Marcos Winocur
27 de Febrero de 2003
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Estas tensas vísperas de guerra
Marcos Winocur
Y Satanás dijo: “Háganse Bush, Bin Laden y Hussein”. Y fue la guerra.”  

Es una forma de presentar el conflicto. Otra es la siguiente. Y Satanás dijo: “¿Capitalismo monopólico o feudalismo? Elige, eres hombre libre, elige.” Claro, las opciones a escoger se dan entre desocupado crónico de las ciudades, que pide limosna,  y “volver a la tierra” para  morirse de hambre en otro escenario. Son alternativas ofrecidas por el capitalismo monopólico que acaba dueño de los mercados, o por el feudalismo edición siglo XXI, que acapara las tierras en pocas manos. En la variedad islámica, tal vez usted tenga suerte y le toquen los talibanes, que le ahorrarán tele, radio, baile, cantos ¡a dejarse crecer la barba! y la mujer es mi esclava y no sale de la casa. Bajo el capitalismo monopólico podrá usar tele, radio, pero, un detalle: carecerá de dinero para comprarlas porque usted ha perdido su trabajo. La mujer podrá salir a la calle las veces que quiera pero un detalle: no lo hará por temor a ser secuestrada. 

Éstas son las opciones de las criaturas de Satanás. Pero el hombre tiene las suyas, y las ha expresado multitudinariamente en el Foro Social Mundial de Porto Alegre y en las ciudades del mundo  los días 15 y 16 con un “¡no!” a la guerra. Y una consigna sobresale: “Otro mundo es posible”.

Y bien, antes que ocurra el desenlace y sepamos si habrá o no guerra, queremos echar un ojo a lo sucedido intentando ver qué nos ha aportado la contingencia, qué de nuevo respecto de modelos anteriores. Conflicto cuyo primer acto transcurre entre New York y Afganistán, mientras que el segundo se desarrolla entre Washington y Bagdad. Hay quienes sostienen que en realidad son dos obras distintas, sin conexión entre sí.

Como sea, lo primero que salta a la vista es la entidad del hecho tomado como punto de partida. ¿Quién el 10 de septiembre podía imaginarse el desplome de las Torres Gemelas, y los aviones misiles? Nadie, ni los reyes de efectos especiales de Hollywood, ni tan siquiera los mismos organizadores del operativo. El jefe Osama Bin Laden ha manifestado en video que el objetivo perseguido consistía en golpear las torres dejándolas heridas, jamás soñaron que la apuesta era más alta: de darse en el blanco, serían torres muertas y, como quien cava su propia tumba, se sumirían a consecuencia de los impactos y los incendios subsiguientes. 

La contingencia, esto es, lo que pueda suceder, y que está más allá de las previsiones, manda. Y el evento terrorista probó que el gigante es vulnerable. Es un dato nuevo a incorporar a la lectura de la actual correlación internacional de fuerzas. Y también este otro: no por vulnerable, el gigante carece de capacidad de respuesta. Lo vimos en Afganistán. 

Y la contingencia ha dado otra muestra de inédita originalidad. El país que  -en un momento más tranquilo, de prédica por el libre comercio y en contra de los aranceles-   decidió unilateralmente gravar las importaciones de acero, ese país es hoy llamado a rendir cuentas. Para los hombres de negocios del mundo esa medida y otras tomadas por Estados Unidos, fueron la declaración de guerra en tiempos de paz. Europa producía acero tomando en cuenta al comprador estadounidense. Pero, de la noche a la mañana, se acabó: gravar las importaciones equivale a prohibirlas y decir adiós a los socios: métanse el acero por donde ya saben. 

Europa aparece dividida en sus opiniones y por boca de los pesos pesados Alemania, Francia, Rusia, contando con el apoyo de China, dice “no a la guerra sin que lo disponga la ONU". Y algunos van más allá: “no a la guerra aunque lo disponga la ONU.”  En adelante las relaciones entre los países industrializados no serán las mismas. El más grande da la impresión de contar con apetito voraz e insaciable. Y no faltan quienes quieren ponerle un alto. Entonces, otro aporte de la contingencia es la amplitud del frente formado contra Estados Unidos, que no sólo toca las movilizaciones populares de millones, la viva protesta de la calle, sino a los gobiernos, representantes de un  poder que entra en contradicción consigo mismo. Otrora, cuando la guerra fría, presenciamos episodios del tipo. Gobernando Charles de Gaulle, Francia rompió con la OTAN y sólo años después se recompuso la alianza. Pero esto que estamos viviendo hoy lo supera. La amplitud es lo nuevo, viejas cuentas de disputas de mercados se ajustan, la ocasión irakí lo hace propicio y el tiempo dirá cuán consistentes son.

