José Antonio Vera |
24 de agosto de 2008
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Paraguay
Liviandad y grandeza de las ilusiones
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José Antonio Vera desde Asunción
El clima de fiesta que se respira en Paraguay por el cambio de gobierno, está abriendo un encomiable periodo de cooperación regional que, si las medidas prácticas superan las promesas, la buena voluntad y las ilusiones iniciales, podría sellar importantes aportes de Brasil y Venezuela al gobierno que preside Fernando Lugo, desde el viernes 15.
Muy necesitado está el exObispo de una colaboración concreta para intentar sacar al país del pozo profundo en el que lo ha dejado 61 años de corrupción e insensibilidad social del Partido Colorado, sumados a varias décadas de gobiernos erráticos del Partido Liberal, principal aliado ahora de Lugo, en virtud de las contradicciones y vericuetos de la política.
Lula espera esta semana a Lugo para comunicarle su decisión de contribuir financieramente a los primeros tres meses de la nueva administración, pocos días después que su colega venezolano Hugo Chávez suscribiera, con el flamante mandatario paraguayo, más de una docena de acuerdos de cooperación en áreas de gran interés social, como la capacitación tecnológica, producción, energía e industrialización, con la promesa de garantizarle el suministro de petróleo a precio solidario, por muchos años.
Lo más razonable “es juntarse”, dijo Eduardo Galeano, uno de los invitados más celebrados en la ceremonia de asunción de Lugo. Logró, incluso, que pobladores de La Chacarita, el barrio más mísero de la capital, asistieran de pie, acostados en la vereda frente al Teatro Municipal,para seguir por una pantalla gigante su conferencia magistral.
Leonardo Boff, patriarca de la Teología de la Liberación, coincidió con el escritor uruguayo en reclamar solidaridad con este alumbramiento de la esperanza popular, ahogada durante más de un siglo. De la misma forma trajo su abrazo fraterno el sacerdote y ex ministro de Educación de la Nicaragua Sandinista, Ernesto Cardenal.
San Pedro y Canelones
En ese marco de hermandad, las ciudades de San Pedro de Ycuamandiyú, centro del noreste latifundista paraguayo, y la uruguaya Canelones, corazón de la mayor producción hortícola y frutícola del país, han concluido una alianza de ayuda para el mutuo desarrollo.
Este último convenio confirma la posibilidad de construir herramientas propias entre las comunidades ciudadanas del interior de los países más chicos de la región y puede constituir un inicio de respuesta a la dañina asimetría del MERCOSUR, opinaron los signatarios, los jefes comunales José Ledesma, “Pacová” (banana), como le llama el pueblo sanpedrano, y el médico Marcos Carámbula.
La decisión, afirmaron ambos en ocasión de la firma en la capital Ycuamandiyú, responde a la creciente voluntad integradora que últimamente expresan los pueblos indoamericanos y que han comenzado a interpretar correctamente muchos de sus dirigentes.
El Departamento de San Pedro, con 350 mil habitantes, es el segundo de los 19 que componen la administración territorial paraguaya, a las orillas del hermoso río Jejui. Un conglomerado humano que despunta ciudades, con la agresora diferencia de clases sociales que registra todo el mapa nacional.
La mayoría de la población está orgullosa porque Lugo consagró en esas tierras más de una década de su vida de Obispo amigo de los pobres y ahí se convenció de la necesidad de incursionar en el combate político para contribuir a sacar a su país del atraso, la injusticia y la corrupción.
Destacan del flamante Presidente su permanente empeño en combatir el analfabetismo y la miseria y sus iniciativas a favor del desarrollo del conocimiento y de la infraestructura de la región, junto a su decidida defensa de los campesinos sin tierra frente a la represión policíaco-militar y de los capangas de narcotraficantes y contrabandistas de toda calaña que, desde hace un siglo, pululan en la zona con la venia de las autoridades nacionales.
Ycuá (manantial, fuente, origen) y mandiyú (algodón, en idioma guaraní), con 50 mil habitantes, es la cabeza de uno de los departamentos paraguayos más marginados por el centralismo asunceno que, desde hace 130 años, empuñan los dos partidos tradicionales, el colorado y el liberal.
La región viene pagando, desde lejos en el tiempo, un alto precio en vidas y esperanzas, por su tozuda y secular reivindicación de justicia y de recuperación de parte de unas 12 millones de hectáreas, entregadas en los últimos 60 años a miembros del gobierno, amigos, parientes o testaferros. Sus dirigentes campesinos exigen medidas correctivas urgentes, “de lo contrario seguiremos ocupando latifundios o tierras fiscales ocupadas por los grandes ganaderos y productores de soja”.
Después del derrocamiento de la tiranía del General Alfredo Strossner, en 1989, San Pedro es uno de los principales teatros de agitación de grupos de campesinos que denuncian la ausencia o falsedad de títulos de propiedad de sus actuales propietarios, beneficiados por años con regalías de miles de hectáreas que han mantenido improductivas, sólo como factor de especulación para venderlas a capitalistas extranjeros.
Por diversas sinrazones y algo de amnesia, la mayoría de su población, distribuida en 18 distritos, está adherida al Partido Liberal, principal apoyo electoral a Lugo en las nacionales del pasado 20 de abril. Al igual que los colorados, y también fraccionados en tres corrientes, los azules estaban amenazados de implosión. La candidatura del exObispo los salvó y recibió sus votos en contrapartida.
20 de agosto de 2008
Anterior del mismo autor
José Antonio Vera
Periodista uruguayo radicado en Paraguay
jvsolmar@yahoo.es
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