| Marcos Winocur |
31 de Enero de 2003
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Que
se viene la guerra
Marcos Winocur “Todavía
es tiempo de salvar la paz”, se insiste aquí y allá. Pero
la frase amenaza convertirse en “cliché”, los rostros y los gestos
revelan escepticismo. Ahora bien, nadie tiene la bola de cristal, no están
todas las cartas sobre la mesa, estamos a la espera. Por otra parte, la
vida no se detiene y quienes habitamos lejos de las áreas conflictivas
nos tranquiliza la geografía. Pero, nunca se sabe... Y recordamos
la
prolongada guerra de Vietnam que, con escaladas y “desescaladas”, nos tuvo
en vilo durante años. O la “Tormenta del desierto” contra este mismo
Irak gobernado por Hussein, que llevó bastante menos, semanas. O
la crisis de los misiles nucleares o crisis del Caribe, que sólo
cubrió días, pero de una condensación de peligros
“globalizados” como nunca vista. La próxima ¿se contará
en años, semanas, días?
Así estamos, con más preguntas que respuestas. Podemos mientras tanto hacer un recuento de esta hora original que se vive. Van para más de once años que nos abandonó la URSS siguiendo a un amante que le prometía los auténticos jeans y los auténticos perfumes franceses, a cambio de dejar el socialismo de raíz marxista. Así, rusos y otras nacionalidades viven hoy el desengaño mientras sus gobiernos se debaten entre resistir y retroceder. Al faltar la URSS, han dejado de cumplir el rol histórico: enfrentar a Estados Unidos desde la bipolaridad. ¿Quién ha tomado el relevo? Desde la izquierda, movimientos reivindicativos como el indígena del “sub” Marcos en Chiapas, las organizaciones por los derechos humanos como la pionera de las madres de Plaza de Mayo, los ecologistas, las ONG. Y naturalmente, la serie de movilizaciones en la calle, acción pacífica y de masas inaugurada en Seattle. Con el rasgo novedoso de ser ambulante internacional, su más reciente expresión ha tenido lugar desde un exitoso foro en tierras brasileras. A esta izquierda se suman tres gobernantes latinoamericanos: Lula, apenas elegido, Chávez y Fidel. Desde la derecha, sin reparar en medios y nutriéndose de la religiosidad, se cuentan Osama, Hussein y diferentes corrientes fundamentalistas. Unos y otros, izquierda y derecha, enfrentan a Estados Unidos desde opuestas concepciones pero coinciden en los hechos: oponerse decididamente a la guerra contra Irak. Además, hay países, movimientos y dirigentes que difícilmente se puedan encuadrar, que se van definiendo sobre la marcha, como Yasser Arafat y los palestinos o el Vaticano. En las últimas semanas, se han pronunciado por una salida a través de la ONU y contra una acción militar unilateral de Estados Unidos varios pesos pesados: Rusia, China, Alemania, Francia. Cabe señalar que Rusia tiene intereses económicos en Irak, al igual que Alemania. El panorama se integra con los aliados de Estados Unidos: Kuwait, Israel, Australia y los ocho gobiernos europeos firmantes de una carta abierta, entre ellos, los de Gran Bretaña, Italia, España, Hungría. El mismo día se conoció la condena del parlamento europeo a una intervención unilateral de Estados Unidos. Hay dudas en cuanto a cuál será la actitud definitiva de los gobiernos de Japón y otros como Arabia Saudita y Turquía, que son vecinos de Irak. Naturalmente, se trata de un sintético recuento “grosso modo”, hay aspectos que necesariamente escapan a este artículo. ¿Cuál es la creencia de la gente respecto de las intenciones de los contendientes? Domina una doble desconfianza, ninguno de los dos goza de buena reputación. Hussein debe esconder algo, invadió al país vecino y quiso anexárselo, no queda margen a la simpatía. Bush querrá desarmar a Irak, no se niega, pero sus ojos están puestos en el petróleo y en la influencia estratégica en la zona. ¿Qué saldo queda? Ni uno ni otro. La opinión independiente coincide en no defender a ellos y a sus movimientos, pero sí a la paz, a la legalidad aquí representada por la ONU, al vapuleado principio de no intervención. Son argumentos fuertes. No obstante, resulta inequitativo no atender las razones esgrimidas por Estados Unidos, al menos un par de ellas. Como un certificado de buena conducta, sostienen que las cosas están mejor en Afganistán desde que corrieron a los talibanes, los más cavernícolas del mundo islámico, y que prestaban apoyo a los terroristas. En segundo lugar, el ll-S se convierte en argumento. Quienes llegaron a ese punto en materia de atentados, pueden repetir un equivalente o incluso más. En esos casos, se sostiene, cede el principio de no intervención, y actúa el preventivo actuar en defensa propia. Claro que la buena conducta en Afganistán (y en algún otro país) no borra el negro historial de Estados Unidos en materia de intervenciones y en especial en Latinoamérica. De modo que continúan justificados los temores de que la intervención militar pueda mañana dirigirse, por