José Antonio Vera José Antonio Vera
6 de julio de 2008
Fernando Lugo

Paraguay

Despertar brumoso

José Antonio Vera
desde Asunción

Protestas estudiantiles, marchas inéditas de cientos de amas de casa, manifestaciones de funcionarios públicos, de docentes y de camioneros, se producen desde hace días en distintos puntos de Paraguay, al mismo tiempo que familias campesinas prosiguen su vieja lucha de ocupación de latifundios y que grupos indígenas reivindican los derechos humanos que les escamotean desde siglos, conforman partes de una movilización social desconocida en el país en las últimas décadas, que ya plantea apremiantes exigencias al gobierno que presidirá el exObispo Fernando Lugo, desde el 15 de agosto.

El escepticismo que mucha gente, al interior como al exterior del país, manifiesta a diario acerca de un eventual cambio en la subjetividad del pueblo paraguayo, está siendo desplazado por la tozuda realidad. Varios elementos, surgidos en los últimos días, evidencian nuevas formas de sentir y pensar en un alto porcentaje de esta población, resignada durante décadas al sometimiento por mandatarios tiránicos y corruptos.

La Universidad Católica de Asunción (UCA), cuyo Gran Canciller es el Arzobispo Pastor Cuquejo, y que depende de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP), desde la semana pasada es uno de los escenarios de esos cambios. Estudiantes, encaramados en las inmensas y artísticas puertas de hierro, se enfrentan con los guardias de seguridad, algunos de los cuales están acusados de agredir físicamente a los jóvenes, ejerciendo un viejo hábito represivo que los directivos niegan, desmentidos por la filmación de ciertas escenas, nada dignas de tan honorable casa de estudios.

El conflicto estalló como consecuencia del accionar burocrático y desgastado que acusa la dirección de la política nacional de enseñanza, cuyos responsables, en grueso, continúan de espaldas a la problemática social e insensibles al reclamo de cambios de amplios sectores de la población, a los que cada día conforma menos el mezquino asistencialismo estatal tradicional.

El petardo fue el nombramiento de José Antonio Moreno Ruffinelli como Rector de la UCA, uno de los tantos docentes y diplomáticos, aún en ejercicio, que destacaron en las primeras filas de la intelectualidad que sustentó a la obscurantista tiranía del General Alfredo Stroessner, entre 1954 y 1989.

Los jóvenes universitarios, que vienen de una larga campaña para conseguir una reducción del 50 por ciento del precio de los boletos del transporte para los estudiantes, desde la primaria hasta la superior, están logrando sensibilizar a la ciudadanía acerca de la necesidad de examinar la conducta de los hombres públicos, como un medio para combatir la impunidad, de la que gozan numerosos herederos estronistas.

La coordinadora de los estudiantes de filosofía de la Universidad Nacional, que ocuparon el aula magna, pidió al Vaticano que convenciera a la CEP de desistir del nombramiento, pero ésta persistió en apuntalar a Moreno,“coautor de la ley 209 que legalizó la tortura y asesinato de cientos de luchadores”, según el activista por los derechos humanos Martín Almada, uno de los impulsores del rechazo del nuevo Rector.

La Comisión Verdad y Justicia también apoya a los estudiantes, bajo la presidencia de Monseñor Melanio Medina, conocido luchador por la “reconquista de los valores morales de honestidad, pisoteada por estos personajes que durante 61 años han mamado de la teta del Estado”, afirma Almada, junto a otras personalidades que se han sumado a la protesta juvenil, tales el octogenario humanista Luis Alfonso Resck y Rúben Villalba, Defensor del Pueblo Adjunto.

Irónicamente, desde hace ocho años el titular de esa defensoría es Paéz Monges, resultado de alguna de las muchas transas entre el Partido Colorado, al que pertenece, y sectores de la oposición amaestrada, referentes de izquierda incluídos, lo cual impulsó a varias organizaciones sociales, entre ellas la Coordinadora Nacional de Luchadores contra la Dictadura y la Agrupación de familiares de detenidos, desaparecidos y asesinados por razones políticas, a denunciarlo como militante estronista de la linea dura.

El conflicto en la UCA se venía incubando, al igual que otros muchos a puntos de estallar, producto de las contradicciones sociales que se dan en amplios sectores del país, donde asoma un despertar general en medio de espesas brumas, fenómeno que, en parte, ratificó el triunfo presidencial de Lugo, a la cabeza de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), que derrotó, en las urnas, sesenta años de poder absoluto del Partido Colorado.

Un proceso de decantación se está desarrollando entre la ciudadanía y ello va permitiendo identificar a los primeros actores, como no ocurría en el país desde 1870, cuando terminó la invasión de los ejércitos de Argentina, Brasil y Uruguay, en la llamada Guerra de la Triple Alianza, conflicto que, además de desangrar el país, esquilmarlo y reducirlo en población y territorio, sembró una confusión ideológica tremenda, en beneficio de algunas potencias extranjeras que dieron pie a la creación del bipartidismo conservador-liberal, ahora agonizante.

