José Antonio Vera José Antonio Vera
13 de julio de 2008

       Paraguay

     Verticalismo
     y desvergüenza

Fernando Lugo
José Antonio Vera desde Asunción

Entre los numerosos compromisos asumidos por Fernando Lugo, en su manifiesta intención de imprimir desarrollo social a su país, combatiendo la corrupción, el prebendarismo y la paralizante burocracia, sus ataduras con el Partido Liberal y con la Conferencia Episcopal, constituyen problemas de honda complejidad que están poniendo a prueba su real capacidad para responder a las esperanzas populares y que, a no dudar, serán factores de considerable influencia ideológica en su gestión quinquenal.

Cuando falta un mes para asumir la jefatura del Estado, el 15 de agosto, coronando una resonante victoria electoral contra 61 años de poder absoluto del Partido Colorado, el ex Obispo ya viene enfrentando varios escollos puestos por esos mismos aliados que, por ahora, ha logrado superar parcialmente, aunque sin impedir que aparezcan las primeras fisuras en la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), cuya conducción detenta.

La complejidad de la partida y el tremendo desafío que, seguramente, constituirá la transformación de Paraguay en todos los planos de la vida de sus seis millones de habitantes, con 48 por ciento en la pobreza y el 25 en la extrema miseria, y con un cuarto de su población emigrada, permitía esperar que, en los hechos, los virtuales gobernantes manifestaran unanimidad de criterios y sentimientos.

Sin embargo, el irrespeto por las propias palabras, vicio cada día más expandido entre la mayoría de los actores políticos, en Paraguay y allende fronteras, cada día se abre puertas más anchas en el seno de la APC, debilitando esperanzas y enterrando albures.

Varios hechos dejan ver que, para muchos, el acuerdo de sumar fuerzas patrióticas para el cambio, sólo fue una coalición oportunista para ganar las elecciones y no una alianza para gobernar, que sea producto del diseño de un proyecto transformador del país, sueño provocado por un anhelo que, mientras se continúe atado a la fracasada línea monetarista, que inspira a más de un alto funcionario designado por Lugo, será imposible de alcanzar.

En las declaraciones de los nominados futuros ministros, nadie habla de estimular el desarrollo científico y tecnológico para sacar el país de su profundo atraso cultural, ni de competitividad y renovación, eternizado en el papel de exportador de materia prima, sin ningún servicio de control de calidad de la producción y el consumo, ni ningún sistema que regule ingresos, ganancias ni situación económica y social general.

El futuro titular de Hacienda, Dionisio Borda, impulsa un desarrollismo sin desarrollo social. Fue el primer titular de esa misma cartera en el gobierno (saliente) de Nicanor Duarte Frutos, en el que aplicó una ley de adecuación fiscal, cuyos efectos contra los sectores populares y las pequeñas y medianas empresas, la consagró como “el impuestazo”, que hace pagar más a los que tienen menos y excluye a los grandes agro exportadores sojeros.

Borda, formado en universidades norteamericanas, tiene confesa vinculación con la Fundación Nacional para la Democracia (NED), creación de la Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), a la que agradeció su colaboración en la elaboración de las “Notas para el Debate Electoral 2008”, documento difundido entre la clase política paraguaya, y aplaudido al unísono por los partidarios de los dogmas ultraliberales.

En 20 años de aplicación de las recetas fondomonetaristas, la pobreza absoluta, que arrasa familias y comunidades, saltó del 8,0 al 21 por ciento y la pobreza general del 21 al 48 por ciento de la población, se incrementó la delincuencia y los jóvenes, drogados y aturdidos por el consumismo galopante, matan al prójimo en la calle y a pleno día, por mil guaraníes, un cuarto de dólar, denuncia Idilio Méndez, autor del libro “Los herederos de Stroessner”, una vasta y profunda investigación periodística.

Matrimonio por conveniencia

Sesenta años de coloradismo, con otras tantas décadas anteriores de déficit en la administración estatal, salvo unos cortos períodos de gestión ética y heroica, han sumido a Paraguay en la mediocridad y en una delincuencia institucionalizada que ha parido extrema injusticia social, mala alimentación, desempleo, inseguridad y falta de servicios de salud, vivienda y educación. De cada diez niños que comienzan primaria terminan cinco.

El matrimonio de la APC, a conciencia de la mayoría de sus integrantes, salvo unos pocos ingenuos, se hizo por conveniencia y ya comienza a pagar la equivocación, como se desprende de la inocultable disonancia entre el Presidente electo y su Vice, Federico Franco, presidente, a su vez, del directorio liberal y representante de su ala más conservadora y torpe, al punto que ya comenzó su campaña para “instalar un hombre o una mujer liberal en la jefatura del Estado en el 2013”. Demagogia y virtualidad.

