principios de los ochenta, el embajador de Panamá en España, Jaime Ingram, me hizo llegar un ensayo de Torcuato Luca de Tena, académico de la Lengua y de la Historia de España, publicado en la portada del ABC de Madrid. Su título: “¿Es Panamá una nación, una república, un Estado independiente?” Su respuesta: Panamá no es nada de eso.
Me sugería el embajador que redactara una réplica y así lo hice, pero ésta no encontró espacio en medios españoles.
La parte que nos interesa de mi réplica, la intitulé así: “El Evangelio según Torcuato”. Explicaba don Torcuato que, encontrándose en una playa a un costado de la entrada del Canal por el Pacífico, él, desde un altozano, podía divisar dos paisajes: por un lado, los barcos que esperaban transitar la vía interoceánica y, por el otro, a una “negra semidesnuda” que jugueteaba lascivamente con las olas mientras un pelotón de soldados yanquis trotaba por la playa. Ya antes habían aparecido panteras y leopardos.
Deduje que Luca de Tena se encontraría en la Playa de Farfán, en la Zona del Canal, destinada por Estados Unidos para los “no blancos”. Pero el visitante fue más allá: podía “ver el sitio exacto” donde Vasco Núñez de Balboa había descubierto en 1513 el Océano Pacífico, bautizándolo “Mar del Sur”.
El problema es que hay bastante más de cien kilómetros en línea recta entre la Playa de Farfán y los puntos desde donde Balboa primero vio el Mar (cordillera del Chucunaque) y luego tomó posesión del mismo (Golfo de San Miguel). Así que: o Torcuato tenía, como Supermán, lo que se conoce como “visión remota” o es que los panameños somos ciegos (el término correcto es “invidentes”). He estado en cumbres desde las cuales se divisan (o intuyen) no uno sino los dos océanos simultáneamente.
Y, claro, por eso nos conquistaron: porque somos ciegos.
Ciegos eran los pueblos que habitaban Panamá, incluyendo a los que le dieron su nombre (“abundancia de peces”). Los océanos estuvieron allí durante cientos de miles de años, invisibles para los indígenas. Por ser ciegas, Balboa masacró a las tribus de Careta, Ponca, Torecha, Chiapes, Coquera, Tumaco, Terarequí, Pacra, Bugue Bugue, Bononaima, Chiorizo, Tubanamá y Pocorosa, que resistían su marcha hacia el mar.
Eduardo Galeano lo confirma: “Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?” (Caras y Caretas, 7 de octubre de 2005).
A curarnos de la ceguera (“pérdidas visuales”) llegaron a Panamá dos expresidentes: Julio María Sanguinetti de Uruguay, y Felipe González de España, y de paso a darnos cátedra sobre los partidos políticos. Pero, como lo reportó Fausto Triana (Prensa Latina, 9 abril 2006): “Sin que en verdad nadie les preguntara, ambos hablaron hasta por los codos de la necesidad de ensanchar el estratégico punto de conexión entre los Océanos Pacífico y Atlántico. El renovado apoyo mayoritario en las encuestas a la ampliación del Canal de Panamá, junto al papel de promotores de los ex presidentes Felipe González y Julio María Sanguinetti, pusieron en tela de juicio la transparencia sobre el tema.”
Pero leamos lo que dijo Felipe González: "Si me pregunta si el Canal se debe ampliar para que responda a necesidades que no son estrictamente panameñas, sino a necesidades de la economía mundial, le respondería que Panamá debe, sí o sí, modernizar el Canal… Los observadores, que generalmente son inversores… creen que aquí se puede producir un gran despegue que está lleno de oportunidades. Pero lo ven más los de afuera que desde dentro", dijo (Panamá-América, 9 abril 2006).
Como vemos (¿vemos?), la Conquista aún no ha terminado.
Felipe González ve muy claro que el Canal no debe satisfacer las necesidades de Panamá sino las del comercio mundial. Pero, ¿ha visto el exmandatario cuáles son nuestras necesidades? ¡Por supuesto que no! En cambio, estoy seguro que el expresidente español sí ha visto con ojos de águila cuáles son las necesidades de Carlos Slim (“el hombre más rico de Latinoamérica”) en relación con Panamá y, cual nuevo Balboa, Felipe González descubre la importancia de nuestros mares para otros, porque, en cuanto a nosotros, ¡pobrecitos invidentes!, no nos llega ni el más pálido reflejo de los “Nocturnos” de José Asunción Silva.
Pero el expresidente uruguayo, Julio María Sanguinetti, quien no pudo ver las necesidades de su pueblo durante la transición, no se queda atrás: “Hoy veo un Panamá mucho más maduro y con una evolución que, como suele suceder, los panameños no ven tan claramente”.
Como ven (¿ven?), todos ven, menos los panameños. Pero no todo está perdido: la buena noticia es que la “Operación Milagro” patrocinada por Cuba y Venezuela les va a devolver la visión a miles de panameños de manera gratuita, así que: ¡Invidentes de todos los países, uníos! ¡No tenéis que perder más que vuestra ceguera! Como decía mi madre, “ciego es quien no quiere ver”, porque el que quiere ver, ya ve. Como dice el ciego, “amanecerá y veremos”.
5 de mayo de 2006