Marcos Winocur
24 de junio de 2002
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Shalom, primo palestino
Marcos Winocur*
En momentos en que Israel mantiene su presencia militar en los territorios palestinos, y los atentados terroristas no han cesado, el título puede parecer de dudoso gusto. ¿Acaso los tanques dicen "shalom"? ¿Acaso los misiles humanos suicidas tienen oídos receptivos para un "shalom"? Sin embargo, la necesidad de paz y convivencia lleva una y otra vez al diálogo, y en éste preferimos creer recordando que hubo tiempos mejores, se daba por un hecho el acuerdo completo entre israelíes y palestinos, el llamado espíritu de Camp David. Y sin que esté claro el porqué, las armas retornaron a reemplazar a las palabras, entre ellas la
de "shalom", el tradicional saludo judío. Y ahora son los malos tiempos. Pero éstos no nos harán olvidar el espíritu de Camp David y cómo sí es posible recuperarlo.

Permítasenos una incursión histórica de "larga duración", como lo aconsejaba Fernand Braudel. Vayamos pues a la Biblia, recordando que Abraham es reconocido como patriarca fundacional en tres religiones. Los judíos en la descendencia de Isaac, los musulmanes de un hermano de Isaac, ambos hijos de Abraham, los cristianos al adoptar como texto sagrado el Antiguo Testamento. Agreguemos que la Biblia en su integridad es respetada por los musulmanes. Y bien, allí, en el libro de Josué, se narra cómo, tras años de errar en el desierto, el pueblo judío arribó a la tierra prometida y la encontró ocupada. ¿Qué hizo
entonces? 

Emprendió la conquista. El escenario geográfico es el de hoy, sólo que varios milenios
atrás. En el libro de Josué tanto se habla de Cisjordania como de Gaza, aquí van las citas extraídas del texto sagrado:

"10.20. Cuando Josué y los hijos de Israel les hubieron infligido una derrota muy grande hasta exterminarlos(...) 10.22. Dijo entonces Josué: 'Abrid la entrada de la cueva y sacadme de allí a esos cinco reyes'. 10.26 (...)los hizo herir y matar y colgar en cinco maderos. 10.28. Aquel mismo día tomó Josué a Maquedá y la pasó a filo de espada, juntamente con su rey, consagrándola al anatema con todas las almas que había en ella, sin dejar quien escapase (...) 10.29. De Maquedá pasó Josué, y con él todo Israel, a Libná,
e hizo guerra contra Libná. 10.30. Y Yahvé la entregó, junto con su rey, en manos de Israel; y la pasó a filo de espada(...) 10.40. Así batió Josué todo el país(...) ". 

Exterminio, es la consigna. Claro, se trata de una concepción pre-derechos humanos, en una época en que éstos carecían de significado real, varios milenios antes de la llegada de Jesús. Dios ha provisto al hombre del libre albedrío  -sostiene la Iglesia-  y  en aquellos tiempos la elección no puede concebirse si una de las opciones es ininteligible, y
tal el caso de los derechos humanos. Quien quisiera triunfar en aquella guerra de conquista, sólo tenía una, el exterminio: "el mejor enemigo es el enemigo muerto". Una concepción que incluso va más allá en materia represiva que el "ojo por ojo, diente por diente". Y que por cierto no está ausente en los conflictos armados de nuestros días: Ruanda, la ex Yugoslavia, El Salvador, Pol Pot de Camboya, y tantos otros, donde campearon las represalias contra civiles cuando no su genocidio. Como dicen los franceses: "Más esto cambia, más es la misma cosa". Pero es ya otra historia.

