EEUU:
Terrorismo
y crisis económica
Marcos
Winocur*
Desde los
atentados a las Torres Gemelas y al Pentágono, los estadounidenses
viven una tragedia nacional que paradójicamente les ha hecho un
bien en más de un sentido. El gigante despertó del "sueño
americano" a una realidad de pesadilla: no funciona la ecuación
de la soberbia: "potencia unipolar = potencia invulnerable". No, por lo
menos hoy. Esto, dicho sea en cuanto al factor terrorismo, cuyo origen
es externo a Estados Unidos. En lo que hace a lo interno, oficialmente
se ha dado por cerrada la recesión. Sin embargo, voces más
prudentes hanseñalado que puede volver, más: que se conserva
como un peligro latente. En efecto, las causas que le dieron origen no
han desaparecido, indicadores económicos a la vista. Y mientras
tanto, las tasas de interés bancario se mantienen muy bajas, medida
a que se recurrió frente a la recesión. Como quien dijera:
al enfermo convaleciente se le continúa administrando las medicinas,
ello actúa y actuará positivamente en caso de una recaída.
Por ello, permítasenos en estas líneas considerar que este
fenómeno económico persiste en Estados Unidos y, en ese supuesto,
preguntarnos a la luz de lo ya vivido: la recesión interna ¿podrá
sacar algún beneficio de una guerra contra el terrorismo?
Veamos. No por obvio será
inútil recordar: sin armas, difícilmente haya guerras; y
menos en estos tiempos de sofisticación electrónica. Y resulta
que las armas no se regalan, se venden, y muy caras. Conclusión:
para cierto tipo de inversiones, la paz es un mal negocio, no caben dudas.
Y entonces se replantea la pregunta: ¿y para la economía
en recesión de un país como EU? Una primera respuesta da
cuenta de cómo los armamentos no sólo juegan en sí
mismos, sino que son el heraldo. Así, días después
de la catástrofe, cuando se reabrió la bolsa en New York,las
acciones de las empresas de armamentos se fueron al alza, constituyéndose
en esperanza para el desangelado Wall Street. Y para las economías
norteamericana y mundial, unidas por globalizantes hilos invisibles.
Todavía en fase de preparativos,
y para empezar, 35.000 hombres de la reserva fueron de
inmediato movilizados. Y está
en vías de aprobación parlamentaria un millonario presupuesto
de seguridad en el rubro reorganización del FBI y otros organismos,
que prevé crear unos 160.000 nuevos empleos. Este tipo de medidas
no podrían ser más oportunas para el caso de recesión,
cuando un buen número de grandes empresas ha despedido a miles y
miles de trabajadores. Cae la demanda en los mercados y consecuentemente
la oferta prevista no encuentra consumidor. La sobreproducción,
lejos de traer la felicidad, diseña la crisis. Sobran mercancías,
sobran brazos. Y es cuando Estados Unidos se acuerda de aquel viernes negro
del año 29 en Wall Street. Como entonces, el aumento en el
desempleo va de la mano con el descenso en la producción industrial.
Y entonces aparece casualmente la perspectiva de una buena y saludable
guerra que promete un fusil para los brazos inútiles sin que por
eso sus dueños dejen de ser consumidores. Frente a la recesión,
negocio redondo. No quiero pensar maquiavélicamente que el Presidente
Bush y Bin Laden se han puesto de acuerdo para salvar la economía
norteamericana y el primero busca al segundo para darle las gracias...
pero luce "como si".
Antes de la catástrofe, se
hizo presente en EU un fenómeno del tipo "anomia", una suerte de
depresión psíquica generalizada que acompaña los periodos
de crisis económica, abierta en el país por lo menos desde
marzo. No sólo quebraron los negocios sino la confianza depositada
en el sistema. Y todos bajan la guardia. Los gobiernos dejan de tomar,
y los
pueblos de exigir, las medidas que
la hora impone para la sobrevivencia. Y en cambio, los enemigos declarados
parecen tener el campo libre para sus "iniciativas". Ocurrió
-como reiteradamente lo señala Winston Churchill desde el capítulo
primero de sus memorias- en los años anteriores a la II Guerra Mundial,
cuando las potencias occidentales bajaron la guardia frente aHitler, cediéndole
territorios en una llamada "política de apaciguamiento" que por
cierto no evitó la guerra y sus millones de víctimas. Churchill
no puede ser más explícito: "De cómo la causa de todo
fue el no mantener desarmada a Alemania", titula. Este país, se
recordará, así quedaba obligado por el tratado de Versalles.
