José Antonio Vera José Antonio Vera
14 de mayo de 2008
Fernando Lugo

Paraguay

Lugo marca rumbos

José Antonio Vera


El Presidente electo, Fernando Lugo, camina con firmeza entre el pueblo para consolidarse como la cabeza indiscutida de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), cuya heterogeneidad alimenta muchas dudas e inquietud acerca de su cohesión, una vez asumida la administración nacional, el 15 de agosto próximo.

A pocos días de su triunfo, el ex-obispo marca rumbos y está acumulando más simpatías populares que en el mismo momento de su elección, el pasado 20 de abril, al punto que su casa, en la periferia de Asunción, se ha convertido en una romería permanente, animada por nacionales y extranjeros de todos los orígenes, dirigentes sociales, políticos y sindicales, indígenas, docentes, desocupados, campesinos sin tierra, familias sin techo, artistas y conjuntos musicales, todos aportando lo suyo, desde demandas hasta ofrendas.

Cierta fascinación se produce entre una población sometida por décadas de tiranías, que comienza a expresarse sin miedo. Por todos lados, surgen estos días movimientos de reivindicación de derechos laborales y sociales, desde siempre conculcados.

Se registra una manifestación constante de apoyo personal a Lugo, al tiempo que crece una expectativa general acerca de la política social que desarrollará para contrarrestar el empobrecimiento acelerado del pueblo, en momentos que el gobierno en ejercicio se desentiende de todas sus responsabilidades, en señal inequívoca de abandono del barco.

Un estado acéfalo

La derrota electoral produjo una conmoción de la que pocos dirigentes del Partido Colorado se están recuperando y varias son las oficinas de Ministerios y Secretarías de Estado que están vacías, sin actividad. Muchos de sus jerarcas han renunciado de hecho a su deber en áreas de singular importancia para el funcionamiento del país.

En los últimos días ha surgido una ola de ocupación de tierras por campesinos que desde hace años reclaman al Estado parcelas para trabajar, a quienes, indudablemente, estimula la victoria del ex-oispo, quien tiene un cuarto de siglo de solidaridad con las reivindicaciones de los labriegos y ha sido su defensor, en el mismo terreno, en la misérrima zona de San Pedro, cada vez que llegaba la policía y el ejército para reprimir

En general, la guardia privada de los hacendados repele a balazos el intento de ocupación y, en los últimos días, la orden patronal de defender la propiedad “al precio que sea”, envalentona esa práctica y ello puede dar inicio a una escalada de violencia porque algunos campesinos, cansados de una vida de abusos, amenazan responder con iguales métodos. Algunos enfrentamientos ya se registraron, sin muertos, por ahora.

El Ministro del Interior, Libio Florentín, responde con mucho cinismo acerca del tema de la inestabilidad social. La inseguridad, dice, constituye un problema cuya solución no pasa por el gobierno actual, sino que corresponde a Lugo atenderla. Similar actitud asumió el Presidente Nicanor Duarte Frutos, ante una delegación de familias sin techo.

Esa inconducta ofrece varias lecturas. Por un lado, brazos caídos, expresión de abandono total,que confirma el estado semicomatoso en el que han quedado los mandos Colorados, tras 60 años de poder absoluto. A su vez, también puede ser una pose de algunod jerarcas de organismos estatales, de aparentar dejar el barco al garete y ganar tiempo para llevarse todo lo que puedan.

Oligarcas y latifundistas

El 10 por ciento de la población paraguaya, de seis millones de habitantes, posee el 80 por ciento de las tierras, legal o ilegalmente, algunos con sospechosos títulos de propiedad y otros con documentación legal pero ilegítima, porque son producto de regalías que hacía el General Alfredo Stroessner, para comprar fieles, incondicionales.

Más de 300 mil familias sobreviven en la miseria, sin los más mínimos servicios de salud y educación, sin agua potable ni electricidad, en un país regado por el acuífero guaraní y poseedor de dos represas hidroeléctricas binacionales, Yaciretá, con Argentina e Itaipú, con Brasil, que es una de las más importantes del mundo.

El gremio de los grandes hacendados constituye una logia, de padres a hijos, habituada a las prebendas del Estado que les subsidia del combustible para uso rural, pero sus cuatroXcuatro inundan las ciudades. Se benefician de un tipo alto de cambio para sus negocios.