Lugo fue esperado esta semana en la Convención Liberal y, desde el palco, se informó que estaba presente en la entrada, donde nunca apareció, generando toda clase de especulaciones, pero dos en particular. Una, que el clan Franco, minoría en el partido, quiso aprovechar al Presidente para reafirmarse internamente y desmentir los rumores de conflictos, y dos, que el exObispo olfateó que se exponía a reproches públicos por no haber designado un número mayor de liberales en su futuro gabinete ministerial.

Franco declaró que la masa liberal se sintió defraudada. Olvidó que, días antes, había recibido un inmerecido regalo del Presidente, al nombrar a Carlos Mateo Balmelli en la codiciada dirección de la represa binacional de Itaipú, decisión que provocó la renuncia inmediata de la propuesta Canciller Milda Rivarola, en un gesto que la honra.

Tras treinta años de sacerdocio, Lugo aprendió bien el oficio que requiere el púlpito y la obediencia a la verticalidad y, probablemente, esa capacitación lo llevó a respetar el tradicional y dañino cuoteo partidista, lo que podría explicar la designación de Mateos Balmelli a la cabeza de una institución que determina la economía del país y cuyo tratado con Brasil requiere una complejísima renegociación que figuró como prioridad durante toda la campaña electoral luguista. Reivindicación tan justa como populista.

Otra hipótesis es que, en un hábil juego de cintura, y consciente de la división que campea en filas liberales, Lugo haya optado por debilitar más a la linea de su Vice, nombrando en un puesto tan importante a uno de sus principales opositores internos. El problema es que, de paso, deja de lado a muchos de sus aliados de la primera hora.

El banquete del tiburón continúa

El tema Itaipú es primordial. El pago de los salarios de los 200 mil funcionarios públicos paraguayos, depende de los 400 millones de dólares de royalties que, cada año, recibe Asunción por la represa, irrisoria suma con relación a la producción, a juicio de numerosos especialistas.

En virtud del acuerdo, de hace casi 30 años, ambos países se deben repartir el total de la energía pero si uno, de hecho Paraguay, no utiliza todo su 50 por ciento, queda obligado a venderle ese remanente a su socio mayor, el que, desde entonces, utiliza el 95 por ciento del total, pagando por ese 45 por ciento extra, un precio muy por debajo de la cotización en el mercado mundial energético.

La decisión de Lugo de nombrar a Balmelli en Itaipú, no sólo provocó la penosa caída de la primera rama del árbol naciente, sino que generó manifestaciones públicas de rechazo y de fuerte malestar en los sectores populares.

Anibal Carrillo, máximo referente del Movimiento Tekojoja, placenta de la candidatura de Lugo, y su segunda fuerza de apoyo, consideró erróneo ese nombramiento, porque recae en alguien que carece del oficio técnico y político requerido, al tiempo de marginar a personas que han dado suficientes muestras de capacitación y lucha para garantizar un buen desempeño. Similar disconformidad expresó Carlos Filizola, lider del Partido País Solidario, del que la renunciante Rivarola, “por incompatibilidad ideológica”, es su intelectual más destacado.

La renegociación de ese acuerdo bilateral “será prioridad en nuestra lucha por recuperar la soberanía nacional”, repite Lugo desde hace meses, apoyado en particular por el Tekojoja, en cuyas filas sobresale uno de los expertos de mayor prestigio en la materia, el Ingeniero Ricardo Canese, recién electo representante en el Parlasur, visto desde siempre por la mayoría de los paraguayos, por encima de los partidos, como la persona más idónea para el cargo, el que merecería por veinte años de lucha para eliminar sus cláusulas más oprobiosas para los intereses nacionales, pisoteados por el poderoso socio, en connivencia con los funcionarios de la dictadura estronista.

Lugo indicó, este fin de semana, que “los liberales ya tienen bastante”, satisfecha su aspiración de integrar el Ejecutivo Nacional según el porcentaje de los votos obtenidos el 20 de abril, objetivo que se cuidaron muy bien en publicitar durante la campaña electoral por dos razones mayores.

Primero, el pueblo está harto de las politiqueras repartijas de cargos y, segundo, los liberales, desgastados y con seria amenaza de implosión orgánica, estaban obligados a hacer muy buena letra, mostrar generosidad y apertura de miras. Es decir, una renovación interna necesaria que sigue ausente, fagozitada por la avaricia personal y una concepción limitada de la acción política.