Salvando las distancias y toda proporción guardada, el fenómeno
se dio en Estados Unidos antes del 11 de septiembre. La evidencia mayor:
pululaban los terroristas dentro y fuera del país, se entrenaban
para el operativo bajo las narices de la CIA y del FBI, y éstos
de nada se daban cuenta. Hubo voces que alertaron: una bomba atómica
se puede transportar en un par de valijas, las bacterias o virus de una
bomba biológica en una mamilas de bebé.
Voces que no fueron escuchadas por
el gobierno ni por el pueblo norteamericanos, y así llegó
el 11 de septiembre: un avión de pasajeros puede convertirse en
eficaz misil cuando median voluntades ganadas para el fanatismo religioso
al grado de suicidio.
Puedo imaginar un pasajero en trámite
de abordar un vuelo, antes del 11 de septiembre: "pero... ¿qué
se creen? ¿me han visto cara de terrorista? ¡es una afrenta
a la privacidad revisar a la gente y a las maletas! ¡oiga! ¡a
mi mujer no la toca...!". Y el mismo pasajero, después del 11 de
septiembre: "qué bueno, revise, revise nomás, mi amigo, cuanto
más
estrictos sean, más seguros
viajaremos, a mi señora también, aquí no corren los
privilegios...". Como siempre citaba mi tía Eutanasia: "nadie escarmienta
en cabeza ajena". Fue necesario herir a New York en sus torres emblemáticas
y a Washington en sus centros de poder, para que el norteamericano medio
reaccionara.
Todo cambió en cuestión
de minutos. "El gigante ha despertado" -se hizo eco el propio George
W. Bush. Y cabe agregar, parafraseando a Tito Monterroso en su cuento más
breve del mundo: Y cuando despertó, la Vulnerabilidad estaba sentada
a su lado.
Por su parte, la prensa comentó:
un nuevo Pearl Harbor. Dramática constatación: el gigante
es vulnerable desde el aire y "por correspondencia", seguidamente apareció
el ántrax, y quién sabe qué más habrá
en el futuro, cuáles variantes podrá encontrar el terrorismo.
Ahora bien, dio la impresión de que elgigante se recuperaba rápidamente
de la sorpresa y el Presidente hijo lograría aproximarse a lo que
el Presidente padre pudo contra Irak una década atrás: sumar
aliados, aislar al enemigo, encabezar una coalición, si bien no
estaba claro cuánto duraría y hasta qué punto tendría
carácter militar.Y le favoreció un cambio de imagen. Como
lo ha señalado Mihály Dés en "Lateral", inusualmente
Estados Unidos se vio colocado en posición de víctima luego
de los atentados. Pero tampoco esa imagen resulta eterna, sino que gira
conforme lo hacen los acontecimientos: los bombardeos angloestadounidenses
sobre Afganistán pasaron a colocar a este país y en
general al islamismo, en posición de víctima. Los muertos
y los heridos se pasaron al otro bando, en lugar de las Torres Gemelas
prevaleció la imagen de la Cruz Roja bombardeada en Afganistán.
Y esto puso en peligro el cuidadoso obrar de George W. Bush: aprovechar
las circunstancias asegurándose políticamente mientras se
preparaba para una batalla que, en esta hora de los misiles, se convierte
en un ejercicio de tiro alblanco pero... ¿dónde se encuentra
el blanco, es decir, Bin Laden y sus campamentos? Para esta cacería
del hombre, vamos a ver si Bush hijo obtiene los buenos resultados que
Bush padre, cuando, siendo Presidente, interviene con su ejército
en Panamá y logra la captura del buscado, el "hombre fuerte" del
país, el general Manuel Noriega, acusado de narcotráfico.
Claro, Afganistán no es Panamá. Por otra parte, tampoco resulta
la persona lo más importante, sino neutralizar a la organización
terrorista. Bin Laden, prófugo, pero sin apoyos, vale muy poco.
Bin Laden, preso, pero su organización intacta, persiste el peligro.
