José Antonio Vera |
20 de julio de 2008
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Paraguay
Controvertido canciller
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José Antonio Vera desde Asunción
Con la designación, muy prolongada por efecto de numerosos cuestionamientos, de Alejandro Hamed Franco como Canciller Nacional, Fernando Lugo completó esta semana la conformación de su gabinete ministerial, que entrará en funciones el 15 de agosto, terminando 61 años de absoluto poder del Partido Colorado e inaugurando un ciclo creado por la esperanza de la mayoría de la población de vivir en un país menos injusto y corrupto, anhelos modestos que, frente a la realidad paraguaya, no son poca cosa.
Alejandro Hamed, hijo de un poeta sirio, bonachón profesor de historia y, desde el 2005 embajador en el Líbano, es una personalidad conocida por años de militancia democrática y de denuncia de la agresión permanente del pueblo palestino por Israel. Durante décadas, bajo la tiranía del General Alfredo Stroessner, residió en Uruguay, Egipto y otros países.
En las últimas semanas, desde que su nombre comenzó a circular para ocupar el cargo dejado por la socióloga Milda Rivarola, en la primera baja del luguismo antes de empezar la gobernanza, y de inmediato a su confirmación, Hamed es atacado por algunos medios políticos, diplomáticos y de prensa de la derecha más conservadora, que lo acusa de antisemita, en una clara confusión con sionismo y con racismo antijudío.
En ese rechazo se han sumado altos dirigentes del Partido Liberal, cuyo Presidente, Federico Franco, es Vicepresidente de la República.
La campaña contra Hamed forzó a Lugo y a sus más próximos colaboradores a un cuidadoso estudio antes de decidir el nombramiento, cuya impugnación comenzó en la misma Embajada de Estados Unidos, aunque su titular, James Cason, luego de la reacción de miembros del equipo del gobierno entrante, pidiendo respeto, aclaró que “como demócratas, respetamos la soberanía de cada país”.
Con una permanente sonrisa tipo monalisa, y con esa insondable inexpresión tan común entre los árabes, el jefe de la futura diplomacia paraguaya, paseó su calma figura ante las cámaras y, con firmeza, responde que nada tiene contra Estados Unidos, a pesar de las expresiones de desagrado y sospechas ante su actitud en defensa de la paz en medio oriente, pero dejó entrever que exigirá retroactividad en las relaciones de Paraguay con otros países, incluída la acción consular en la expedición de visas. A cada país que pide hay que pedirle. La pequeñez territorial o poblacional, no disminuye la honra ni la dignidad.
Respeto a Israel, Hamed anticipó que procurará abrir una embajada en Tel Aviv, “porque en la región hay mucha negociación pacifista y, aunque por aquí ello no se aprecia, sería bueno que nuestro país tenga una mayor presencia”, esperanza que choca con la intransigencia bélica de Israel que continúa su agresión militar de los campamentos de la población árabe, contraviniendo numerosas resoluciones de Naciones Unidas, favorables a la instalación de un Estado Palestino independiente y soberano.
La elección de Tel Aviv, y no de Jerusalén, donde el gobierno ebreo prefiere la instalación de las embajadas extranjeras, es otro de los puntos que se le critica a Hamed, a quien sus detractores no le perdonan que haya otorgado visas a 68 libaneses durante la última invasión del ejército israelí, “entre los cuales podría haber terroristas”.
Otro tema y en eso el nuevo Canciller colabora con sus opositores, es su propia postura de que conoce muy poco de la situación actual del MERCOSUR y que ignora totalmente a las FARC, lo cual suena como un escape poco elegante de ambos problemas o un nivel de ignorancia en temas internacionales de trascendencia, que lo inhabilitarían para el cargo.
Paraguay tiene excelentes relaciones con Colombia y debemos profundizarlas, dice Hamed al tiempo que prioriza reforzar la cooperación en el seno del MERCOSUR, con énfasis en el deseo de disminuir las asimetrías, procurando un trato de igual a igual entre Paraguay y Uruguay, con Brasil y Argentina, con los cuales su país es copropietario de las importantes represas de Itaipú y Yaciretá.
Plan de los primeros 100 días
Superados los primeros escollos, quedan otros, para designar al Canciller, Lugo presidió el gabinete en pleno, que acordó el plan de acción que se propone aplicar en los primeros 100 días de su administración, para comenzar a combatir la profunda crisis social, con altísimos niveles de corrupción institucionalizada, desempleo, elevado analfabetismo funcional, mediocridad en todo el universo educativo, carencias en los servicios de salud, marginación social, creciente delincuencia y prostitución y con un cuarto de su población emigrada.
