y defensor de los humildes, a los que no pertenece por intereses e ideología.
Rodeado de oportunistas de todo pelo y repitiendo el tradicional estilo hurrero y bravucón con los que las barras bravas de las seccionales coloradas han asolado a la población por décadas, Castiglioni busca apoderarse de la dirección del Partido, cuyo presidente es Nicanor, quien “debe ser sometido a juicio político por violar la Constitución”, delito que no era tal, hasta hace poquito, cuando estaban juntos.
Admirador del Gobierno de Estados Unidos y, en particular del Vice Cheney y con presunta relación de negocios con Carlos Slim, a quien recibió hace tres años en Asunción, cuando el magnate mejicano vino con la intención de comprar todo el territorio que abarca el acuífero guaraní, Castiglioni también ofrece a Lugo los servicios de sus tropas.
Apuntalado por algunos medios de prensa, el mejor ejemplo paraguayo de camaleón primero y travestido después, aparenta dureza, anticipando el estilo de oposición que ejercerá contra el futuro Gobierno. Demagogia es dominación del pueblo mediante la fuerza del dinero, el sometimiento sicológico y el engaño.
La sede asuncena de la APC, la organización que, en año y medio, armó Lugo para cambiar la conducción del Estado, con el objetivo de despojarlo de las roscas mafiosas que lo tienen secuestrado desde hace más de un siglo, con cortos períodos de gobernantes honrados, se ha convertirlo en estos días en un incesante desfile de personas bien intencionadas y de las otras.
Aprender de la historia
Mitómanos, desde su derrota del domingo 20, esos personajes comenzaron a mentirse mucho más que siempre, convencidos de que, aquí y ahora, todavía es tiempo para el engaño, el saqueo y el arreo de personas, ignorando que en esta tierra aún resurgen recuerdos, sacudiendo las fibras más íntimas, de la dignidad de los comuneros, de los Rodríguez de Francia, de su refugiado José Artigas y de los López y sus huestes heroicas de resistentes a la invasión extranjera
El más superficial análisis permite saber que el renunciante jerarca católico, hoy Presidente electo de Paraguay, necesita el apoyo masivo de los habitantes más capaces y decentes, para poder transitar con buenos resultados la ruta de su futura administración, convertida en gigante cráter, sembrada de inmensos hoyos en la economía, el empleo, la salud, la enseñanza, la administración pública, el Poder Judicial sumiso y demás sectores claves, que arrojan un déficit colosal.
La complejidad de ese desafío, conforme tiene necesidad de inclusión y sumas, también deberá tener exclusiones y restas, como seguramente le consta a Lugo, eximio conocedor de su pueblo, al que ha indagado durante más de tres décadas con sus sermones y plegarias, desde los rincones más humildes, donde apenas hay caminos de tierra, hasta los salones de la platocracia más rancia.
El “nono” alquimista
El grueso de la sociedad paraguaya está carcomido por los vicios abyectos que produce todo Estado prisionero por años de señores con mentalidad feudal, irresponsables e inconscientes, que interpretan la función pública como una actividad privada por la cual no tienen que rendir cuentas a nadie y, mucho menos al pueblo, el que sólo sirve para darles los obedientes votos que eternicen su poder.
Consciente de ello, el “Nono”, como se le conoce a Lugo en su seno familiar, en uso de la paciencia que adquirió en su profesión pastoral, igualmente persiste en convocar a todas las personas que quieran contribuir con su afán de reconstruir el país, a las que sólo pide conciencia de que es urgente un esfuerzo mancomunado para sacarlo de la terapia intensiva que le provocó los 61 años de poder absoluto de un Partido Colorado prostituído, agotado, devorado por la mezquindad.
Sin embargo, Lugo deberá estar muy alerta ante esos amnésicos, carentes de la mínima autocrítica, disfrazados de corderos, muy listos para cuidar su fortuna malhabida, en la mayor parte de los casos depositada en bancos extranjeros.
Con la misma amoralidad, matonaje, soberbia y delincuencia que han mantenido secuestrado al país en las últimas seis décadas, muchos de esos personajes hacen colas para expresar su adhesión a los postulados de la APC, de recuperar el país, combatiendo los males que genera siempre toda estructura injusta de poder.
La derrota del Partido Colorado es de tal magnitud que, incluso, a medida que termina el conteo de las mesas receptoras de votos, está quedando con una bancada parlamentaria muy disminuida, frente a su contrincante de siempre, el Partido Liberal, principal fuerza aliada a Lugo.
Sabiduría vs mediocridad
En más de un siglo, en ambas organizaciones han destacado personalidades brillantes, pero todas han sido barridas por manadas de mediocres, encabezados por aventureros y demagogos de todo pelo, identificados en muchos de los vicios que han prostituído el ejercicio de la política en Paraguay.
Con 130 años de vida cada partido y en función de gobierno alrededor de ochenta años (1875/1900 y 1947/89) los colorados y unos 40 años (1904/45) los azules, en sus filas cohabitan generaciones con similar propósito de explotar al Estado para su provecho personal y de pequeños grupos cercanos de familiares y amigos.
La autocrítica es una virtud que rara vez practica en Paraguay algún actor de la vida política, empresarial, gremial, religiosa, o entre jerarcas de los entes autárquicos o de los centros de enseñanza. La universidad está divorciada de la investigación científica y quizás por ello no hay conciencia de los males.
En lugar de reconocerse culpable de algo, el paraguayo medio siempre encuentra la culpa en otro u otros, fruto de una actitud de avestruz, consecuencia de una cultura de sometimiento que le han impuesto los diferentes regímenes tiránicos desde hace 130 años, cuando la infame Guerra de la Triple Alianza descuartizó este próspero país.
La agresión de los Ejércitos de Brasil, Argentina y Uruguay, financiados por el Banco de Londres, al cabo de seis años de heroica resistencia de todo el pueblo guaraní, dejó un tendal de cientos de miles de muertos, de lisiados, viudas, huérfanos, una tierra saqueada, cientos de jóvenes mujeres violadas y otras secuestradas, junto a los niños y adolescentes de mejor constitución física arriados a Brasil. El territorio paraguayo fue despojado de miles de kilómetros cuadrados.
Lugo, cincuentón tranquilo, grandote, convencido de su difícil misión, por ahora observa atentamente cómo se van cargando las muy diferentes mercaderías en el carro que deberá conducir en los próximos cinco años, a la cabeza de un dispar conglomerado de partidos, centrales sindicales y movimientos sociales, cada uno con su perfil ideológico propio, sus apetencias, prioridades y egoísmos.
Gran parte de un buen resultado, dependerá de la capacidad de Lugo para cerrar los inevitables acuerdos políticos que demandará un parlamento con pocas diferencias de bancas entre la APC y el Partido Colorado, que entraría a jugar dividido, entre los oficialistas y los adherentes a Castiglioni.
Los oviedistas y los pocos de Patria Querida, en algunos casos podrían ser las visagras, cuya función facilita siempre la entrada y la salida, las cuales nunca son gratuitas en política.
25 de abril de 2008
José Antonio Vera
Periodista uruguayo radicado en Paraguay
jvsolmar@yahoo.es
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