Marcos Winocur
24 de mayo de 2003
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Oh, las utopías
Marcos Winocur
El marxismo como tributario de la filosofía idealista alemana, notoriamente Hegel, de los economistas ingleses que precedieron a Marx y del socialismo francés, no necesita ser presentado. Esta triple filiación es bien conocida y fue puntualizada por Marx y Engels desde el comienzo. Y bien, la nueva ideología revolucionaria se echó a volar con alas propias... hasta que cayó en el  pecado de la soberbia creyéndose autosuficiente.  Dijo “no” a la Psicología y al Psicoanálisis, ignoró la relatividad einsteniana, cerró lo ojos frente al padre de los misiles, a quien tenía en casa, en la propia URSS, y en general frente a los logros de la ciencia en Occidente. 

Cuando la soberbia, entronizada desde el manejo del Estado, se derrumbó en Europa del Este, se vino a descubrir cómo una ideología que se quisiera revolucionaria en el siglo XX resultaba tributaria de otras corrientes de pensamiento, no sólo en su formación (filósofos alemanes, economistas ingleses, socialistas franceses) sino también en su desarrollo subsiguiente. Claro, para retener las riendas del Estado, fue ya tarde, los ladrillos del muro de Berlín golpeaban a diestra y siniestra. No así para el balance ideológico. Y han surgido de las cenizas, quiérase o no, expresiones que no vacilo en rotular como “marxismo clásico”, “marxismo posmoderno”, “marxismo empírico”.  Estas tres se han puesto en evidencia en múltiples cuestiones, notoriamente la consideración de las utopías. Los marxistas clásicos continúan citando aquello de que “la humanidad en rigor sólo se propone las metas que puede alcanzar”, escrito por Marx. Y naturalmente, se afirman en la división que éste y Engels hicieron entre socialistas utópicos y científicos. La conclusión de los “clásicos” cae de su peso: las utopías son lo irrealizable y por ende negativas. 

Contra esta postura, reaccionan los “marxistas posmodernos”, y afirman: las utopías se han vuelto realizables, citándose un texto que se atribuye, por ejemplo, a mi comprovinciano Che Guevara: “seamos realistas, exijamos lo imposible”. Trátase así de compensar con radicales planes a futuro y fervientes deseos las negatividades del avaro presente. 

Y en tercer lugar, estamos quienes rechazamos lo uno y lo otro, preguntándonos: ¿irrealizable, realizable, qué quiere decirse? No más que formular una apuesta: si realizable o irrealizable se sabrá después, cuando inéditas condiciones a crearse den la cara encendiendo luces rojas o verdes. Lenin gustaba citar a Goethe: “gris es la teoría pero verde es el árbol de la vida”.  Mientras tanto, las utopías son una apuesta, y nada más. Una apuesta que trata de dibujar un futurible entre los vapores del sueño, y la pluma es empuñada por un “marxismo empírico”.

3 de mayo de 2003

Marcos Winocur
marcoswinocur@yahoo.com.mx

 
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