Sus herederos, colorados pero también liberales, conforman el grueso de los tres poderes, con fuerte presencia parlamentaria. En 1996 se produjo una masiva quiebra bancaria, de la que el país aún paga las consecuencias, pero toda esa gente salió más rica aún, porque el Banco Central los consideró víctimas y los indemnizó. La mayoría abrieron financieras privadas, cuyo paso recordó a las hordas de Atila.

Los importadores, que pertenecen al mismo sector elitista, aumentan en forma despiadada el precio de venta de los productos extranjeros, que compran por la mitad, en virtud de un dólar devaluado un 50 por ciento en los últimos cuatro años.

En el plano ideológico, destacan entre esas familias confesos cavernarios estronistas, golpistas, partidarios del terrorismo de Estado, enemigos de cualquier mención de solidaridad social cuando ganan mucho y mendigos de ella cuando ganan poco, partidarios de socializar la economía en cada momento de crisis. El Presidente de la Asociación Rural, Néstor Nuñez, acaba de afirmar que los problemas del país son culpa de la izquierda,de los comunistas,que quieren socializar todo, “pero nos defenderemos”.

El poder de los sojeros, mayoría extranjeros, es tal que, por ejemplo, están excentos del pago de impuestos, mientras se llevan todas sus ganancias al exterior, con aplausos del Banco Central, cuyos informes elogian sus exportaciones, que son el crecimiento nacional y la macroeconomía, tan brillante como egoísta, enriquecedora de ricos y hambreadora del pueblo, cuando no se traduce en desarrollo social integral.

Los dirigentes de esa cofradía incurren estos días en flagrante inconsciencia en su exhortación a la autodefensa armada, frente a la invasión de unas veinte propiedades en el último mes que, en definitiva, la mayoría es desocupada en pocas semanas.

Se presume que, en ningún caso, los campesinos llegarían a afincarse en un 15 por ciento de la superficie de cada establecimiento, aunque ello es difícil de evaluar porque son muy contradictorias las informaciones que dan la Asociación Rural y las propias organizaciones campesinas.

Respetar la propiedad
de los que no tienen propiedad

Frente a la magnitud del problema, Lugo se reunió este lunes temprano en la Plaza Italia con numerosos dirigentes sociales y en un mitin sorpresivo, quizás el más argumental y contundente de su corta carrera política, ante miles de personas, reiteró que se guiará por la Constitución Nacional y hará respetar la propiedad privada pero que, al mismo tiempo, hará que se respete “la propiedad de los que no tienen propiedad”.

“La ocupación de tierras será el último recurso, después de agotar todos los caminos y todas las estrategias, que puedan resolver el problema, pero para nada es justo que las demandas de los labriegos pasen años encajonadas en los ministerios”, afirmó Lugo.

Parcial admisión y tolerancia que marca su primera diferencia pública importante con el Vicepresidente Federico Franco, Presidente del Partido Liberal Radical Auténtico, mayoritaria fuerza de la APC, quien se manifiesta enemigo de toda clase de ocupación de propiedades privadas.

Carente de una organización política propia, y constantemente embestido por los pedidos de cuoteo en la conformación de su gobierno, de acuerdo con el porcentaje de votos obtenido por cada componente de la Alianza, Lugo se apoya “en el pueblo organizado” y mantiene firme su promesa de integrar la administración nacional “con los más capaces, sin aceptar ninguna imposición partidaria”.

Esa postura, que golpearía décadas de prebendarismo y paternalismo, concita en muchos sectores de la sociedad esperanzas de renovación y de higienización de la función pública, pero genera malestar en diversos ámbitos, incluso entre algunos aliados del ex-obispo.

Leves roces en la puja por puestos

Las diferencias son menores y los comentarios, sin manifestación visible por el momento, se limitan al boca a oreja o a recintos reducidos donde se habla en voz baja, oficio que aprendió muy bien la población paraguaya para eludir el autoritarismo que ha reinado en el país en casi todos los 180 años de República.

Los nombres de candidatos, para tal o cual puesto importante en el nuevo gobierno, circulan a diario en las conversaciones corrientes, y es notable la preferencia de los medios periodísticos por hombres vinculados con los dos viejos partidos, propuesta que excluye de los cargos importantes a referentes de las organizaciones menores que integran la APC, mayoría partidarias de un cambio hacia una via socialista.

