| Marcos Winocur |
26 de Marzo de 2003
|
|
|
|
Irak:
La hora de la espada Con ese título, el poeta Leopoldo Lugones pronunciaba una conferencia adhiriendo públicamente al fascismo, por entonces en ascenso en Europa, y en su modalidad argentina inaugurando el ciclo de los golpes de estado. Corría 1930, un episodio más dentro de un siglo XX que ha puesto la máquina al servicio de la violencia, con particular esmero en la dedicada a la guerra, y que se continúa en el siglo XXI. Así se aprecia hoy en Irak, cuando le ha llegado “La hora de la espada”. La última palabra en “bombardeo quirúrgico”, en “misiles inteligentes”, en ojos que ven en la noche como si fuera de día, en suma, dentro de la electrónica más avanzada, se ha descargado sobre Irak. Pero esta violencia no queda impune, las calles se llenan por cientos de miles, por millones de voces disímiles que se conjuntan en una consigna: “no en nuestro nombre, no a la guerra”. Por su magnitud, es un hecho inédito. Países como Gran Bretaña, Italia, España y Australia, donde los gobiernos se han aliado a EU en la aventura bélica, el pueblo los desmiente en las calles de las grandes ciudades, tanto en las multitudinarias manifestaciones como en la respuesta a las encuestas sobre el tema. En Francia y en Alemania el clamor respalda a los gobiernos opositores a la política guerrerista. En esta línea se encuentran igualmente los mandatarios de Rusia, China y otros países. Es también un hecho nuevo, al menos a partir de la segunda mitad del siglo XX. Pues, si indagamos en la primera mitad, nos damos con un fenómeno que se puso al rojo vivo a contar de 1914: las entonces contradicciones interimperialistas que llevaron a Francia, Gran Bretaña, Italia, Rusia y finalmente EU, a enfrentar en las trincheras a Alemania con el saldo de millones de muertos -se estiman en cuarenta- entre ellos las víctimas de los gases tóxicos empleados en aquella I Guerra Mundial. Su efecto fue devastador y fueron prohibidos en 1920 por la convención de Ginebra. Dos décadas después, en curso la II Guerra Mundial, fueron usados en secreto por los nazis en los campos de exterminio. Pero, incluso ellos, se cuidaron de no emplearlos en el frente. No pretendo comparar las situaciones, se trata solamente de la mención de antecedentes históricos. Hay, sin embargo, un ajuste de cuentas por parte de la Europa continental con Bush y su política arancelaria, tan antiproteccionista de labios para afuera y capaz, por ejemplo, de gravar fuertemente la entrada del acero a EU, lo cual significó para los europeos: guárdenselo ya saben donde. Naturalmente, esto dentro del cuadro general de la disputa de los mercados a nivel internacional. Así, pues, dos hechos inéditos: la masiva respuesta popular y las contradicciones entre los países industrializados, modalidad siglo XXI. Ahora bien, este recuento no puede pasar por alto situaciones altamente matizadas, donde el fiel de la balanza arroja otras marcas. He sostenido reiteradamente que uno de los pecados graves de la izquierda ha sido un tradicional optimismo exagerado, una evaluación de la correlación de fuerzas más dictada por los deseos y la soberbia, que por un recuento objetivo de la realidad. ¿De qué nos sirve ignorar que, no obstante las manifestaciones en New York, Washington, Chicago, San Francisco, tres de cada cuatro ciudadanos estadounidenses, según las encuestas, apoya la guerra y la política de Bush? Podemos apostar a que eso cambie, se revierta, sobretodo si el conflicto militar se prolonga. Podemos recordar la experiencia de Vietnam. Todo, menos cerrar los ojos a lo que hoy es la realidad: se da en EU un fuerte respaldo a la aventura bélica contra Irak de parte de la gente que no sale a manifestar a la calle. Esa actitud se ha traducido igualmente en el apoyo irrestricto del Capitolio, en los resultados de las elecciones parlamentarias que hicieron recuperar a los republicanos el control del senado, en la toma de posición de los liberales moderados por voz de “The New York Times”. Y es natural: las heridas causadas por el atentado a las Torres Gemelas continúan abiertas. Son el “argumento” permanente de Bush. Quieran los dioses que Sadam no posea las ADM. Y si las tiene, no las use. Si lo hiciera, la situación en el mundo, como lo señaló Francia, daría un giro de 180º y la víctima se convertiría en victimario. ¿Por qué nacen estas dudas y advertencias? Sadam ya las usó en su país contra la minoría kurda, causando alrededor de cinco mil víctimas de gases tóxicos. Para este hecho, no me baso en los discursos de Bush y sus adláteres, sino en el “Diccionario Enciclopédico Salvat”, edición sintetizada, letra I-Irak. Guardan mis neuronas la imagen dada por la televisión, de un padre negro de los EU, repitiendo: “Bush, me llevaste a mi único hijo”. Fue una de las primeras víctimas de esta II Guerra del Golfo. Ojalá la paz en Irak no necesite de los cincuenta mil muertos estadounidenses que arrojó Vietnam ni tampoco de las tantas víctimas del país agredido. Ojalá “la hora de la espada” esté ya en los minutos postreros de envainarse en Irak. Pero, si no fuera así, esta nación ha hecho su experiencia y tiene claro el futuro. Conoció una primera fase diplomática, ya agotada, actualmente vive una segunda fase de enfrentamiento militar abierto que, de desembocar en ocupación militar “sine die”, abrirá la tercera fase, de la resistencia. EU confía en lograr una estabilidad política “a la manera afgana”. Pero en todas partes los intentos recolonizadores se han enfrentado con el alto que le dan los pueblos. Precisamente, la resistencia. Marcos
Winocur
|
| PORTADA | WINOCUR |