Por un lado, es posible verificar un despertar de esa juventud que tiene la misma edad de la transición que debió comenzar hace 20 años con el derrocamiento de Stroessner, triunfo popular que debió traducirse en cambios de métodos y doctrina, pero que fue secuestrado por la rapacidad e ineptitud de una clase política formada y alienada por un siglo de autoritarismo y corrupción generalizada.

En medio de los seis millones de habitantes, esa franja poblacional, que ha recibido de sus padres, de las aulas y de los grandes medios de comunicación un legado de pasividad, indiferencia y desconfianza por el acontecer político, resulta que no está salpicada por la delincuencia institucionalizada, esa que intenta todos los días de mantenerla marginada, amparada por la impunidad que le confieren inmensas fortunas malhabidas y su pertenencia al aparato del Estado.

El cuoteo político va continuar, es algo cultural en nuestro país y se necesitará tiempo y esfuerzo para irlo superando, palabras más, penas menos, empleó Lugo para explicar la conformación de su gabinete ministerial, paralela a la elección de las presidencias de ambas cámaras parlamentarias, que se concretó este lunes, en cumplimiento del juramento de los nuevos legisladores, que puso fin a varios días y noches de intensas negociaciones al estilo politiquero antiguo, lo que confirma que esos claustros siguen divorciados del deseo popular de cambios.

El pueblo, principal interesado y destinatario de la labor del próximo quinquenio de los 45 senadores y los 80 diputados, una vez más estuvo ausente, sin invitación alguna pero sin manifestar mayor interés en participar de tamaña ceremonia, engalanada con las cansinas palabras de honorabilidad y del pusilánime juramente de que, si no cumplo, Dios y la Patria me lo reclamarán.

La pluralidad de la composición de ambas cámaras, no es suficiente argumento para ganar la confianza de una población que, mayoritariamente, expresa hartazgo de la política, consecuencia de muchas décadas de sometimiento, frustración y penurias. Somos un país chico, donde “todos nos conocemos”, dijo Lugo el pasado fin de semana, al anunciar que conformará un servicio de Inteligencia Nacional, para coordinar las tareas mayores del Estado.

Una masa multicolor conforman los elegidos, entre viejos y nuevos, mezclándose personas bien intencionadas, que desean abrir la ruta a la construcción de un país nuevo, con sofistas y demagogos, veteranos politiqueros que esperan sacar partido de la inexperiencia de los recién llegados para situarse en las cercanías del Jefe de Estado, procurando contagiarlo con sus conocidos hábitos de prebendarismo, mendigándole la dirección de organismos descentralizados, para proseguir la corrupción administrativa.

Las elecciones nacionales confirmaron un innegable proceso de evolución política, al punto que el exObispo, sin representar a ningún partido, fue electo, sembrando una gran esperanza de renovación en el país y la región, hálito que, sin sorprender, a perdido algo de fuerza en el arduo proceso de amalgamar las diferentes piezas del complicado tablero con el que Lugo deberá gobernar con su muy heterogénea fuerza que lo acompaña.

El vacío administrativo que está dejando el gobierno saliente, de Nicanor Duarte Frutos, y los compromisos asumidos por el Presidente electo ante una población muy necesitada de cambios y, por lo tanto, ilusionada, reclaman un inmenso esfuerzo de coherencia y respuestas de Lugo y de sus colaboradores, quienes deberán corregir sus primeros tropezones, producto de apresuramientos e improvisación propios de fuerzas políticas acostumbradas a la crítica desde la tribuna pero sin la suficiente capacitación para gestionar la marcha de un país que reclama transformaciones profundas.

En los dos últimos años, sumados a un cuarto de siglo de ejercicio religioso, Lugo ha experimentado mucho acerca de las dificultadas para amalgamar posiciones comunes entre los dirigentes partidarios. Ejemplo, la constitución de la Alianza Patriótica, la coalición que conduce y que, hasta algunas semanas atrás, parecía hacerlo sin mayores esfuerzos, como un experimentado líder.

Bastó, como era de esperar, que comenzara la designación de Ministros, para que asomaran las primeras divergencias entre Lugo y su Vicepresidente Federico Franco quien, a su vez, en su carácter de Presidente del Directorio del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), pretende ocupar la titularidad del mayor número de los órganos del Estado, en proporción a la masa de electores que registró cada fuerza que integra la APC, aspiración impopular que, hasta ahora, el nuevo mandatario está logrando frenar.

El triunfo electoral fue consecuencia de un masivo hartazgo frente a la inmoralidad del coloradismo, del contagio que experimenta la población de los vientos progresistas regionales y de una exitosa simbiosis que se produjo entre Lugo, los liberales, varios partidos chicos y numerosos movimientos sociales.

El exObispo necesitaba de un partido con masa electoral consolidada que, entre toda esa oposición amaestrada que ha sufrido el país durante sesenta años, sólo tenía el PLRA, el que, a su vez, desgastado, dividido, agonizante, incapaz de ofrecer la más mínima alternativa al pueblo, encontró en Lugo su tabla de salvación.

3 de julio de 2008


José Antonio Vera
Periodista uruguayo radicado en Paraguay
jvsolmar@yahoo.es
 
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