La prensa patronal destaca que Lugo sostiene que entre los colorados “hay gente muy buena y capaz”, lo cual es cierto y, además, entre ellos está el grueso de los funcionarios con mayor experiencia profesional, que tanto necesitará el nuevo gobierno y a los que el Presidente electo ha garantizado continuidad laboral, “a condición de comportarse con idoneidad y honestidad”.

Primeros tropezones

Los liberales, mayoritaria fuerza electoral y organizativa dentro de la Alianza, están ingresando en una puja interna fuerte que amenaza agravarse en la competencia por ocupar puestos de influencia en el gobierno que se instalará el 15 de agosto.

El Vicepresidente Federico Franco, miembro de una empresa política familiar, preside el Directorio pero no tiene mayoría y, en cambio su antecesor Blas Llano, cuenta con el apoyo de los siete gobernadores departamentales recién electos. Otros referentes con influencia son Tito Saguier, actual Presidente del Senado y su colega Mateo Balmelli, quien perdió ante Franco en las internas de meses atrás.

Franco, exigido por influyentes dirigentes conservadores, tiene la difícil tarea de satisfacer la demanda interna del cuoteo y, a la vez, mantener sin fisuras su relación con Lugo, lo cual exigirá mucho oficio en las negociaciones, profundo respeto por los principios de la política de alianzas y el recuerdo permanente de que la candidatura del ex-obispo salvó al liberalismo de una implosión similar a la que sufrieron los colorados.

Claro, sin el apoyo del Partido Liberal, Lugo tampoco hubiera ganado, pero esa simbiosis lograda requiere profundizar el entendimiento en el definitivo diseño del programa de gobierno y en su aplicación, tareas en las cuales el ex-jerarca religioso tiene plena libertad de acción, que comenzó a ejercer desde el momento que anunció que será el único responsable de la designación de los cargos de gobierno.

La cancillería es uno de los puestos más ambicionados por sectores del Partido Liberal, al igual que la Contraloría General de la Nación, que mantienen desde hace 15 años acumulando descrédito, con penas de cárcel incluídas, por el enriquecimiento injustificado de algunos de sus máximos representantes.

El deseo liberal de encabezar la política exterior se ha puesto de manifiesto y en forma desafortunada, con el viaje que realizó este martes a Montevideo el Vice Franco, apenas una semana antes de la visita prevista por Lugo, a invitación del Presidente Tabaré Vázquez.

El jerarca liberal cometió errores de oportunismo, imprudencia e impudor, además de indicar algo de amnesia, por llegar a la capital del otro socio menor del MERCOSUR de la mano de políticos de la derecha más conservadora del coloradismo uruguayo, que tienen un pasado, no olvidado, de complicidad manifiesta con la dictadura militar.

Los dos pueblos, el uruguayo y el paraguayo, decididos a liberarse de años de ostracismo, merecerían mayor consideración.

“No solucionaremos todos los problemas del país, pero comenzaremos a solucionarlos”, enfatizó en plena Plaza Italia el Presidente electo, quien se ha fijado claras prioridades, como la justicia social con el combate de los problemas sociales y económicos más acuciantes, en un ambiente de libertad, “para terminar con las persecuciones de personas” y el recurso a la violencia para alimentarse y para sostener una familia.

El respeto por la dignidad humana, con la creación de fuentes de trabajo para que nadie pase hambre, la distribución equitativa de la riqueza, la entrega de tierras al campesino que no la tenga, los derechos escamoteados a los indígenas por 500 años, la limpieza moral del Estado y de la sociedad, y la elevación de los niveles de educación, son rubros a los que Lugo decidió atacar.

En la ceremonia de investidura, exhortó, espero verlos también a todos ahí, en particular a todos los sectores más olvidados, para celebrar la victoria de todos los paraguayos, porque seré el Presidente de todos, sin ninguna clase de exclusiones, y con preferente atención a aquellos que siempre han estado marginados por una política de injusticias.

13 de mayo de 2008


José Antonio Vera
Periodista uruguayo radicado en Paraguay
jvsolmar@yahoo.es
 
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