Triunfo estudiantil contra el blanqueo

La verdad es que la esperanza, alimentada por la mayoría de la población ha comenzado a decaer antes de que Lugo asuma, reflejo de otra peculiaridad de la mentalidad del paraguayo medio que, para manifestar sus impresiones, no ha esperado la asunción ni respetado el plazo clásico de los primeros 100 días, otorgado en el mundo a todo gobierno nuevo. El comunicador Benjamín Fernández Bogado opina, con buen tino, que “administrar esa esperanza” será uno de los desafíos mayores para el exObispo.

La apuesta es complicada, no hay dudas. Algunos hechos visibles apuntan a que en el compromiso fundacional de la APC se priorizó desplazar a los colorados del poder, sin atender con la precisión requerida el probable manejo institucional y el “qué hacer?” después y cómo y entre quienes, desprolijidad que hoy produce improvisación y descuidos en las agendas, generando un hormigueo incapaz de ocultar algunos desórdenes que se revelan a nivel de los servicios del protocolo y la comunicación.

La falta de cuadros suficientes de primer nivel en el seno de la coalición, obreros y oficiales calificados en la administración estatal, falencia que padece toda la clase política nacional, siempre conforme con el trabajo sin terminación fina, convirtiendo el “así nomás” en regla de conducta cultural, está permitiendo que se arrimen a Lugo desprestigiados personajes estronistas que tienen experiencia en la labor burocrática, en descarado afán de blanqueo social.

Esa estrategia está apuntalada por el accionar de instituciones que están paralizadas en el tiempo y también por personas con un pasado honorable de oposición a la tiranía del General Alfredo Stroessner, entre 1954 y 1989, pero que se revelan incapaces de aggiornarse ante la demanda de cambios por la mayoría de la población del país y de la región, agrupada en el MERCOSUR.

Parte de esa reivindicación ha triunfado en estos días en Paraguay, al enfrentarse un sector del estudiantado con la jerarquía de la Universidad Católica y de la Conferencia Episcopal, tras la designación de Rector de José Antonio Moreno Rufineli, coautor de la ley 209 que legalizó la tortura y la persecución ideológica de los opositores a Stroessner.

Al igual que otros altos funcionarios estronistas, todavía impunes y en actividad en los tres poderes del Estado y, en particular, en la diplomacia y la enseñanza, Moreno intenta justificarse declarando que cumplía con la orden superior de combatir el comunismo, en aplicación de la doctrina norteamericana de Seguridad Nacional que creó el siniestro Plan Cóndor, contubernio de los regímenes asesinos y ladrones que asolaron Sudamérica entre las décadas setenta y ochenta.

La protesta estudiantil culminó en victoria, en el primer triunfo de una movilización popular después de las elecciones del pasado 20 de abril.

Tras 15 días de ocupación de la Universidad, el apoyo solidario fue creciendo y ello forzó la renuncia de Moreno Rufineli, incapaz de levantar los cargos. Sin embargo, la Conferencia Episcopal, junto con el representante del Vaticano, persistieron en su error, reafirmando la vieja concepción sectaria y verticalista que, con pocas excepciones, sirvió de maquillaje del autoritarismo y latrocinio estronista.

La acción estudiantil, verdadera cátedra de formación de ciudadanía, ha contribuido también para desnudar comportamientos personales, tales el del Defensor del Pueblo, Páez Monjes, ausente durante la ocupación, un conocido represor impune encubierto por esa noble función y un nombramiento producto de la amoralidad.

La demistificación ha comenzado y afecta, asimismo, a miembros de la Comisión Verdad y Justicia, otro atrio de blanqueo de estronistas y exposición pública de enemigos de los cambios, cuya inoperancia traiciona la misión de investigación de la violación de los derechos humanos durante los 35 años de la dictadura.

El Presidente de esa Comisión, Monseñor Melanio Medina, habría aceptado que la misma apoyara el reclamo estudiantil de la expulsión del rector designado, pero en su papel de miembro de la Conferencia Episcopal, se sumó a la tozudez y torpeza de mantener a Moreno Rufineli, confirmando con una mano su incondicionalidad con la orden superior apostólica, y con la otra traicionando la razón de ser de la Comisión y los principios de verdad y justicia, que dice honorar.

“Hombres escombros” fueron calificados tiempo atrás quienes todavía actúan con mentalidad estronistas, por el nonagenario Arzobispo Benemérito de Asunción Ismael Rolón, verdadero ejemplo de coherencia y conducta ética, que muy mal homenajea la mayoría de sus correligionarios.

13 de julio de 2008


José Antonio Vera
Periodista uruguayo radicado en Paraguay
jvsolmar@yahoo.es
 
PORTADA JOSÈ ANTONIO VERA