Tres
marxismos a la vista:
Clásico, Posmoderno y Empírico
Marcos
Winocur
El
marxismo como tributario de la filosofía idealista alemana, notoriamente
de Hegel, de los economistas ingleses que precedieron a Marx y del socialismo
francés, no necesita ser presentado. Esta triple filiación
es bien conocida y fue puntualizada por Marx y Engels desde el comienzo.
Y bien, la nueva ideología revolucionaria se echó a volar
con alas propias... hasta que cayó en el pecado de la soberbia
creyéndose autosuficiente. Dijo “no” al Psicoanálisis,
ignoró la relatividad einsteniana, cerró lo ojos frente al
padre de los misiles, a quien tenía en casa, en la propia URSS,
y en general frente a los logros de la ciencia y las tecnologías
en Occidente.
Cuando la soberbia,
entronizada desde el manejo del Estado, se derrumbó en Europa del
Este, se vino a descubrir cómo una ideología que se quisiera
revolucionaria en el siglo XX resultaba tributaria de otras corrientes
de pensamiento, no sólo en su formación sino también
en su desarrollo. Claro, para retener las riendas del Estado fue ya tarde,
los ladrillos del muro de Berlín saltaban a diestra y siniestra.
No así para el balance ideológico. Y han surgido de las cenizas,
quiérase o no, expresiones que no vacilo en rotular como marxismo
clásico, marxismo posmoderno, y marxismo empírico.
Las tres se han puesto en evidencia en múltiples cuestiones, notoriamente
la consideración de las utopías. Los marxistas clásicos
continúan citando aquello de que “la humanidad en rigor sólo
se propone las metas que puede alcanzar”, escrito por Marx. Y naturalmente,
se afirman en la división entre socialistas utópicos y científicos
que Engels hizo. La conclusión de los marxistas clásicos
cae de su peso: las utopías son lo irrealizable y por ende negativas.
Contra esta
postura, reaccionan los marxistas posmodernos, y afirman: las utopías
se han vuelto realizables, citándose un texto que se atribuye al
Che Guevara: “seamos realistas, exijamos lo imposible”. Trátase
así de compensar las negatividades del avaro presente con radicales
planes a futuro y fervientes deseos.
Y en tercer
lugar, estamos quienes rechazamos lo uno y lo otro, preguntándonos:
¿irrealizable, realizable, qué quiere decir? No más
que esto: vista la bancarrota de la teoría, todo se sabrá
después, cuando inéditas condiciones a crearse den la cara
encendiendo luces rojas o verdes. Lenin gustaba citar a Goethe: “gris es
la teoría pero verde es el árbol de la vida”. Mientras
tanto, las utopías son una apuesta, y nada más. Una apuesta
que trata de dibujar un futurible entre los vapores del sueño, y
la pluma es empuñada por un marxismo empírico: abierto a
la contingencia, baraja todas las posibilidades y se queda con aquélla
que mejores resultados da. La meta sigue siendo la misma, el socialismo
como objetivo estratégico; los caminos, las tácticas, están
en estado refundacional.
Marcos
Winocur
marcoswinocur@yahoo.com.mx
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