En cuanto al sistema, es decir, la
economía norteamericana, presume de mecanismos endógenos
para superar el amargo momento de una recesión. No sabemos si es
cierto, cada crisis aporta su propio arsenal de novedades, y las experiencias
anteriores sirven sólo
relativamente. De todos modos, una
guerra prolongada no le vendría mal. La tragedia de las Torres Gemelas
y del Pentágono tiene dos caras. Una, el horror por partida
doble: ante las víctimas y ante los victimarios, admitir que hay
gente capaz de ese crimen... ¡creyendo que así merecen el
cielo! Dos, las conveniencias. La tragedia sacude al gigante dormido,
le crea la perspectiva de convertirse
en la policía del globo en nombre del combate mundial contra el
terrorismo (y el narcotráfico) y viene en auxilio coyuntural de
la economía norteamericana. Tal cual lo subraya Eisenhower en sus
memorias como Presidente, la
II Guerra Mundial acabó
pagando las facturas del desempleo generado cuando la crisis del 29. Así,
el conflicto de Corea en los años cincuenta y, dos décadas
después, el de Vietnam -recuérdese que Estados Unidos
llegó a tener más de medio millón de hombres movilizados-.
Y desde entonces han pasado más de veinticinco años de relativa
paz, interrumpidos por conflictos insuficientes a los fines antirrecesivos,
aun si se han prolongado décadas como el árabe-israelí,
pero comparativamente de baja intensidad.
En cambio, el terrorismo tiene la
virtud de prolongarse, abarcar virtualmente al orbe, no se
acabará con la captura de
Bin Laden ni con el difícil registro de Afganistán, hay cuentas
que arreglar con Sadam Hussein, etcétera. Así se ha reconocido
desde las altas esferas norteamericanas. La luchaantiterrorista va a durar
semanas, sino meses, se dijo el l2 de septiembre, y la gente pensó:
se prolongará entonces por años. Precisamente, por años,
se dijo días después, y la gente pensó: well, well,
mejor será ir acostumbrándose a convivir con el terrorismo.
¿Se acuerdan de la película "Brazil"? En una escena situada
en un futuro próximo, un terrorista pone una bomba en un restaurante,
volándolo al 50%, sector donde quedan cadáveres destripados
y sanguinolientos, mientras que en el otro 50% del restaurante la gente
sigue comiendo y conversando como si nada, el gerente coloca un biombo
para evitarles la vista desagradable. ¿A eso vamos? Tal vez . "Cosas
veredes, Sancho...". Y por su lado, la ciencia ficción -nostradamus
de nuestros tiempos- tiene ganadas varias batallas a labola de cristal.
¿Qué más? Bin
Laden y los talibanes tuvieron a su favor la geografía de modo
que "controlarlos" llevará su tiempo... y tal vez nunca se logre
por completo, pero la geografía no los hizo invulnerables, tuvieron
su talón de Aquiles en la Alianza del Norte, afganos alzados en
armas contra el poder central, reducidos a un 10% del territorio de su
país, y quevieron en el conflicto y la intervención armada
norteamericana una bendición de Alá. Que hagan buenaparte
del trabajo, ellos, que, como afganos, tienen la geografía a su
favor. De modo que el conflicto en su dimensión antiterrorista será
prolongado para la buena salud de la economía norteamericana, pero
no al grado de resolverse regionalmente en ocupación militar indefinida
y acabar, como los soviéticos, en una derrota. Permítanme
ahora una anécdota. Estaba comentando el tema con mis alumnos
de seminario en la Universidad, cuando uno de ellos, mexicano, tomó
la palabra: "profe -exclamó-, así fue con Hernán
Cortés, se alió con los pueblos sometidos por los aztecas,
éstos los más fuertes, y marchó luego a la conquista
con sus flamantes aliados. Le dio gran resultado."
Pues... sí, la Historia alguna
que otra lección da y la hace sabiduría popular: "divide
y reinarás".
Y siguiendo con los refranes: "El
que pega primero pega dos veces", al cual hoy apuestan los terroristas.
Sólo que Estados Unidos opuso otro: "el que ríe último
ríe mejor". Así, ya tenemos un diseño futurista:
vivir entre una permanente economía de guerra, saludable a las inversiones
capitalistas, y un terrorismo que la justifica. Combinada con el seguro
al desempleo y el cultivar una soberana
indiferencia, sería la "felicidad" de todos, como supo pintarla
el escritor Aldous Huxley.
Marcos
Winocur
marcoswinocur@yahoo.com.mx