Marcos Winocur
17 de junio de 2002
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EEUU:
Terrorismo y crisis económica
Marcos Winocur* 
Desde los atentados a las Torres Gemelas y al Pentágono, los estadounidenses viven una tragedia nacional que paradójicamente les ha hecho un bien en más de un sentido. El gigante despertó del "sueño americano" a una realidad de pesadilla: no funciona la ecuación de la soberbia: "potencia unipolar = potencia invulnerable". No, por lo menos hoy. Esto, dicho sea en cuanto al factor terrorismo, cuyo origen es externo a Estados Unidos. En lo que hace a lo interno, oficialmente se ha dado por cerrada la recesión. Sin embargo, voces más prudentes hanseñalado que puede volver, más: que se conserva como un peligro latente. En efecto, las causas que le dieron origen no han desaparecido, indicadores económicos a la vista. Y mientras tanto, las tasas de interés bancario se mantienen muy bajas, medida a que se recurrió frente a la recesión. Como quien dijera: al enfermo convaleciente se le continúa administrando las medicinas, ello actúa y actuará positivamente en caso de una recaída. Por ello, permítasenos en estas líneas considerar que este fenómeno económico persiste en Estados Unidos y, en ese supuesto, preguntarnos a la luz de lo ya vivido: la recesión interna ¿podrá sacar algún beneficio de una guerra contra el terrorismo?

Veamos. No por obvio será inútil recordar: sin armas, difícilmente haya guerras; y menos en estos tiempos de sofisticación electrónica. Y resulta que las armas no se regalan, se venden, y muy caras. Conclusión: para cierto tipo de inversiones, la paz es un mal negocio, no caben dudas. Y entonces se replantea la pregunta: ¿y para la economía en recesión de un país como EU? Una primera respuesta da cuenta de cómo los armamentos no sólo juegan en sí mismos, sino que son el heraldo. Así, días después de la catástrofe, cuando se reabrió la bolsa en New York,las acciones de las empresas de armamentos se fueron al alza, constituyéndose en esperanza para el desangelado Wall Street. Y para las economías norteamericana y mundial, unidas por globalizantes hilos invisibles.

Todavía en fase de preparativos, y para empezar, 35.000 hombres de la reserva fueron de
inmediato movilizados. Y está en vías de aprobación parlamentaria un millonario presupuesto de seguridad en el rubro reorganización del FBI y otros organismos, que prevé crear unos 160.000 nuevos empleos. Este tipo de medidas no podrían ser más oportunas para el caso de recesión, cuando un buen número de grandes empresas ha despedido a miles y miles de trabajadores. Cae la demanda en los mercados y consecuentemente la oferta prevista no encuentra consumidor. La sobreproducción, lejos de traer la felicidad, diseña la crisis. Sobran mercancías, sobran brazos. Y es cuando Estados Unidos se acuerda de aquel viernes negro del año 29 en Wall Street.  Como entonces, el aumento en el desempleo va de la mano con el descenso en la producción industrial. Y entonces aparece casualmente la perspectiva de una buena y saludable guerra que promete un fusil para los brazos inútiles sin que por eso sus dueños dejen de ser consumidores. Frente a la recesión, negocio redondo. No quiero pensar maquiavélicamente que el Presidente Bush y Bin Laden se han puesto de acuerdo para salvar la economía norteamericana  y el primero busca al segundo para darle las gracias... pero luce "como si".

