Marcos Winocur Marcos Winocur - rodelu.net
30 de agosto de 2006

Mis largas barbas blancas

A la memoria de Ruggiero Romano, maestro y amigo, quien me decía en una carta:

“Muy querido Marcos (...) Cierto, tu barba demuestra la formación de una conciencia democrática y tolerante de los mexicanos puesto que permiten, hoy, una barba carrancista como la tuya. (...) París,18.09.00.”

Marcos Winocur

Me dejé la barba por flojera, lo confieso. Y además, le permití que creciera libremente, de manera salvaje. Nada de rasurarme, y tampoco andar recortándola para que de un lado no haya dos pelitos más que del otro. De todos modos, me dije, cuando quiera aplico tijeras, y ya. Pero... no calculé que podía hacerse imagen, y así fue: quedé entonces atrapado. Les cuento. Al comienzo, mis barbas fueron recibidas como atentado a la moda. Largas, salvajes y blancas ¿quién se las deja hoy entre nosotros? Sólo Santa, cuando viene de visita para Navidad. Esto, la primera reacción. Y luego, fueron tomadas como una extravagancia de su servidor. Y por fin, aceptadas y más: rescatadas como un elemento esencial de la imagen. Hoy no me conciben sin ellas y yo quedé amarrado a mis barbas, soy alguien singularizado, en la calle la gente se cree con derecho a opinar en voz alta. Les cuento.

Dos están en la esquina, paso, voltean, me siguen con la mirada, uno dice:
- Ya ves, Marx no ha muerto...
-¿Y no será Darwin...?
Tal vez se trate de estudiosos o, el primero, un nostálgico del ayer.

Otros en la calle:
- Parece un rabino, un profeta bíblico o algo así... ¿no será un nuevo Moisés?
Lo dice, es probable, un creyente o un bromista, o un creyente bromista.

Y otros más:
- Debe ser un predicador de alguna secta gringa, te apuesto a que voltea si le digo mister.
- No -lo corrige alguien-, es uno de esos monjes ortodoxos o un talibán.
- ¡Chale, el mismísimo Osama Bin Laden!
Y va en serio, se miran como interrogándose si eso es posible.

La verdad, hay una variedad de modelos y casi nunca dicen “se parece a”, sino “es”. Otro diálogo en la calle:
- Mira, si es Santa.
- ¡Pero Navidad ya pasó!
- Tal vez se quedó en Puebla a tomarse unas vacaciones.
Comentarios con sentido del humor.

- ¡Pinche barbota!
Un admirador.

- ¡Qué barba...ridad!
Otro admirador.

- Es Fidel Castro.
Se acentúa esta identificación si llevo gorrita puesta.

- Es el viejo del costal.
Uno que todavía arrastra los miedos de la infancia.

- Es como mi abuelito, lucía una barba así.
Una persona con vocación familiar, tal vez haya sacado a sus hijos de paseo.

- ¿Tolstoi, el novelista ruso? ¿Tagore, del Valle Inclán, Walt Whitman...?
Un conocedor de los autores.

- Son unas barbas carrancistas.
Alguien interesado en la historia, o simplemente un ciudadano informado.

- ¡Niños, vengan a sacarse la foto!
Un padre bromista.

- ¡Jo, jo, jo!
Un grupo de chavos de la secundaria.

Pero nadie como los niños, identificándome con Santa Claus, particularmente en las vísperas navideñas. Se quedan mirándome con sus ojazos en alto, a veces señalándome con el dedo. El otro día en Plaza Crystal, una niñita, luego de pedir permiso a su padre, corrió hacia mí, hizo que me inclinara y me dio un beso en las barbas. Otro padre, por el contrario, ante las preguntas de su hijo, le soltó: - Pero no, es un señor cualquiera que se dejó la barba.

Así, hay padres alentadores de sueños, otros no.
Cada quien me ve según la imagen que privilegian sus neuronas, según el o los barbudos que más recuerda. Si hay lugar a plática, la pregunta que surge:
- ¿Y le llevó mucho tiempo dejársela crecer?
- Verá usted, hace unos quince días que no me rasuro.
- ¿A poco...?

O bien, este diálogo:
- Sí, con la barba está igualito, pero muy flaco para ser Santa.
- Es que soy un Santa de la crisis.

Y no falta quien tímidamente pregunte:
- Disculpe... cuando se acuesta a dormir ¿deja la barba fuera o bajo las sábanas?
- Según sea invierno o verano...
- Ahhh...

Y bien, me despido, a todos les deseo, cualquiera sea ahora la época del año ¡feliz Navidad!


Marcos Winocur
marcoswinocur@yahoo.com.mx

 
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