Marcos Winocur - rodelu.net |
26 de agosto de 2007
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Brevedad, I love you
Marcos
Winocur
Cada
vez que alguien amenaza con darme una explicación, elevo mis plegarias a la diosa Brevedad, madre del dios Síntesis. Pero a la gente no le importa, aunque luego repita: “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Que, les diré, se llega al mismo resultado por otra vía: lo bueno, si bueno, dos veces bueno. Claro, lo ideal es: lo bueno, si bueno y breve, tres veces bueno.
En fin, a la gente no le importa, salvo ciertas capas de jóvenes estudiantes. “¿Ta mi ma?”, me dijo el otro día por teléfono el hijo de mi mujer, queriendo significar: ¿está mi mamá? Al parecer, se trata de limitarse a una o dos silas, digo, a una o dos sílabas. Claro, puede prestarse a confusiones y el “¿ta mi ma?” querer decir: ¿tallaste mi madera? O bien: ¿tanta miniserie malísima? En fin, hay que respetar a la juventud.
De todos modos, prefiero la brevedad. Por eso, puse a mi hijo el nombre de Nicasio. Les explico. Un cuate mío, también en la onda de abreviar, bautizó a su hijo con una letra: “O”. El niño se llama “O” y, se dijo mi cuate: ¿qué más corto que una sola letra? Podrán empatarme pero nunca seré superado. Otro cuate salió entonces al paso. Sí hay un nombre más corto que “O”. ¿Cuál? Éste: Casio. ¿Cómo...? Sí, Casi-O. No se habían repuesto de la sorpresa, cuando yo anuncié. Tengo uno más corto todavía. ¿Cuál? Éste: Nicasio, es decir, Ni-casi-O. Y con ese nombre bauticé a mi hijo, que se llama Nicasio Winocur.
Hay verdaderas luchas por lograr las mejores marcas, vean las olimpíadas, que vienen de la época de los griegos. A mí me entusiasman los records en brevedad. Por ejemplo, el cuento más corto. En la mejor tradición, la mini de Tito Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.” Y también esta otra, cuyo autor se adivina: “Hágase la luz. Y la luz se hizo”. Fíjense, se plantea el conflicto: ¿será acatada la orden de Dios? Y el desenlace, neto, sin ambigüedades: “Y la luz se hizo”. Una chulada de brevedad.
Y una tercera mini, que a la vez es un dicho: “Veni, vidi, vinci.” Su autor, Julio César, el gran romano antiguo. Vean. Es una estructura del cuento perfectamente ajustada. Una acción y tres momentos: “veni”, el protagonista llega al lugar de los hechos, al escenario. Es decir, “llegué”. La segunda palabra corresponde al desarrollo del cuento y testimonia el reconocimiento del terreno antes de la batalla. Es: “vidi”. Claro, desde el comienzo se sabe que el protagonista y relator en primera persona es Julio César, de modo que no estamos hablando de la recolección de las rosas en otoño, sino de la guerra. Y la tercera palabra da el desenlace del cuento: “vinci”.
¿No es genial? Entre “vidi” y “vinci” está sobreentendido que hubo la batalla cuyo resultado se da en la tercera palabra. Un cuento donde nada falta, donde nada sobra. Tres brevísimas palabras, cada una comienza con la misma letra, toda una historia condensada con elegancia en la escritura. Y como el lector sabe, tanta es su universalidad que se ha convertido en proverbio latino de cita usual.
¿Cómo ves? Chido, dice mi amigo, el joven abreviador del “¿ta mi ma?”. Y uno de sus cuates, que ha leído este artículo, agrega: chingonsísimo. Y un tercero cierra los elogios, esta vez con dos palabras: de pelos.
Y yo, encantado: “llegué, escribí, me leyeron”. ¿A qué más podría aspirar?
Vocabulario mexicano
Chido: muy bueno
Chingonsísimo: requetebueno
De pelos: que viene justo a propósito
Marcos
Winocur
Escritor argentino, reside en México
marcoswinocur@yahoo.com.mx
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