ejemplo, contra Cuba. La segunda razón invocada es más difícil de refutar a condición de probarse el vínculo Irak-Al Qaeda. Entonces: ¿por qué Irak, por qué Estados Unidos se las agarró con Irak? Y tal fue la pregunta del periodista Jorge Gestoso de CNN a un invitado al canal en español. El entrevistado contestó: del mismo modo que las autoridades conceden al ciudadano sin tacha la autorización de portar armas y se la niegan a quien por sus antecedentes se constituiría en un delincuente peligroso, Estados Unidos no cuestiona que las armas nucleares estén en poder de Rusia o China, pero no de Irak mientras gobierne Sadam Hussein. Tal fue la respuesta del entrevistado. En realidad, Estados Unidos por el momento no tiene recursos para desarmar a esos dos pesos pesados. Pero dudo que en el medio tiempo no esté en sus planes detentar el monopolio de las armas de destrucción masiva. Y bien, los atentados a las Torres Gemelas y al Pentágono han probado la vulnerabilidad del gigante. Además, por grande y poderoso que sea su arsenal en armas de destrucción masiva, otros países, notoriamente los nucleares, no han perdido su capacidad de respuesta. Ésta constituye un límite al poder unipolar, pero será cancelada si Estados Unidos consigue blindar su espacio aéreo mediante la puesta en marcha del proyecto de misiles antimisiles o “Guerra de las galaxias”. Tampoco será suficiente si no logra blindar las fronteras terrestres y marítimas del país, desde que un artefacto nuclear puede transportarse en un par de valijas, no digamos un arma biológica o química. Pero nada es perfecto y difícilmente se podrían eliminar todos los riesgos en los sistemas de seguridad. Ya ven: los “hackers” siempre inventan algo nuevo para penetrar los archivos o simplemente hacer año con los virus. El terrorismo, el espionaje, la corrupción llegaron para quedarse. Podrán ser combatidos con relativo éxito pero difícilmente llegue alguna vez a lograrse que “nunca más”. Osama Bin Laden y Saddat Hussein podrán desaparecer de escena, difícilmente los sucesores, y los sucesores de los sucesores... como las mafias y dándose el lujo de esgrimir consignas reivindicativas. En cuanto a la opinión pública estadounidense e internacional, el tiempo trabaja a favor de una salida pacífica al conflicto. Mientras Estados Unidos pone a punto sus fuerzas militares, crece el rechazo a la guerra. No obstante, el Presidente de ese país continúa gozando de un apoyo interno generalizado. Así lo testimonian los versátiles sondeos, los resultados de las recientes elecciones parlamentarias donde los republicanos reconquistaron una ajustada mayoría en el Senado, el permiso que el Capitolio ha dado al Presidente para iniciar la guerra contra Irak cuando así lo considere, el apoyo en general de los medios y del Partido Demócrata, si estamos a la réplica de su representante, el gobernador del estado de Washington, cuando el reciente informe presidencial ante el Congreso. No ocurre de igual modo en el orden internacional. Lejos de contar con el apoyo que a su hora tuvo su padre para integrar una coalición política y militar contra Irak y Hussein, el Presidente de Estados Unidos se encuentra tal vez no aislado, pero en reducida minoría. Así estamos. Las noticias se suceden, los inspectores de armas de la ONU van y vienen. Ya desatada la guerra verbal de las amenazas, uno habla de considerar el uso de armas nucleares tácticas, el otro convoca a formar escudos humanos. Uno está diciendo: “los borraremos del mapa sin reparar en medios”. El otro contesta: “quedarán entre los grandes asesinos de la Historia”. Y como si esta crisis fuera poco, otra se superpone, el plan de reactivación nuclear anunciado por Corea del Norte. Por un lado, la situación internacional apasiona. Por el otro, da miedo debido a las consecuencias, armas de destrucción masiva de por medio. Y es cuando las naciones, rigurosamente separadas por fronteras, en una crisis internacional se ven tienden a compartir preocupaciones. Una “globalización” nada envidiable que nos recuerda la Tierra en otra dimensión: como nuestra casa mayor que viaja por los espacios con todos nosotros a bordo. Claro, y los cosmonautas girando en torno. Precisamente, ellos han tomado fotos de nuestro planeta azul flotando en la oscuridad. La Tierra, girando en la corte de planetas del Sol, sistema perteneciente a no me acuerdo qué constelación de estrellas, a su vez integrante de la galaxia llamada Vía Láctea. Y entonces, el peligro proveniente del mudo cosmos: cualquier día se nos viene encima un meteorito que un segundo antes de darnos en la cabeza nos motivará la amarga reflexión. ¿Para eso, para terminar así nos hemos tomado tanto trabajo, nos hemos odiado y desatado guerras, tanto escándalo, tanta muerte sobre este planeta? ¿Acaso para prolongar la situación de hijos del azar velando la catástrofe? Marcos
Winocur
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