El
Che Guevara que yo conocí
Corrían
los años cuarenta. Yo acababa de ingresar al Colegio Nacional Déan
Funes. Claro, en Córdoba, Argentina. Él cursaba el quinto,
último año de aquella secundaria. Estaba entre la muchachada,
enseguida lo reconocí. Era el Che. Hola, Che, le dije. Sin contestar
mi saludo, tomándome de un brazo me llevó aparte donde no
nos escucharan. ¿Sos boludo, vos? ¿Cómo me decís
Che delante de todos? Nadie debe saber que soy el Che. Pero si yo no te
decía Che con mayúscula, sino che con minúscula. Por
supuesto, era una mentira. ¿Seguro? desconfió el Che. Sí,
sí, vos sabés, en la muchachada todos nos tratamos de che,
segurísimo, Che, digo, che. Viste, viste como te equivocás...
¡aguas! No, qué digo, si todavía no llegué a
México... ¡ojo, mucho ojo! Si se entera la policía,
me meterá preso, y qué le digo después a Fidel, me
estará esperando y yo...
Y sonó la campana para la
salida de clases, nos fuimos juntos, el Che y yo. En el camino nos cruzamos
con Michael Fox y cuadras más adelante con Terminator. ¡Voy
a ser Presidente! nos gritó. Sí, dijo por lo bajo el Che,
tan Presidente como yo Libertador. Y seguimos caminando, ojalá me
vieran mis amigos; y a todo le decía que sí, Che, digo, che.
Marcos
Winocur
marcoswinocur@yahoo.com.mx
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