Ante la gravedad de los problemas que enfrentará Lugo, quien llega con alta cuota de simpatía popular, sorprende la generalización de las medidas y la poca atención que prestó el futuro Ministro de Hacienda, Dionisio Borda, convertido en portavoz de la reunión, al carácter urgente de las exigencias de la mayoría del pueblo.
Lo único concreto que anunció Borda, conocido por su concepción monetarista, es que está descartado todo aumento salarial este año, decisión que seguramente provocará los primeros conflictos sociales directos entre Lugo y el mundo sindical.
Borda, hombre fuerte en el equipo, nada dijo respecto a los reclamos populares de solución al desempleo, al hacinamiento de enfermos en los hospitales, vacíos de recursos curativos básicos y con déficit de personal especializado, a la inseguridad, que por día registra más de un asesinato en las agresiones callejeras, el robo de ocho vehículos y los asaltos a media docena de domicilios, actos en los cuales cada vez aparece más involucrada la policía.
Mucha más sensibilidad expresaban los discursos y promesas durante la campaña electoral de los diferentes miembros de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), el heterogéneo conglomerado que lidera Lugo y que le permitió ganar las elecciones el pasado 20 de abril.
Malestar entre los nativos
Un punto destacado de la carrera del exObispo hacia la presidencia fue su compromiso de dar una atención primordial a las necesidades de la población más marginada, empezando por los aborígenes que, divididos en 17 etnias, suman alrededor de cien mil personas, entre las cuales hay malestar por la designación de Margarita Mbywangi, aché guayaki, al frente del Instituto Paraguayo del Indígena (INDI).
Representantes de otras familias nativas amenazan con resistir la medida, si el futuro Ministro de Educación, Horacio Galeano Perrone, persiste en el nombramiento de Mbywangi, sin consultar a las bases, a quien acusan de haber levantado en armas a su etnia contra los avá guraraní por la disputa de un campo fiscal. Otro argumento contra la futura Presidente del INDI es que “es manejada por organizaciones no gubernamentales” que, desde tiempo atrás, estarían buscando apoderarse de la política indígena.
Sadismo
El grado de amoralidad y ruindad humana que ha reinado en el país, quedó demostrado una vez más estos días, con la presentación del libro “Una rosa entre mil soldados”, en el que Julia Ozorio Gamecho describe su existencia y la de otras esclavas del sexo durante la tiranía del General Alfredo Strossner, entre 1954 y 1989.
“Cuando tenía 13 años, fui raptada de mi hogar, en la campaña, por el pervertido y alcohólico Coronel Pedro Julián Miers y convertida en presa de su lujuria durante dos años, cuando logré escapar hacia la Argentina, donde he vivido 30 años sin poder superar esa infamia, que destrozó mi vida y la de mi familia”.
Ese oficial, como muchos otros, relata la autora, tenían la obligación de reclutarle jovencitas, “rubias y vírgenes” a Strossner. Actuaban como perros obedientes. Algunos se vanagloriaban de haber reunido hasta mil presas, a las que entre muchos jefes militares, en conjunto, podían hacerle toda clase de asquerosidades pero sin llegar a penetrarlas sexualmente, cosa prohibida por el tirano antes de que él abusara de ellas.
Muchas eran devueltas después que su raptor no podía evitar la relación sexual y ya eran impresentables ante su amo. “Inmundo, sádico, Miers me hacía desfilar desnuda frente a los soldados y al que no pasara la mano por mi cuerpo, lo castigaba. Tenía un criadero de aves que cuidaban los reclutas y juntaban miles de huevos por día, pero jamás me dio uno. Me hizo pasar hambre, y viví ese infierno descalza y con ropa grande de soldado”.
No pocas chicas fueron asesinadas, así como me contaba, borracho, que habían eliminado a numerosas personas que se oponían a la dictadura, todos acusados de “comunistas” por esa hiena que era Miers, al igual que Strossner y todos sus colegas, verdaderos criminales y ladrones.
Tras la presentación del libro, Amnistía Internacional decidió comenzar una investigación sobre las esclavas del sexo durante la dictadura de Strossner, tomando como pieza central el libro de Julia Ozorio, quien ahora reclama a la Defensoría del Pueblo una indemnización por el sufrimiento al que fue sometida.
20 de julio de 2008
José Antonio Vera
Periodista uruguayo radicado en Paraguay
jvsolmar@yahoo.es
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