Antes de la catástrofe, se hizo presente en EU un fenómeno del tipo "anomia", una suerte de depresión psíquica generalizada que acompaña los periodos de crisis económica, abierta en el país por lo menos desde marzo. No sólo quebraron los negocios sino la confianza depositada en el sistema. Y todos bajan la guardia. Los gobiernos dejan de tomar, y los
pueblos de exigir, las medidas que la hora impone para la sobrevivencia. Y en cambio, los enemigos declarados parecen tener el campo libre para sus "iniciativas". Ocurrió  -como reiteradamente lo señala Winston Churchill desde el capítulo primero de sus memorias- en los años anteriores a la II Guerra Mundial, cuando las potencias occidentales bajaron la guardia frente aHitler, cediéndole territorios en una llamada "política de apaciguamiento" que por cierto no evitó la guerra y sus millones de víctimas. Churchill no puede ser más explícito: "De cómo la causa de todo fue el no mantener desarmada a Alemania", titula. Este país, se recordará, así quedaba obligado por el tratado de Versalles. Salvando las distancias y toda proporción guardada, el fenómeno se dio en Estados Unidos antes del 11 de septiembre. La evidencia mayor: pululaban los terroristas dentro y fuera del país, se entrenaban para el operativo bajo las narices de la CIA y del FBI, y éstos de nada se daban cuenta. Hubo voces que alertaron: una bomba atómica se puede transportar en un par de valijas, las bacterias o virus de una bomba biológica en una mamilas de bebé.
Voces que no fueron escuchadas por el gobierno ni por el pueblo norteamericanos, y así llegó el 11 de septiembre: un avión de pasajeros puede convertirse en eficaz misil cuando median voluntades ganadas para el fanatismo religioso al grado de suicidio.

Puedo imaginar un pasajero en trámite de abordar un vuelo, antes del 11 de septiembre: "pero... ¿qué se creen? ¿me han visto cara de terrorista? ¡es una afrenta a la privacidad revisar a la gente y a las maletas! ¡oiga! ¡a mi mujer no la toca...!". Y el mismo pasajero, después del 11 de septiembre: "qué bueno, revise, revise nomás, mi amigo, cuanto más
estrictos sean, más seguros viajaremos, a mi señora también, aquí no corren los privilegios...". Como siempre citaba mi tía Eutanasia: "nadie escarmienta en cabeza ajena". Fue necesario herir a New York en sus torres emblemáticas y a Washington en sus centros de poder, para que el norteamericano medio reaccionara.

Todo cambió en cuestión de minutos. "El gigante ha despertado"  -se hizo eco el propio George W. Bush. Y cabe agregar, parafraseando a Tito Monterroso en su cuento más breve del mundo: Y cuando despertó, la Vulnerabilidad estaba sentada a su lado.
Por su parte, la prensa comentó: un nuevo Pearl Harbor. Dramática constatación: el gigante es vulnerable desde el aire y "por correspondencia", seguidamente apareció el ántrax, y quién sabe qué más habrá en el futuro, cuáles variantes podrá encontrar el terrorismo. Ahora bien, dio la impresión de que elgigante se recuperaba rápidamente de la sorpresa y el Presidente hijo lograría aproximarse a lo que el Presidente padre pudo contra Irak una década atrás: sumar aliados, aislar al enemigo, encabezar una coalición, si bien no estaba claro cuánto duraría y hasta qué punto tendría carácter militar.Y le favoreció un cambio de imagen. Como lo ha señalado Mihály Dés en "Lateral",  inusualmente Estados Unidos se vio colocado en posición de víctima luego de los atentados. Pero tampoco esa imagen resulta eterna, sino que gira conforme lo hacen los acontecimientos: los bombardeos angloestadounidenses sobre Afganistán  pasaron a colocar a este país y en general al islamismo, en posición de víctima. Los muertos y los heridos se pasaron al otro bando, en lugar de las Torres Gemelas prevaleció la imagen de la Cruz Roja bombardeada en Afganistán. Y esto puso en peligro el cuidadoso obrar de George W. Bush: aprovechar las circunstancias asegurándose políticamente mientras se preparaba para una batalla que, en esta hora de los misiles, se convierte en un ejercicio de tiro alblanco pero... ¿dónde se encuentra el blanco, es decir, Bin Laden y sus campamentos?  Para esta cacería del hombre, vamos a ver si Bush hijo obtiene los buenos resultados que Bush padre, cuando, siendo Presidente, interviene con su ejército en Panamá y logra la captura del buscado, el "hombre fuerte" del país, el general Manuel Noriega, acusado de narcotráfico. Claro, Afganistán no es Panamá. Por otra parte, tampoco resulta la persona  lo más importante, sino neutralizar a la organización terrorista. Bin Laden, prófugo, pero sin apoyos, vale muy poco. Bin Laden, preso, pero su organización intacta, persiste el peligro.