Claro, en estas vísperas las contradicciones se dan todavía a nivel parlamentario, el Consejo de Seguridad de la ONU, el equivalente en la OTAN. Pero ambos son organismos con alcance militar, de reiterado uso en la segunda mitad del siglo XX, sean los cascos azules en los años cincuenta, representando militarmente a la ONU durante la guerra de Corea, sea la intervención armada de la OTAN en la provincia de Kosovo, etcétera. De modo que si los parlamentarios llegan a tomar decisiones, el mando pasa a los generales. 

 
Luego, la soberanía de las naciones. Hoy, Irak. ¿Y mañana, cuál le seguirá?  El unipolar es por naturaleza de apetito voraz e insaciable. Un elemento que se trata de disimular porque no ayuda, es la personalidad del defendido, su historial, lejos de presentarlo coherentemente como víctima, lo pone del lado de los victimarios, "resolviendo" problemas con los opositores políticos, la minoría kurda o sus propios familiares. Pero ¿acaso tenían las manos más limpias los generales de la junta militar argentina? Y sin embargo, la causa de las islas Malvinas mereció el apoyo internacional cuando los generales intentaron recuperarla para la soberanía de Argentina.
 
Hay sin embargo un argumento fuerte que hace temer las reacciones del gigante que fue despertado por el estruendo,  al venirse abajo las Torres Gemelas. Y es su propia debilidad. Paradójicamente, Estados Unidos es temible por su talón de Aquiles. Una bomba atómica se transporta en un par de valijas, el veneno mortal de las armas de destrucción masiva de tipo químico o bacteriológico, cabe cómodamente en un bolso de mano. El día en que la catástrofe suceda, dejando chiquita a la de las Torres Gemelas ¿quién no se sentirá responsable de haber frenado la mano de Estados Unidos sobre Irak? ¿Que este país nunca se demostró que estuviera involucrado, y su actitud frente a las inspecciones es cada vez más abierta y positiva? Puede ser. Pero un Presidente ante su pueblo no puede permitirse el “puede” de una semejante amenaza porque así y todo, el margen catastrófico sigue existiendo dentro de lo posible... o tal vez los venenos tan  manuables se encuentren ya fuera de Irak. En fin, Bush puede decir al díscolo Chirac: ¿qué tal si hubiera sido la Torre Eiffel?

Otra cuestión. El ataque a Irak y su ocupación militar tiene un efecto secundario de trascendencia: el castigo ejemplarizador. Máxime cuando la crisis con Corea del Norte se superpone sobre la materia más delicada: la bomba atómica y su proliferación. Como están las cosas, si Estados Unidos retrocede, su actitud ¿será tomada como expresión positiva de alguien que opta por la paz o como debilidad de un gigante de pies de barro?

La pregunta se las trae. Intentaré decir porqué. A propósito de Bush, los comentaristas de izquierda han tomado la variante de insultarlo. Un ejemplo. En un periódico del 15.02.03 se anuncian en primera dos artículos sobre el tema, reproduciendo sus titulares. En uno se lo tacha de imbécil y en el otro se le adjudica hipocresía. Si así estamos, es de concluir que la izquierda nada ha aprendido a pesar de los golpes recibidos. Cómo decirlo, una vez más. Descalificar al adversario desde la primera letra es taparrabos de una carencia de argumentos sólidos y originales. 

Preferiría un análisis que tomara a Bush en el punto exacto donde ahora se encuentra y no una valoración de sus capacidades intelectuales. A mi entender, el Presidente de Estados Unidos es ante todo un político y como tal tiene una preocupación dominante: ser reelecto en el 2004. Y ¿qué ocurre? Hoy más que nunca, las decisiones que tome en política exterior pesarán en el ánimo de los votantes. No se va a la guerra así porque sí. Y Bush ha ido demasiado lejos para retroceder sin pagar un alto precio. Ha dicho una y otra vez que la guerra es para acabar con la amenaza que representa Hussein, quien no vacilará en atacar a Estados Unidos con ADM en cuanto pueda.¿Cómo explicará Bush a su pueblo que Hussein se volvió buenito y que ya no lo hará? 

Si Bush desiste de la guerra, pueden suceder dos cosas. Que no haya atentado terrorista de magnitud en Estados Unidos. En ese caso ¿a qué todo el show? O bien, que lo haya. En ese caso, cometió un funesto error al desistir de la guerra. Insisto. La retórica y los preparativos militares lo han llevado demasiado lejos. Desandar el camino no le será fácil.

No obstante, la paz tiene una   -probablemente la última-  oportunidad, le fue dada por los millones de voluntades volcadas a la calle y dicen    -para concluir con lo que comenzamos-   “vade retro, Satanás".
 


Marcos Winocur
marcoswinocur@yahoo.com.mx

 
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