| Marcos Winocur |
13 de Marzo de 2003
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Irak:
Mientras suenan los tambores de guerra “¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra divina paciencia?” En la Roma de unos dos milenios atrás, así apostrofaba Cicerón, la gran figura de la época y orador sin par, a Catilina, empeñado éste en conspirar contra el senado. Desde entonces, las dos primeras palabras han quedado como máxima: “Quousque tandem”, “¿Hasta cuándo?”. Y toda proporción guardada, las podría lanzar hoy Bush a Hussein después de doce años de esquivar éste su compromiso de desarme, asumido tras su derrota en la Guerra del Golfo en 1991. Aun reiterando el “toda proporción guardada”, e incluso reforzándolo con sus similares de “salvando las distancias” y “mutatis mutandi”, puede parecer excesivo asociar a Cicerón y Bush , de quien se recuerdan expresiones surrealistas como “no iremos al fracaso para fracasar”. Pero, en todo caso, con este benevolente paralelismo, he querido compensar los excesos provenientes del extremo crítico, que últimamente se ha dedicado a tratarlo con las más gruesas palabras. Sin embargo, no basta insultar para descalificar, ni descalificar para tener razón. Y si Bush no es un Cicerón, por su parte Hussein ha hecho todo lo posible para semejarse a un Catilina. Es decir, con su altanera negativa al desarme, ha dado buen argumento para que EU le buscara pleito. Esta actitud de Irak ha parecido cambiar en las últimas semanas. De todos modos, EU cuenta por lo menos cinco motivos para prepararse e ir a la guerra. Uno, la defensa propia al presuponer ADM en poder de Hussein. Dos, el petróleo. Tres, la hegemonía en el Medio Oriente. Cuatro, oportunidad de dar un castigo ejemplarizador, refirmándose a la vez como la gran potencia del mundo unipolar. Quinto, un paliativo a la crisis económica. Del primero, se han ocupado los abogados de Bush. De los segundo, tercero y cuarto, los abogados de Hussein y toda la gente que no defiende a su régimen sino a la paz y que colmó las calles. Del quinto, se ha hablado poco y nada. Al punto que debí retroceder a 1991, cuando la Guerra del Golfo, para encontrar alguna pista. Me di entonces con un recorte de prensa, encabezado a toda página: “Mancuerna vergonzosa, ilegítima de EU: Guerra y Prosperidad”. Y entre los subtítulos: “De Vietnam salió humillado, pero redujo en un 33% sus niveles de desempleo”. Titulares que dan la impresión de panfleto y que se leen en el periódico mexicano “Excélsior” (09.02.91). No así el texto, tomado de “Le Monde”, artículo firmado por Sophie Gherardi. Ya ven, no ha sido publicado por Osama, Hussein o por algún marxista trasnochado, sino por “Le Monde”. El artículo maneja cifras y argumentos de manera cristalina y directa. II Guerra Mundial (39-45) Guerra de Corea (50-53) Guerra de Vietnam (65-75): la economía de EU se fortalece, baja el índice de desempleo tras los conflictos. Hay que pensar, además, que el artículo se publicó en 1991, en plena “Tormenta del Desierto”. Y dicho sea de paso, los protagonistas casi se repiten, el mismo Hussein y, en lugar de Bush hijo, Bush padre en la Presidencia de EU, el escenario son los desiertos del Medio Oriente. Es un segundo round si de Irak se trata, pero, si la cuestión es el terrorismo, el primero no fue la Guerra el Golfo de 1991, sino Afganistán 2001-2002, donde todavía se escuchan los tambores de guerra. A continuación, Irak. Y de un modo u otro, los 191 países que integran la ONU se sienten involucrados. Muchas cosas se juegan, además del equilibrio internacional de fuerzas: la redefinición de los conceptos de soberanía y autodeterminación de los pueblos, en pugna con el derecho a intervenir en defensa propia, el cual puede llevar los ejércitos más allá de las fronteras nacionales, incluso de manera preventiva. Es curioso como mucha gente, lejos de vivir el conflicto en esa dimensión, lo encara deportivamente. Bush versus Hussein. Hay que tomar partido. Si Bush es el malo, entonces Hussein es el bueno. O viceversa. No es necesario encontrarles antecedentes favorables, tarea más bien difícil, con satanizar a uno, suficiente, y automáticamente el otro polo será ocupado por la bondad, la justicia, el progreso, la participación del pueblo en las decisiones de los gobernantes. Tiene que ser así, uno bueno y el otro malo. No es posible que dos buenos peleen entre sí ni dos malos entre sí. Lo primero es obvio, lo segundo no tanto pero sería de esperar una fusión entre ellos, a fin de potenciarse y repartir todo el mal posible por el ancho mundo. Y bien, ya me he decidido, le voy a Hussein. ¿Por qué? En nombre de la lógica. Tanto éste como Bush han sido electos por sufragio univesal. Entonces vean los resultados. En Irak, Hussein obtuvo el 100% de los votos, Bush en EU apenas si alcanzó el 50% de los votos. Luego: Hussein vale el doble que el Presidente de EU. No, no, me arrepentí, le voy a Bush en nombre de la lógica. Entonces vean los resultados aritméticos de la posible confrontación: las fuerzas armadas estadounidenses son 50 veces más fuertes que las iraquíes, luego EU tiene razón abrumadoramente. Muy bien, así las cosas, la continuación del tema ha de ser algo que tenga que ver más con la capacidad de autoengaño individual y colectiva que con la lógica. Allá vamos. Seguramente, el lector recordará este dicho: “No sólo de pan vive el hombre”. Queriendo significar: también vive de ideales, de cosas del espíritu... como los sueños, las ilusiones. Pues ¿qué ocurre? Si los ideales quiebran, y esto es casi inevitable, acude presuroso el autoengaño. Él proporcionará los falsos satisfactores a falta de los reales, evitando que el sujeto caiga en la locura. Con mayor precisión: locura que requiera de encierro. Es la salida individual. Para la colectiva, la medicina se rotula “utopías”. Escucho al Presidente Bush describirnos la misión civilizadora que EU llevará a Irak tras la guerra, y una de dos: es un actor consumado o se la cree. Consulto los sondeos de opinión, y constato que, tras cada una de las intervenciones públicas de Bush, sube su popularidad, crece la confianza de su pueblo para con su Presidente. Y una de dos: el sondeo se llevó a cabo en escuelas para jóvenes de lento aprendizaje o estamos frente a la utopía. Marcos
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