El
ladrar de los perros me despierta luego de esta modorra que me ha dejáo
tumbado sobre el cenizal de la buenosaires, y veo de sopetón
a mi ciudad deshecha, llena de polvo y gastada a morir; la sangre
corriendole a mares por sus callejas estrechas, su espuma hecha
una con la lluvia. El mundo entero gira en torno a nuestras cabezas, me
levanto una vez mas pero igual caémos a la profundidad que se nos
abre en medio de la basura. Atravezamos en espiral vertiginosa los sedimentos
de nuestra historia; los estratos nos marean con tanto pandemónium
y rasgan nuestra piel desflorando a los huesos. Al fin, tocamos duramente
fondo.
Las honduras
son obscuras; rayamos estrellas con las manos sobre lo negro pá
iluminarnos, y hace calor. Las gotas de las concavidades nos refrescan
pero el agua se escapa por entre los dedos y nos cuesta respirar, es pesáu
todo en Londo.
El hambriento
de almas caídas viene con su séquito a recibirnos; nos
rodea con su voz de catedrales profundas y nos invita a pasar. Pero Negrito
le hociquea, le ladra furioso arremetiendo y no le deja acercarse más.
Con
el perro en medio entablamos al fin conversa, lejos el uno del otro; le
invito un cigarro y lo que me queda de trago. Le explíco que estoy
nomás de visita, pero las palabras y el humo se me escapan por los
orifícios. Me ilumina entonces el rostro con sus canicas y se rie
a morir, me ausculta la piel con su serpentina colorá y diagnostica
al fin: miedo mortal y estrépito en las venas.
Lo único
que quiero entonces es salir de allí; treparme por las rocas montáo
en lagartijas, encontrar un ascensor y ponerle cuetes, re construirme
pieza a pieza hasta estar entero y poder correr; en fin, que no se me escabulla
una vez más por tanto aujero el alma sorprendida...
Fin
* relato a ser leído con
el tema "Canción de Fabiola" de BOLIVIAN JAZZ , álbum "Milenio",
2002
ilustracion: M.C. Escher
Yarko
Rhea Salazar
Escritor boliviano
radicado en Suecia