En cuanto al sistema, es decir, la economía norteamericana, presume de mecanismos endógenos para superar el amargo momento de una recesión. No sabemos si es cierto, cada crisis aporta su propio arsenal de novedades, y las experiencias anteriores sirven sólo
relativamente. De todos modos, una guerra prolongada no le vendría mal. La tragedia de las Torres Gemelas y del Pentágono tiene dos caras. Una, el  horror por partida doble: ante las víctimas y ante los victimarios, admitir que hay gente capaz de ese crimen... ¡creyendo que así merecen el cielo! Dos, las conveniencias. La tragedia sacude al gigante dormido,
le crea la perspectiva de convertirse en la policía del globo en nombre del combate mundial contra el terrorismo (y el narcotráfico) y viene en auxilio coyuntural de la economía norteamericana. Tal cual lo subraya Eisenhower en sus memorias como Presidente, la
 II Guerra Mundial  acabó pagando las facturas del desempleo generado cuando la crisis del 29. Así, el conflicto de Corea en los años cincuenta y, dos décadas después, el de Vietnam  -recuérdese que Estados Unidos llegó a tener más de medio millón de hombres movilizados-. Y desde entonces han pasado más de veinticinco años de relativa paz, interrumpidos por conflictos insuficientes a los fines antirrecesivos, aun si se han prolongado décadas como el árabe-israelí, pero comparativamente de baja intensidad.

En cambio, el terrorismo tiene la virtud de prolongarse, abarcar virtualmente al orbe, no se
acabará con la captura de Bin Laden ni con el difícil registro de Afganistán, hay cuentas que arreglar con Sadam Hussein, etcétera. Así se ha reconocido desde las altas esferas norteamericanas. La luchaantiterrorista va a durar semanas, sino meses, se dijo el l2 de septiembre, y la gente pensó: se prolongará entonces por años. Precisamente, por años, se dijo días después, y la gente pensó: well, well, mejor será ir acostumbrándose a convivir con el terrorismo. ¿Se acuerdan de la película "Brazil"? En una escena situada en un futuro próximo, un terrorista pone una bomba en un restaurante, volándolo al 50%, sector donde  quedan cadáveres destripados y sanguinolientos, mientras que en el otro 50% del restaurante la gente sigue comiendo y conversando como si nada, el gerente coloca un biombo para evitarles la vista desagradable. ¿A eso vamos? Tal vez . "Cosas veredes, Sancho...". Y por su lado, la ciencia ficción -nostradamus de nuestros tiempos-  tiene ganadas varias batallas a labola de cristal.

¿Qué más? Bin Laden y los talibanes tuvieron a su favor la geografía de modo  que "controlarlos" llevará su tiempo... y tal vez nunca se logre por completo, pero la geografía no los hizo invulnerables, tuvieron su talón de Aquiles en la Alianza del Norte, afganos alzados en armas contra el poder central, reducidos a un 10% del territorio de su país, y quevieron en el conflicto y la intervención armada norteamericana una bendición de Alá. Que hagan buenaparte del trabajo, ellos, que, como afganos, tienen la geografía a su favor. De modo que el conflicto en su dimensión antiterrorista será prolongado para la buena salud de la economía norteamericana, pero no al grado de resolverse regionalmente en ocupación militar indefinida y acabar, como los soviéticos, en una derrota. Permítanme ahora una anécdota. Estaba  comentando el tema con mis alumnos de seminario en la Universidad, cuando uno de ellos, mexicano, tomó la palabra: "profe  -exclamó-, así fue con Hernán Cortés, se alió con los pueblos sometidos por los aztecas, éstos los más fuertes, y marchó luego a la conquista con sus flamantes aliados. Le dio gran resultado." 
Pues... sí, la Historia alguna que otra lección da y la hace sabiduría popular: "divide y reinarás".

Y siguiendo con los refranes: "El que pega primero pega dos veces", al cual hoy apuestan los terroristas. Sólo que Estados Unidos opuso otro: "el que ríe último ríe mejor". Así,  ya tenemos un diseño futurista: vivir entre una permanente economía de guerra, saludable a las inversiones capitalistas, y un terrorismo que la justifica. Combinada con el seguro
al desempleo y el cultivar una soberana indiferencia, sería la "felicidad" de todos, como supo pintarla el escritor Aldous Huxley.
 


Marcos Winocur
marcoswinocur@yahoo.com.mx

 
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