Y bien, en aquel entonces bíblico, al alba de las civilizaciones, la práctica generalizada
era el exterminio de los prisioneros de guerra. Cederá cuando los vencedores descubran el valor de aquellos como fuerza de trabajo: habrá nacido la esclavitud. Un
progreso respecto del exterminio, una rémora cuando Roma extiende su poderío asfixiante. Y en este último punto es cuando aparece Jesús, predicando el undécimo mandamiento: "amarás al prójimo como a ti mismo". Es un mensaje contra la esclavitud y, por ende contra Roma. Por algo su representante en Palestina y mayor autoridad en el territorio, Pilatos, cede ante la turba y decide sin apelaciones: en trance de elegir, Jesús será el crucificado y no Barrabás, un sedicioso y homicida a los ojos de Roma, a quien se perdona, según la tradición judía de obtener la gracia para un convicto en las fiestas. Jesús aparece ya entonces como enemigo de Roma, más que Barrabás, veamos la continuación de la historia: los cristianos dejarán Palestina por Roma, y allí, desde las catacumbas del martirologio, el Cristianismo acabará consagrado como religión de Estado. Y aquella palabra de Jesús, "dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", se interpretará fielmente: para el César la subversión, eso merece y eso tendrá. Y el Cristianismo fue, que se sepa, la primera revolución que archivó la violencia y el exterminio, conquistando la victoria primero en las almas y luego en el poder.

Pero nuestros escenarios están situados varios milenios antes de la llegada de Jesús
y dos mil años después, es decir, hoy. Preanunciados por la Carta Magna de los ingleses en 1215 y claramente en la proclamación de la Revolución francesa de 1789, los derechos humanos son una conquista contemporánea y están siendo tan violados por Israel al ocupar  territorios palestinos como en los atentados terroristas contra los judíos. Da la
impresión de que no estamos viviendo en el 2002 sino en tiempos bíblicos del Antiguo Testamento, antes incluso que la esclavitud se institucionalizara. 

Por lo demás, Sharon no es Josué. Uno llevaba a su pueblo a la tierra prometida por Yahvé,
el otro ¿qué hace con la tierra prometida? Los silencios frente a imposibles derechos humanos a la época de Moisés y de Josué, hoy son voces que se levantan por doquier. Incluso en Israel, incluso en Palestina, cada vez más enérgicas y acabarán llevando
a la mesa de negociaciones a palestinos e israelíes, estos dos descendientes de Abraham, primos en consecuencia. Habrá tal vez necesidad de mediadores para la paz, de EU o de Europa, es decir, de tierra de católicos o protestantes, ambos con el Antiguo Testamento reconocido como texto sagrado, no para reproducir su letra, sino para darle una lectura
histórica. Y como lazo común, el pasado del primer pueblo monoteísta de la Historia, Israel. El desenlace del conflicto, bajo esa perspectiva de extraño fondo religioso, gravitando más de lo que se piensa, es la convivencia pacífica de dos estados: Israel y Palestina.

No vacilamos en llamarla tarea histórica, clamor de varios milenios, algo menos de seis según el calendario judío, que corren ligados a la tragedia de los dos pueblos. Desde la huída de los judíos de Egipto, con Moisés a la cabeza. Y su llegada a la tierra prometida donde aniquilan a los ocupantes, según el Antiguo Testamento, otras fuentes indican que
no lo lograron. Para ser a su vez lanzados a la diáspora por los romanos, perdiendo aquellas tierras y convirtiéndose en los "judíos errantes" , carne de pogroms y del holocausto nazi. Después de dos mil años de diáspora, los judíos regresan a Palestina y nuevamente la encuentran ocupada. Expulsan a los residentes, éstos, como es natural, se rebelan. Por lo
demás, en su segundo éxodo los judíos no tienen a Yahvé interviniendo para guiarlos en su marcha y en las batallas. Dios ha desaparecido de escena, queda en su lugar el libre albedrío, que, en otras palabras, quiere decir: los hombres ya me han hartado, que se
las arreglen como puedan.

En suma, varios milenios de tragedia ¿son suficientes para  hacer la experiencia? A saber:
que es la hora de la mesa de negociaciones, deponiendo la desconfianza y el rencor mutuos, sólo así se podrá entrever la salida al pleito milenario. Como están las cosas, el primer gesto corresponde a ambas partes en conflicto, las dos deben actuar simultáneamente deponiendo la violencia.  Será el mejor "shalom", el único que tiene probabilidades de ser escuchado. Y quede la puerta franqueada para recrear el clima de
Camp David, donde el "shalom" al primo palestino sea correspondido por éste, carpetazo a la violencia. El premier israelí,  ¿pondrá el mismo empeño para la paz que para la guerra?  ¿Contribuirá esta vez a mitigar el estado de desesperación del pueblo palestino que
conduce directamente a la respuesta del terrorismo?
 


Marcos Winocur
marcoswinocur@yahoo.com.mx

 
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